Rebatan mis ideas, por favor

Uno de los efectos de convertirme en navegante de Internet es que dedico muchísimo menos tiempo a ver la televisión. Y uno de los efectos de haberme introducido en la blogosfera es que apenas hago caso a las columnas de opinión de la prensa escrita.

Las columnas de opinión siempre me parecieron un género curioso. La mayoría de las veces tengo la impresión de que el autor ha escrito con la única motivación de cumplir su compromiso de x palabras al día. Así nos encontramos con las estrellitas mediático-periodísticas de turno hablándonos de sus impresiones sobre Operación Triunfo, lo que pasó el otro día comprando en el hipermercado o sus meditaciones profundas al volante de su coche viendo los peatones cruzar la calle mientras esperaba que el semáforo se pusiera verde.

Un blog te permite escribir cuando y desde dónde quieres (no, no trato de excusarme por pasar tanto tiempo sin publicar nada). Y no se trata de una verdad revelada. Para mí es un laboratorio de ideas, un diálogo con mis lectores. Por eso me llama la atención los comentarios que me llegan de vez en cuando aportando un punto de vista diferente, señalándome un punto flanco en mis razonamientos o corriegiendo un dato. ¡¡Chúpate esa!!, parecen decir. Como si yo en algún momento me creyera César Vidal. O un neococo o libelelo de esos, que se sueltan un rollo impresionante para decir que el programa político de la socialdemocracia se inspira en el fascismo y cuatro colegas le aplauden “Ahí, le has da’o. Desenmascarando a esos totalitarios”.

Así que no se frenen. Comenten y critiquen. Dialoguemos. Que yo todavía estoy aprendiendo.

Negociad, negociad malditos

Alguien preguntaba en los comentarios a que si yo afirmaba que E.T.A. ha sido derrotada qué sentido tiene negociar. Buena pregunta.

Nos hemos acostumbrado a escuchar cómo los políticos y los medios de comunicación llaman a E.T.A. “banda criminal”. Y siéndolo desde un punto jurídico nos ha acostumbrado a la idea de que E.T.A. es equiparable a una mafia dedicada al robo en naves industriales o al tráfico de drogas: Se trata de un grupo con un número finito de miembros que será completamente desarticulado el día que su último integrante sea detenido. La realidad es muy diferente aunque nos pese. E.T.A. es un grupo terrorista con una base social de cierta entidad. El terrorismo surge allí donde hay quienes son socializados en la creencia de que la violencia política es un instrumento legítimo. Así que las fuerzas de seguridad del estado podrán una y otra vez desmantelar comandos, que mientras se eduquen políticame a jóvenes para que estén dispuestos a convertirse en terroristas E.T.A. existirá.

Recuperando las matemáticas para explicar el fin de E.T.A, podríamos decir que la lucha antiterrorista sigue una curva logística, una ley de rendimientos decrecientes. En los primeros momentos la lucha contra el terrorismo avanza lenta, mientras el estado reacciona, se dota de los instrumentos adecuados y se prueban las estrategias más eficaces. Según avanza el tiempo la lucha antiterrorista se vuelve mucho más eficaz. Pero tarde o temprano se llega a un punto en el que el grupo terrorista ha quedado reducido a su mínima expresión, formado por jóvenes sin experiencia con una capacidad limitada de cometer atentados. La lucha con E.T.A. está llegando a ese punto. Por eso es el momento de negociar. Porque todavía existe E.T.A. como grupo con una estructura jerárquica capaz de mandar a alguien a sentarse a una mesa. El siguiente paso del debilitamiento de E.T.A. es su conversión en un grupo terrorista marginal tipo el GRAPO. Pero si el GRAPO tenía como referencia al terrorismo de ultraizquierda europeo, está por ver qué modelo tomaría esa nueva E.T.A.

Nos podríamos encontrar en casa un modelo de terrorismo sin líderes, formando una red distribuida y que obtiene sus conocimientos técnicos de fuentas abiertas. Un grupo terrorista atomizado, que deje de tomar como modelo al colectivo “Artapalo” y se parezca al terrorismo de los fundamentalistas cristianos que en EE.UU. atentan contra las clínicas abortistas. Un modelo de terrorismo cuyo ejemplo típico no sea Josu Ternera, sino Unabomber. E.T.A. hizo un ensayo de ese modelo de terrorismo en diciembre de 2004. Será sin duda un terrorismo marginal, que produzca como mucho media docena de muertos al año. Pero será un terrorismo muchísimo más difícil de erradicar hasta que dispongamos la teccnología de las unidades de precrimen.

Lo afirmé, y sigo creyéndolo, que E.T.A. ha sido derrotada. A estas alturas dentro de la base social de E.T.A. y dentro de la propia E.T.A. debe de haber quedado bastante claro que el camino de la violencia política no les llevará a la consecución de sus objetivos últimos. Y que para colmo, E.T.A. como grupo terrorista ha quedado bastante debilitado en los últimos tiempos. Lo cual, teniendo en cuenta esa base social, es lo máximo a lo que podemos aspirar dentro de términos estrictamente policiales.

Es hora de cerrar la Transición y hacer de España un país normal, donde cualquier aspirante a concejal del PP pueda hacer campaña electoral en la plaza de su pueblo. Dijo Aznar que sería generoso si el movimiento de liberación nacional vasco renunciaba a la violencia. A enemigo que huye, puente de plata. No sé por qué Zapatero no debería obrar igual.

La guitarra del joven soldado

Una de las secuelas de aquellos 40 años fue la desconexión en España entre sociedad y fuerzas armadas. Desde la izquierda a las fuerzas armadas se las suponía guardianas de las esencias del régimen anterior. Aún hoy hay quien cree que los militares fueron un estamento privilegiado del régimen anterior, cuando los hechos distaron mucho de ser así. El ardor guerrero y la disciplina castrense cotizaban a la baja como valores. El concepto de nación española se regaló en bandeja a la derecha.

Pero fue algo más que el origen militar del régimen de Franco y un pasado de guerras coloniales Lo que nos diferencia de los países de la Europa Occidental fue la experiencia de la Segunda Guerra Mundial. La rápida ocupación por parte de la Alemania nazi de muchos países llevó a que una vez rendido el gobierno de turno, surgiera una resistencia de carácter popular y que transcendó el eje ideológico. Conservadores monárquicos y socialistas se unieron frente al invasor. Una vez acabada la guerra surgió un sentimiento de “nunca más” que se proyectó en el miedo a una blitzkrieg soviética por las llanuras de Alemania. Así por ejemplo países como Holanda, Bélgica o Noruega,cuyos ejércitos se colapsaron muy pronto frente a la Wermacht, contaban en los 80 con una cantidad muy elevada de aviones o carros de combate en proporción a su población.

El fin de la Guerra Fría llevó en los países más avanzados a un recorte de los presupuestos militares y a un replanteamiento del papel de las fuerzas armadas, que en algunos casos ha sido bastante drástico. En España el discurso político nunca pasó del “Mili KK” y “OTAN no, bases fuera” y de toneladas de demagogia. El momento de la profesionalización de las fuerzas armadas pudo haber sido la ocasión ideal para proponer seriamente qué modelo de fuerzas armadas queríamos y para qué las queríamos. Sin embargo el gobierno del Partido Popular, dio el salto al ejército profesional de una forma harto chapucera. Se privó a la sociedad de una debate necesario sobre el modelo de fuerzas armadas que se pretendía adoptar y que hiciera consciente a los ciudadanos del coste que suponía pasar de las levas de “quintos”, que cobraban unas simbólicas mil y pico pesetas al mes, a un ejército formado por soldados que pretendían hacer de las fuerzas armadas su vida. Un debate que era tan sencillo de plantear como “o mili, o más presupuesto de defensa”. Al final, ni mili ni mayor presupuesto de defensa. (Para el que no lo sepa, después de Luxemburgo dentro de la OTAN España es el país que menos gasta en defensa en proporción a su P.I.B.)

En el nuevo modelo a los soldados, llamados Militar de Empleo de Tropa Profesional, se les presuponía como jóvenes sin experiencia que optaban por ser militar como lo podían haber hecho por ser telepizzero. Un curro temporal hasta poder dar un salto más tarde a una profesión mejor. El problema era que careciendo de experiencia o cualificación, tras ese paso temporal por las fuerzas armadas se encontraban en la misma situación que al principio. Para solucionarlo, se fomentó la imagen de que las fuerzas armadas eran una enorme centro de frmación profesional con campañas que mostraban unas fuerzas avergonzadas de ser armadas (inenarrable aquella propaganda en TV con escenas de un fuego de campamento a lo boy scouts, sólo faltaba alguien tocando canciones de Silvio).

Crear un modelo de fuerzas armadas profesionales sólo hubiera requerido copiar el modelo ya existente de la Guardia Civil, que funcionaba. Se optó por una solución a la española, con el resultado de barcos amarrados por falta de marineros y regimiento de infantería formados por un solo batallón. Haciendo de la necesidad virtud, se habló de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más avanzadas. Para al poco tiempo volver a hacer una reorganización a la baja, cuando los números no cuadraban.

Aunque a alguno le pese, ha sido el ministro Bono el que ha abordado el problema. Aunque sólo sea porque se iba camino de tocar fondo. Subidas salariales, posibilidad de prolongar la permanencia en las fuerzas armadas, readmisión de aquellos que cumplieron su contrato temporal y quieran regresar… Hasta la publicidad que se ve en los monitores de vídeo en ferias y exhibiciones ha cambiado.

Ahora sólo queda aclarar si en este país se tiene claro para qué sirven las fuerzas armadas…

[Continuará]