EE UU vive en estos días un ambiente prebélico muy similar al que se respiraba antes de la invasión de Iraq en 2003. El objetivo ahora es nada menos que Irán. La Administración de Bush no para de reforzar la presencia militar estadounidense en el golfo Pérsico ante un eventual ataque a las instalaciones nucleares iraníes. Es una de las tantas señales que hacen creer a muchos estadounidenses -por lo menos al 40% de ellos, según una encuesta- que el país entrará en guerra, a pesar de que la Casa Blanca insiste en que es partidaria de una solución diplomática.
Así arranca el artículo de Antonio Caño ayer domingo 28 en El País. Tambores de guerra anunciando un ataque contra Irán. ¿Cuántos van ya? Desde que Seymour Hersh abrió la veda en 2005 parece que cada seis meses EE.UU. está a punto de lanzarse sobre Irán. Yo piqué hace tiempo. Y comencé mi serie sobre el asunto en abril de 2006, convencido de lo estúpido de un ataque militar sobre Irán. Todo esto suena a filtración interesada. Una estrategia de miedo, incertidumbre y duda que permite jugar a EE.UU. la estrategia del palo y la zanahoria con Irán.
El sábado 27, también en El País, leíamos:
El director del Comité de Seguridad Nacional y de Política Exterior del Gobierno iraní, Alaeddin Boroujerdi ha afirmado hoy que su país “ya ha comenzado a instalar 3.000 centrifugadoras” en una planta de enriquecimiento de uranio.
El programa nuclear iraní sigue en marcha. Y al contrario que el iraquí, no se concentra en una sola instalación que permita un ataque certero y limitado. El uso de centrifugadoras permite distribuir por el país en instalaciones nada sospechosas y fácilmente reemplazables el proceso de enriquecimiento. Y queda la duda hasta que punto el programa iraní nuclear está infiltrado por la inteligencia estadounidense o hasta qué punto son fiables los disidentes que proclaman tener fuentes en el interior del país. Iraq es un mal precedente al respecto.
Desconfío de todo lo que se dice al repecto de Irán. Soy de la opinión que las amenazas del presidente iraní son simple producto para consumo interno. La “bomba iraní” será un arma defensiva para mantener el status quo. ¿Para qué querría Irán una nueva arma ofensiva, si ya cuenta con armas eficaces y probadas? No hablo de misiles. Hablo de su apoyo a Hizbollá y de sus agentes infiltrados en Iraq. Sólo así hay que entender esta otra noticia.
