Pequeñas noticias terribles

Pensaba titular esta entrada “Los tomates del islamismo” o “Islamismo y tomates”, muy en mi línea de encabezados llamativos. Pero recordé una película de Stephen Frears del año 2002: “Dirty pretty things”. Porque nuestro mundo se construye a golpe de pequeñas sucias realidades que pasan desapercibidas.

Mientras afilaba el lápiz (¿o el cuchillo?) para hablar de las negociaciones con ETA caí en la cuenta de una de esas noticias aparentemente intranscendente que hablaba de tomates marroquíes. La encontré en la sección de economía de la edición del lunes del diario El País. Ahora mismo no encuentro el recorte (cabía en la palma de mi mano). Pero vía Google News la veo reproducida en diarios locales y espeicalizados.

La cuestión es que asociaciones de agricultores protestan y el gobierno español ya se ha quejado porque Marruecos ha inundando el mercado del tomate haciendo bajar los precios. No entraré en detalles. Esta es una semana en la que no puedo dedicar mucho tiempo al blog. Pero la situación es la misma de siempre. Países no desarrollados producen más y más barato productos que entran en directa competencia con los del mundo desarrollado. Pero tienen problemas para acceder a ese mercado por las medidas proteccionistas que promueven los lobbys agrícolas.

Sé que en la ecuación entran zonas de España que a día de hoy más allá de la agricultura subvencionada o protegida de la competencia sólo tienen al cemento por alternativa. Pero la próxima vez que busquemos las causas del auge de tantos -ismos deberíamos mirarnos por una vez el ombligo.

Negociar con ETA (I): El ruido y la furia

Hoy haciendo limpieza de los periódicos de la semana pasada me encontré con la foto de Eduardo Madina en la portada de El País del miércoles 15. Recuerdo del día anterior leer en Internet sus declaraciones en la Audiencia Nacional durante el juicio de dos de los presuntos autores del atentado terrorista que sufrió.

Una frase se me clavó: “En mi casa se hizo de noche y una sombra de pena y de tristeza envolvió a mi familia“. Un escalofrío extraño en el estómago. Aquella noche en casa me encontré con las palabras de Donaire, que César resaltaba:

Hay heridas tan profundas, tan ácidas, que jamás cicatrizan. Y dejan un reguero de dolor, como el eco de las guerras. Es entonces cuando palabras como éstas tienen la solemnidad de una bóveda de crucería. ¿Saben?. Hay personas con la altura moral de la Catedral de Burgos. Madina, ilustre compañero de Las ideas, un abrazo inmenso.

Y desde la semana pasada sentía que tenía que volver a retomar la cuestión de ETA y su fin. Abordé una posible negociación por primera vez el tema en septiembre de 2005, seis meses antes de la “tregua” de ETA, para llevarle la contraria aquellos que a cada débil atentado sin víctimas de la banda terrorista proclamaban que tal cosa no iba a producirse. Se equivocaron, igual que lo hicieron con el 11-M, Iraq y otras tantas cosas.

Hay demasiada política de baja estofa en algo tan trascendental. Es hora de volver a diseccionar el problema.

Publicado en ETA

Fin de semana de libros

Hace tiempo publiqué en este blog la lista de libros que componían mi biblioteca. Si partimos de la idea de que hablo para los cuatro gatos que en España entienden qué quieren decir las siglas RMA, CIMIC o 4GW. un blog como este debería acercar los temas de seguridad y defensa al público en general. Alguien me pedía hace poco que recomendara libros para profundizar los temas que aquí trato. Creo que es una buena idea.

Empezaré con un libro que aquí he nombrado y a cuyo presentación en España acudí el miércoles pasado. Se trata de “Ilícito”, cuyo autor es Moisés Naím. Tras pasar por el gobierno de Venezuela y el Banco Mundial, Naím es el actual director de la revista Foreign Policy. En España existe una edición en español que sale a la calle de mano de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior.

Ilícito de Moisés Naím“Ílicito” trata el tema del amplio mundo del tráfico ilegal: Armas, drogas, personas, bienes pirateados (desde música a bolsos de diseño), dinero negro, etc. Naím presenta todos estos fenómenos como distintas manifestaciones del “reverso tenebroso” de la globalización, y cómo unas y otras llegan a ser mercancías diferentes de las mismas redes. Leído desde España las referencias a la piratería de CDs musicales y DVDs genera suspicacia cuando se la quiere relacionar con las redes terroristas transnacionales. Los dueños de las marcas de lujo que venden bolsos de señora por más de 1.000 euros y cuyos diseños son pirateados con la misma calidad no generan mi simpatía. Como alguien apuntó en el debate que surgió tras la presentación del libro podemos debatir si estamos ante un fallo de los modelos de negocio de esas compañías. De hecho, el libro fue presentado en el Instituto de Empresa. Y aunque al principio me pareció un poco chocante y al llegar allí me sentí un marciano (era el único sin corbata o sin aspecto de estudiar un MBA), la charla de Naím me demostró lo interesante del enfoque empresarial. En sus palabras conseguir el diseño de un producto antes de que salga a la calle, conseguir que varias fábricas en China lo repliquen, trasladar los productos a Norteamérica, ponerlo a la venta por medio de inmigrantes irregulares que venden en las calles, gestionar los stocks, los pagos a los intermediarios, etc. es una “epoyeya gerencial”. Verlo todo como una cuestión empresarial lo aleja de los juicios de valor que empañan el análisis.

No he terminado de leer el libro, pero la charla de Naím me ha animado a avanzar por sus páginas con más rapidez. Por la charla y por vagar por las páginas que me faltan por leer sé que el autor hace énfasis en el carácter transnacional de estas redes que dejan en evidencia a los Estados-Nación y sus limitaciones. Los países tienen fronteras que limitan el ejercicio de su poder. Las redes trasnacionales no.

Quién quedó con ganas de más al leer mis aproximaciones al tráfico de armas y la emergencia de actores no estatales como amenazas a la seguridad ya tiene un buen libro para empezar.

La delgada línea verde (y 2)

Ayer decía que no me posicionaba sobre el cambio climático por no haber dedicado el tiempo suficiente a leer fuentes solventes sobre el tema. Pues bien, he encontrado que la revista Investigación y Ciencia (edición española de American Scientist) ha publicado un monográfico sobre cambio climático. Ningún artículo se dedica a debatir su existencia. Todos parten de darlo como un hecho constrastado. Lo que no hay acuerdo es sobre la naturaleza de ese cambio.

pateraEn la revista me ha llamado la atención un artículo titulado “Pérdida de sincronía de los ecosistemas”. Ligeros cambios de temperatura en el planeta están alterando las pautas de reproducción de flores y animales. Teniendo en cuenta que unos sirven de alimento a otros está por ver el impacto que tendrá en las cadenas tróficas. Curiosamente el periódico 20 Minutos recogía ayer una noticia en ese mismo sentido: “El cambio climático revoluciona la flora y fauna a la puerta de casa”. Ahondaba en la misma línea de lo que ya informaban en agosto pasado sobre el adelanto de la primavera o el martes pasado sobre la amenaza de extinción de varias especies animales.

La cuestión es que el ser humano es un eslabón más en esas cadenas tróficas. Nos alimentamos de plantas y animales, que una vez desaparezcan en zonas del planeta donde su población practica una economía de subsistencia se verán obligada a emigrar. Esas zonas están al sur de España.

¿Qué análisis y soluciones puede presentar Europa y España más allá de la acción limitada de taponar y/o sensibilizar?

Merece la pena volver a leer el artículo “La anarquía que viene” en el libro homónimo.

La delgada línea verde

Tras el enésimo autobombo de ayer volvemos al tajo.

Se celebra estos días una cumbre internacional sobre cambio climático en Nairobi auspiciada por la ONU. A aquellos preocupados por las consecuencias catastróficas que podría tener el cambio climático siempre les dije que confiaba en el instinto de supervivencia del sistema capitalista. Tarde o temprano alguien echaría cuentas y no le saldrían. Hace tiempo leí que las aseguradoras en EE.UU. estaban pagando por culpa de catástrofes naturales más dinero que nunca en los últimos años. Alguna de las empresas habían dado ya la señal de alarma. Algo estaba pasando. Los defensores de las energías renovables encontraron extraños compañeros de causa en los neocons que inmediatamente después del 11-S pidieron una política de energía autosuficiente para EE.UU. que cortara el grifo de las divisas a los países musulmanes de Oriente Medio.

El momento que vaticiné parece vislumbrarse. El gobierno británico encargó un informe sobre el cambio climático. No a un meteorólogo, un físico u otro tipo de científico de la naturaleza sino a Sir Nicholas Stern que fue Economista Jefe y Vicepresidente Senior del Banco Mundial de 2000 a 2003. Stern es actualmente asesor económico del gobierno británico, ha hecho las cuentas sobre el impacto del cambio climático y sus conclusiones distan de la frialdad que uno podría esperar de un sir británico que antes de recibir la tarea no tenía opinión formada sobre el cambio climático.

El Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático fue presentado el pasado 30 de octubre. El número de 4 de noviembre de The Ecomomist le dedica dos artículos (pp. 14, 65-66) y concluye que al igual que “la gente gasta una pequeña porción de sus ingresos en pagar un seguro para el caso de que su casa arda y los países usan una porción del dinero de los contribuyentes en pagar ejércitos sólo por si una potencia rival trata de invadirlos, el mundo debería invertir una pequeña porción de sus recursos en tratar de prevenir el riesgo de hervir (sic) el planeta”.

Yo más allá de las impresiones generales no tengo una opinión sólida formada porque no me he dedicado a leer en profundidad sobre el tema. Digamos que no me mojo públicamente en este momento sabiendo lo polémico que resulta para algunos y sin haber dedicado el suficiente tiempo para leer en profundidad textos relevantes. Sólo constato que fuera de la blogosfera que se dice liberal el cambio climático se considera una realidad. Desde mi sentido común detecto el error en las críticas más comunes que cierta derecha (el asunto es netamente político) hace. Suelen ser las siguientes:

“No hay por qué alarmarse. El clima en el planeta Tierra siempre ha estado cambiando”.

El índice de paro, la bolsa y el número de habitantes de España también. La cuestión es si para mejor o peor. Cuando se manifiesta preocupación por el cambio climático no se hace porque el clima cambie. Sino porque cambie con consecuencias nefastas para los seres vivos.

“Dirán que la tierra se calienta pero este invierno ha hecho mucho frío”.

Hablamos del clima, no del tiempo. Clima y tiempo son conceptos diferentes que se confunden al hablar del cambio climático. El tiempo es la condición de la atmósfera en un tiempo y lugar dados. El clima son las tendencias generales.

“El cambio climático tendrá consecuencias económicas y sociales con un resultado final “igual a cero”. La suma de perjuicios se verá anulada por la de beneficios. Se arruinarán los vendedores de paraguas pero los vendedores de helados tendrán más beneficios. Zonas del planeta serán inhabitables pero otras tendrán un clima más benigno”

Aquí llegamos a lo que para mí es la clave del asunto. Quien habla así suele ser alguien del mundo desarrollado.

La perspectivas que en Chicago, Londres, Berlín o Tokio haga un clima más benigno es a priori beneficiosa para sus habitanes. Puede que Escocia se haga famosa no por su whisky sino por sus Cabernet Sauvignon o que los dátiles gallegos conquisten el mundo. La cuestión es que si las regiones frías de Norteamérica y la Europa septentrional del planeta se convierten en habitables o cultivables por un calentamiento global, las regiones cálidas se harán aún más cálidas. Inhabitablemente cálidas. Sólo hay que mirar a una foto del norte de África desde el espacio para hacernos una idea (a la izquierda Argelia). El calentamiento global podría implicar que ya no será cultivable la estrecha cornisa mediterránea de África. Que el desierto terminará por engullir Mauritania. Podríamos tener no cientos de inmigrantes en cayucos, sino cientos de miles de refugiados climáticos. Y lejos del norte de África veremos conflictos por las menguantes cuencas fluviales. En el último dossier de La Vanguardia, dedicado al agua (“El desafío del siglo XXI”) incluyen un artículo sobre los conflictos armados y el agua: “Las ‘guerras’ y otros cuentos hidromitológicos”. Su autor intenta criticar el cliché sobre un siglo XXI azotado por guerras por el agua, que hablando de tendencias generales parece ser una recurrente. Pero me temo que sus hipótesis parten siempre de la situación actual, política e hidrográfica. Quedaría por ver qué nivel de consumo de agua habrá, en función de los niveles de población y nivel de vida. Son especulaciones. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente en España se ha estudiado el tema. Le honra al profesor Marquina que capitanea en la Universidad Complutense la Unidad de Investigación sobre Seguridad y Cooperación haber dirigido un estudio multidisciplinar sobre los “Desafíos medioambientales en el Mediterráneo (2000-2050)” desde la óptica de los estudios de seguridad internacional. Que a nadie coja desprevenido.

Recapitulando

Leo en Expansión (14 noviembre 2006):

La OTAN teme que Rusia y Argelia formen una ‘OPEP del gas natural’

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha advertido a sus estados miembros de que Rusia está tratando de formar un cártel del gas natural, en el que podría participar Argelia, el principal suministrador de gas a España.

Lean entonces lo que el 14 de marzo de 2006 se decía en este blog: Argeliana.

Leo en El País (14 noviembre 2004):

La guerra de Líbano desata una grave crisis en el Ejército israelí.

Un informe constata que hubo negligencia militar y poca preparación. [...] El revuelo es producto del informe del general Doron Almog, designado por el jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, para investigar los errores cometidos en Líbano. No deja títere con cabeza.

Me limito a recordar lo dicho aquí sobre el último conflicto en el Líbano.

Repetidas veces he hecho este mismo ejercicio con la ocupación de Iraq. Resulta siempre interesante mirar atrás y revisar lo que escribí a la luz de los acontecimientos del momento. Me pregunto cuánto tiempo invertí en escribir algo tan largo como Vietnow: La guerra que EE.UU. está perdiendo. Y resulta importante saber que lo publiqué contracorriente en plena efervescencia de los neocon patrios posterior a la segunda batalla de Falluya de finales de 2004 y previas a la elecciones de principios de 2005. He mencionado los insultos y burlas que recibí. Pero quien consulta esa entrada del blog no verá un solo comentario. El texto procede de la copia de seguridad de la primera versión de este blog. Faltan los comentarios. Creo que merecerá la pena rescatar unos cuantos para echarnos unas risas. (Me ahorraré el trabajo de buscar lo que dijeron otros en aquellas fechas).

Rescatar los comentarios es una de las tareas pendientes que tenía en mente al hablar de cuestiones en la recámara Revisar la lista de insultos, burlas y críticas recibidas no es un ejercicio gratuito porque quiero llamar la atención sobre algo. Si en este país dedicas tiempo y espacio a escribir que las fuerzas armadas de EE.UU., Israel o cualquier otro país no están triunfando en un conflicto te expones a:

a) Ser llamado ignorante (“¡vas tú a saber más que los generales!”)

b) Ser llamado “asqueroso hippy proyihadista aliado de los terroristas”

Repetidas veces he visto que hay quienes confunden interesarse en cuestiones de seguridad y defensa con ser de derechas. Y peor aún. Confundir criticar la conducción de unas operaciones militares que lleva acabo un país con apoyar a los enemigos de ese país. ¿Por qué hablar de estos temas sigue siendo tan raro en España?

Puertas a un mar de armas

Moisés Naím, director de la revista Foreign Policy, estará el miércoles en Madrid para presentar su libro “Ilícito” (Debate). Naím habla del auge del comercio ilícito de armas, drogas, personas, órganos humanos y objetos de lujo falsificados, lejos de las visiones edulcoradas de la globalización económica.

El tercer capítulo del libro está dedicado por entero al tráfico de armas. Desde el transporte de copias del Kalashnikov a cualquier punto del mundo donde pueda aterrizar un viejo Antonov a la red de venta de tecnología nuclear organizada por el profesor pakistaní Dr. A. Q. Jan. Dado el carácter ilegal y clandestino del tráfico de armas mostraba hace poco mi escepticismo sobre la campaña lanzada por Intermón Oxfam al respecto.

Francisco Polo nos contaba el viernes que la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado empezar a trabajar en un tratado internacional sobre el comercio de armas. Por otro lado un lector, Julen Baztarrica se mostraba suspicaz ante mi pesimismo y desconfianza frente a este tipo de campañas. Así que creo debería añadir unas puntualizaciones.

He vivido el asunto de las campañas y los “días mundiales/internacionales de…” desde los dos lados: Como militante que forma parte de una organización o movimento con una causa y como ciudadano. Y sé que todos estos saraos los lanzan en muchas ocasiones quienes trabajan los 364 días del año restantes con la única esperanza de que al menos por una vez se hable del tema en los medios. Lo que me provoca escepticismo son las campañas con objetivos ambiciosamente amplios: “Acabar con la pobreza mundial”. ¿Qué poderes públicos han de sentirse conmovidos por una movilización mundial? Yo soy de objetivos más modestos. Empecemos por la cuestión de la deuda externa o la Política Agraria Común (“la PAC mata” dicen los Radicales). ¿Realmente será eficaz una legislación internacional? Teniendo compañías localizadas en paraísos fiscales que en aviones ucranianos matriculados en Chipre proveen de armas de Europa Oriental a milicias africanas es evidente la necesidad de una legislación internacional. Pero en este asunto del tráfico de armas, ¿qué podemos hacer los ciudadanos españoles?

En primer lugar pedirle trasnparencia a nuestro gobierno sobre las exportaciones españoles de armas. Véase al respecto el artículo de Albert Caramés en el nº94 (verano 2006) de la revista Papeles de Cuestiones Internacionales o los dos libros publicados por Viçenc Fisas en la editorial Icaria: Adiós a las armas ligeras y El lobby feroz.

En segundo lugar pedirle a la Unión Europea que ponga sobre la mesa de las negociación con Bulgaria y Serbia, por ejemplo, mayor transparencia y control de las exportaciones de armas de las factorías Arsenal y Zastava cuyas copias del fusil Kalashnikov aparecen, casualmente, en los conflictos más insospechados.

En tercer lugar incidir en los procesos de desarme tras el fin de conflictos, como se hace actualmente en Bosnia o se hizo en Macedonia (Operación “Essential Harvest”), porque una buena fuente de armas en los conflictos es el circuito de segunda mano. Alemania, por ejemplo, exigió a Estonia la destrucción supervisada de sus stocks de viejas pistolas Makarov que iban a ser sustituidas por modelos Heckler & Koch.

Be acid boric, my friend

Como no tengo televisión supe por primera vez del spot de BMW en el que aparece Bruce Lee en el blog K-Government de Carlos Guadián. Las parodias, imitaciones y versiones se prodigaron en la red, aunque no me vine a enterar hasta que volví a encontrarme con el asunto en El País de esta semana que acaba.

La publicidad de BMW recogía una entrevista en el que Bruce Lee empleaba el agua como metáfora de lo que fue su aspiración en el mundo de las artes marciales: Romper los límites que la rigidez de la tradición imponía. La metáfora del agua (adaptable, fluída, sin forma) es una constante en el pensamiento oriental. Desde Miyamoto Musashi y su “Libro de los Cinco Anillos” a Sun Zi y “El Arte de la Guerra” mucho antes.

Y hoy he descubierto, debo ser el último que lo ha hecho en la red, una parodia de Acebes en el el programa “Polònia” de TV3 inspirada en el anuncio en cuestión:

¿Para qué limitarse al triste y anodino mundo real cuando se tiene todo un campo libre en el descacharrante universo de la fantasía? Sea Iraq, el 11-M o la negociación con ETA. Y no es un síndrome español. En EE.UU. aquellos polvos de las mentiras sobre las armas NBQ iraquíes han traído el presente lodazal que acaba de pasar factura al Partido Republicano.

Meto el dedo en la llaga una y otra vez sobre las mismas mentiras porque no olvido la soberbia y los insultos de quienes decían que Saddam Hussein era una amenaza, que el 11-M lo organizó antes ETA y ahora el PSOE, que todo en la ocupación de Iraq iba bien… Guardo en el disco duro una copia de seguridad de lo que fue mi primer blog donde por primera vez publiqué contracorriente cosas como Vietnam Redux o Vietnow: La guerra que EE.UU. está perdiendo. Un día de estos rescataré los comentarios para que nos echemos todos un risas. Rumsfeld ha caído. Este blog sigue. Y tanto que sigue, que he dado mis primeros pasos en Granada en el mundo del “publica o perece”.

Como les contaba la noche de mi marcha, acudí al IIº Congreso Internacional de Seguridad y Defensa organizado por el Centro de Estudios y Análisis de Seguridad de la Universidad de Granada. Presenté mi ponencia sin más contratiempo que mi bisoñez en estos asuntos, conocí mucha gente interesante y quedaron en el aire colaboraciones futuras. De vuelta en Madrid en vez de recuperar las horas de sueño perdidas acudí a la última cena de Las Ideas, que esta vez demostró una vez más que Internet es el mejor Puente Aéreo entre Madrid y Barcelona.

Me quedan en la recámara muchas cosas de las que hablar. Pero mi cuerpo y mi cabeza necesitan un descanso.

Rumbo a Granada

La Fundación Euroárabe y el Centro de Estudios y Análisis de Seguridad de la Universidad de Granada organizan el IIº Congreso Internacional de Seguridad y Defensa. Empezó hoy miércoles, pero yo llegaré con retraso al segunda día de las jornadas.

Mañana a primera hora tendrá un panel sobre actores no estatales en los conflictos armados. Mi ponencia versará sobre Executive Outcomes, una compañía sudafricana, que fue pionera en África tras el fin de la Guerra Fría en una nueva generación de mercenarios. Un tema del que hice una introducción hace cierto tiempo.

La paradoja, habitual en mí, es que mientras mi tiempo ha estado centrado en el papel de los mercenarios sudafricanos en la guerra civil de Sierra Leona, mi cabeza ya vagaba por otros temas para tratar en el blog. Me queda pendiente responder a varios lectores que han hecho comentarios dignos de ser contestados en una entrada del blog. Se anima la sección de comentarios y yo sin tiempo.

El sábado contaré la experiencia.

Voz de alarma

Creo que en España sufrimos un desinterés nocivo por todo lo que ocurre en el arco que va de Mauritania al Golfo de Guinea. Luego nos estallan en la cara situaciones como la de la crisis de los cayucos. En vez de pregutamos de dónde han salido todos esas personas sólo tenemos demagogos presos del pánico gritando “¡Nos invaden los negros!”.

Cominganarchy.com, un blog que aparecerá a menudo por aquí, ha enlazado a un mapa del mundo reflejando el porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años por país. No entraré a discutir las tesis neomalthusianas de la web que aloja el mapa. Pero considerando el agotamiento de recursos naturales, la pobreza, las guerras civiles y la falta de expectativas, considerar el gran número de jóvenes sin futuro que habitan esos países nos ayudará a entender el “efecto llamada”. Aunque me temo que las advertencias desde este blog llegan tarde. En Tenerife se ha celebrado hace poco una manifestación xenófoba apoyada por un diario local.