Negociar con ETA (IV): Cerrar la Transición

La identidad de los países se construye sobre mitos fundacionales. El del actual régimen político español es el de una virtuosa Transición, ejemplo para el mundo entero. No hay hispanista extranjero o líder político de país de democracia joven que en una entrevista para un medio de comunicación español no alabe nuestra modélica transición. Sólo con el paso del tiempo y la madurez mi generación ha ido descubriendo los peajes pagados. Peajes que provocan bochorno tras repasar las lecciones que la democracia española fue impartiendo por países como Argentina y Chile.

Pero con todo podemos sentirnos afortunados si repasamos la historia de España. Por una vez en en una España de historia sangrienta y calamitosa que perdió todos los trenes a la modernidad y el desarrollo los Unos y los Otros aceptaron unas reglas de juego que regularan la vida política en un régimen de libertades. Todos menos un sector de la población vasca, que sigue considerando lícito matar para alcanzar sus objetivos políticos.

En la siguiente tabla he recogido de la web del departamento de interior vasco el voto a la izquierda abertzale en las elecciones autonómicas desde 1980. En 1998 y 2001 Batasuna, anteriormente Herri Batasuna, participó en coalición con el nombre Euskal Herritarrok (“Ciudadanos Vascos”). En 2005, ya ilegalizada, pidió el voto para el Partido Comunista de los Tierras Vascas.

votaciones al parlamento vasco

Podemos discutir cuántos de estos votantes apoyan a ETA. También cuantos vascos apoyan a ETA y no entran en estas cifras por no haber votado. Pero cualquier solución al problema de ETA pasa por abordar lo que es un problema político.

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Negociar con ETA (III): Una derecha sin estrategia

Uno de los campos de batalla de la lucha contra el terrorismo es el lenguaje. Los expertos recomiendan no caer en la trampa de usar los términos empleados por los propios terroristas para referirse a ellos mismos o sus acciones. Recomiendan por ejemplo no utilizar el término “guerra”. Hablar de “guerra” contra los terroristas los eleva de la condición de cobardes asesinos a la de combatientes. En la comunicación pública los gobiernos utilizan además eufemismos que quitan a los terroristas toda aureola de combatientes y los reduce a delincuentes comunes. La “Fracción del Ejército Rojo” fue para el gobierno alemán la “banda Baader-Meinhof”.

Pero una cosa es el lenguaje utilizado en la comunicación pública y otra analizar la realidad de la forma más franca y precisa que se pueda. Si hablamos de “proceso de paz” ¿es que estamos en guerra con ETA?

Después de la frase “la guerra es la continuación de la política por otros medios” la cita más repetida Karl von Clausewitz en estos tiempos de guerra posmodernas dice:

The first, the supreme, the most far-reaching act of judgement that the statesman and Commander have to make is to establish…the kind of war on which they are embarking: neither mistaking it for, nor trying to turn it into, something that is alien to its nature. This is the first of all strategic questions.

Tengo delante un recorte de la edición del 23 de noviembre del diario El País (pág. 22). El día anterior había tenido lugar un debate radiofónico entre Josu Jon Imaz, Patxi López y María San Gil. Guardé la hoja entera por una frase de San Gil: “No queremos dialogar con los terroristas. A los terroristas se les derrota”. Estoy seguro que mucho españoles sucribirían la frase. Lo que dudo es que haya quiene sepan contestar ¿cómo se les derrota?

La frase de San Gil es tan mitinera como huera. ¿Alguien podría señalarme una columna periodística, artículo, ensayo o entrada de blog donde alguien exponga una estrategia antiterrorista coherente y viable para derrotar a ETA sin pasar por una mesa de negociación? Hablar de ETA como delincuentes comunes está bien para los mítines, pero no para combatir el terrorismo. Quienes hablan de ETA como San Gil parecen que lo hacen de una banda de asaltadores de chalets. Como si una docena de detenciones acabara con el problema. Como si a tres docenas más de detenciones no le siguieran tres docenas de saltos de la militancia política y la violencia callejera al terrorismo.

Pensaba hablar este fin de semana del libro “Fiasco” de Thomas E. Ricks. Un de las lecciones principales sobre la campaña de contrainsurgencia de EE.UU. en Iraq es que falló estrepitosamente porque su objetivo fue derrotar militarmente a los insurgentes y no tuvo en cuenta a la población. La clave de de la lucha contra ETA no es que ETA ponga bombas sino que hay un sector de la sociedad vasca no mayoritario pero importante que aplaude las bombas. En la España del siglo XXI hay quienes aún creen lícito el imponer su voluntad al resto de la sociedad mediante la violencia. Y mientras eso sea así detener a los terroristas seguirá siendo necesario pero no suficiente.

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Negociar con ETA (II): Las preguntas quedan

Me encuentro hoy sábado con el atentado de ETA en la terminal T-4 del aeropuerto de Barajas. Llevaba días dándole vueltas a la segunda parte de mi valoración sobre las negociación con ETA. He tendido que cambiar de planes y la reseña de dos libros sobre Iraq habrá de esperar. La actualidad obliga. Pero creo que lo sucedido no cambiará mucho de lo que tenía pensado escribir.

Me suelo perder con los políticos y opinadores profesionales diciendo y contradiciendo. Sus palabras me parecen sólo ruido. Si una negociación de este tipo sólo se puede llevar a cabo de forma discreta sólo podemos sacar conclusiones de las declaraciones oficiales y acciones públicas de unos y otros. Y en este último intento de negociar con ETA han sobrado palabras y han faltado acciones ante las que poder tomar una postura.

La cuestión fundamental de este último intento de negociación con ETA es el escaso margen de maniobra con el que ha contado el gobierno. La derecha mediática ha tocado a degüello cuando en noviembre de 1998 saludó “otro valiente paso de Aznar hacia la paz”, pedía “grandeza de miras” y miraba a Irlanda como un “espejo para España”. Los políticos del PP, por su parte, hablaban de la “generosidad” que estaban dispuestos a mostrar en sus negociaciones con el “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”. Si no existieran las hemerotecas con ¿qué enésima reescritura de la historia nos habríamos encontrado? Es irónico en este sentido el debate sobre la memoria histórica. ¿A quién le causa sorpresa la existencia de un debate público sobre qué pasó en España tres cuartos de siglo si se pretende desvirtuar u ocultar lo que sucedió a ojos de todo hace menos de una década?

La hipocresía de la derecha en este y tantos asuntos podría ser una excusa para cerrar el debate aquí. Pero exclamar “¡y tú más!” me parece un recurso retórico intelectualmente perezoso. Lo que hiciera o dejara de hacer la derecha cuando gobernó es irrelevante para enfrentarnos a la cuestión moral de si es admisible que este gobierno democrático negocie con ETA.

[Continuará]

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Apuntes sobre la guerra en Somalia

1. Mi profesor de Ciencia de la Administración nos decía “quienes protesta diciendo que la sanidad pública en España les parece tercermundista no se paran a pensar que en el Tercer Mundo ¡no hay sanidad pública!”. Y es que vivimos en el mundo desarrollado dando por supuesto muchas cosas, como por ejemplo la figura del Estado. Lo que en Europa fue el resultado de un largo proceso que arrancó con el fin de la Edad Media, tomó carta de naturaleza con el Absolutismo y se consolidó con la Revolución Industrial (la Modernidad, al fin y al cabo) fue impuesto al resto del planeta con desigual fortuna. Tenemos banderas, himnos, monedas, sellos y selecciones nacionales de fútbol. Pero si en el mundo desarrollado tenemos tecnócratas, burócratas y servicios públicos, en muchos lugares del mundo sólo existe un cascarón vacío con el vitalicio presidente repartiendo cargos entre allegados tan ineptos como corruptos. Cuando las superpotencias cortaron el maná a los aliados del mundo periférico que habían servido de tablero de juego de la Guerra Fría muchas de esas entelequias se colapsaron. Una de ella es Somalia (*).

2. Sin un poder central fuerte los estados fallidos caen en un caos hobessiano del que emergen señores de la guerra, milicias locales y bandidos que controlan un fragmento del país con la legitimidad que proporciona un fusil de asalto Kalashnikov. Sin el imperio de la ley los estados fallidos se convierten en ruta de paso de tráficos ilícitos. Con el tiempo el pillaje, la piratería y el contrabando pasan de ser la fuente de financiación de la banda armada de turno a la mera razón de su existencia. La guerra se convierte en una extensión de la economía por otros medios.

3. Fuera del mundo desarrollado las aspiraciones vitales de las personas son las mismas: Poder desempeñar una actividad que les permita ganar la vida y poder vivir en su comunidad sin que un muyahidín, un sobel o malandro amenace su vida y sus propiedades. De ahí que surjan, a falta del Estado, quienes consigan aprobación y respaldo imponiendo orden y justicia, por muy totalitario que sea el primero o brutal que sea la segunda.

4. Somalia jugó su papel, cambio de alineamiento incluido, en la Guerra Fría por la importancia estratégica de su posición geográfica. Desaparecida la URSS, dejó de hacer falta contrarrestar a sus aliados en la zona. El país se convirtió en un juguete roto y abandonado. Las disputas políticas internas degeneraron en guerra civil que una parte del país aprovechó para independizarse. Ni la intervención de la ONU ni de EE.UU. sirvió para resolver la situación. Durante una década señores de la guerra, piratas y traficantes de qat fueron dueños de un país fragmentado según sus divisiones tribales. No es de extrañar que la Unión de Cortes Islámicas se conviertiera en la primera fuerza en dominar buena parte del país desde el comienzo de la guerra civil: No sólo se trataba de una coalición de tribunales de la sharia, sino de una fuerza política que supera las diferencias tribales.

5. En este río revuelto ha entrado a pescar Etiopía. No nos confundamos con el discurso elaborado para quienes sólo quieren saber sobre guerras contra el terrorismo. Etiopía tiene sus propios y antiguos intereses.

Como dijo aquel marine, agregado militar en Dushanbe, viviendo en directo la guerra civil de Tayikistián: “Si esto no es una guerra posmoderna, entonces no sé qué coño es una guerra posmoderna”

(*) Para los interesados recomiendo “África después de la guerra fría” de Mark Huband (aquí la edición original en inglés).

El final del comienzo

El viernes 15 llegó a mi buzón un trozo de papel que algún día en el futuro, mirando atrás, consideraré el verdadero comienzo de todo. El Centro de Estudios y Análisis de Seguridad certificaba con un diploma mi ponencia sobre Executive Outcomes en el IIº Congreso Internacional de Seguridad y Defensa. El primer hito en mi carrera como investigador.

En la Academia se publica o se perece. Nada cuenta el Google Rank o las referencias en Technorati. Pero no dejo de sentir que las acreditaciones académicas son sólo la obtención de una licencia que la blogosfera me ha dado todo este tiempo y gratis. Para bien o para mal en ese mundo empiezo el viaje.

Mientras tanto… He hecho un alto en mi elaboración teórica privada (el proyecto de libro) sobre las guerras posmodernas. Exponer los antecedentes históricos de la guerra moderna me había llevado al final de la Edad Media y este ¡a los tiempos de Carlomagno!. Así que era el momento de ir al grano. De dejar los antecedentes históricos para otro momento y aplicar otra máxima, esta del mundo de la informática: Release early and release often. Con una libreta Moleskine tamaño cuartilla y un bolígrafo Pilot G-2 a cuestas todo el día llevo semanas lanzando lluvias de ideas página tras página. Van ya más de cincuenta. El resultado, una vez pasado al procesador de texto y depurado, será la decantación de mis reflexiones sobre la transformación de la guerra. Hacer teoría lo que en este blog he desgranado en ejemplos, reflexiones y noticias. Será una aproximación al tema. Pero creo que tras dos años de escribir este blog centrándome en el asunto que actualmente le da título ha llegado la hora.

Estos días en que seguirá la lejanía de la blogosfera no les dejo solos. La blogosfera afín a este blog crece. Gracias a La Harka de Aspizua he llegado al Tirador Solitario.

Una vida contra ETA

Nunca presté atención a las andanzas del ex-general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo. Teniendo en cuenta su casposa parroquia de fans me resultó un personaje lejano. Además por el bien de mi bolsillo (y de mi cordura también) me abstuve siempre de comprar libros sobre el terrorismo en España. Pero viviendo la enésima “tregua”de ETA de la que sí he hablado y movido por un impulso compré “Mi vida contra ETA”.

El libro más que unas memorias personales de toda una vida entera se centra en su paso por la 513ª Comandancia de la Guardia Civil con sede en Inchaurrondo. El libro es simplemente el relato, no siempre ameno, de los atentados de ETA y caídas de comandos en la provincia de Guipúzcoa entre 1980 y 1995. Alguna pifia ortográfica y de sintaxis, además de un estilo repetitivo, son síntoma de una edición descuidada. ¿Nadie en la Editorial Planeta se molestó en revisar a fondo el libro? El libro gana interés cuando entra en profundidad en los detalles de asuntos como Sokoa y la caída de la cúpula de ETA en Bidart, que nos permite conocer los entresijos de lo que fue la lucha contraterrorista en España. El sacrificio personal y la paciencia fueron los recursos principales en aquellos años de la ETA más dura que no la tecnología. El libro concluye con la visión personal de Galindo de lo que fue su caída. Determinados políticos y periodistas jetas quedan vívamente retratados por su hipocresía.

Para aquellos convencidos de que las fuerzas armadas y de orden público fueron un pilar mimado del régimen de Franco deberían saber que hasta la llegada del PSOE al poder en 1982 los medios empleados por la Guardia Civil en el País Vasco eran patentemente precarios. Además resulta evidente en el libro que el verdadero punto de inflexión en la lucha contra ETA lo supuso la progresiva ayuda francesa en la lucha contraterrorista. Galindo queda reflejado en sus memorias como una persona profundamente católica, un nacionalista español y simpatizante del PP. El País Vasco son para él las españolísimas Vascongadas. Pero como suele suceder con esta clase de personas su autorretrato dice cosas diferentes de lo que él pretendía. Galindo es un extranjero en el País Vasco. La suya es una campaña de contrainsurgencia. Y como el mismo cuenta más allá de un punto la solución sólo puede ser política.