Si el mundo es un pañuelo, Ljubljana no te digo

Ya estoy de vuelta en casa. Esta mañana me despedí de Eslovenia, apenas tuve tiempo de pasear por el centro de Venecia y esta noche finalmente aterricé en Barajas. En las primeras horas es inevitable el dolor de cabeza. Por diez días me he acostumbrado a no entender nada de las conversaciones a mi alrededor, y de pronto me encuentro con la cacofonía del transporte público.

El miércoles dejé Ajdov¨čina rumbo a Ljubljana para un día y medio de turismo por la capital. Pero he aquí una de esas cosas asombrosas que suceden en los viajes. El martes había dado señales de vida, vía correo electrónico un español de prácticas en Ljubljana. Resulta que Gorka leía mi blog desde hacía tiempo, y al volver de un periplo balcánico me encontró posteando sobre mis peripecias eslovenas. Quedamos para el miércoles por la tarde. Y mientras a la orilla del río celebrábamos el encuentro con La¨ko en la mesa de al lado apareció otro español, que resultó ser compañero de piso de un amigo de Nata¨a.

Gorka forma parte de una rara especie de españoles errantes a los que he tenido la suerte de conocer mientras he pululado por media Europa. Se les identifica por la voluntad de superar obstáculos para salir a conocer mundo, por la curiosidad en conocer lugares que pocas personas en España saben situar correctamente en el mapa y porque la experiencia de todo ello les ha cambiado internamente. Fue el encontrar a otros Gorka lo que me llevó a desear recorrer mundo, más allá de los viajes en vacaciones. Y encontrarlo a él ahora me ha hecho recuperar esas viejas sensaciones. Toca ahora procesar todas las cosas a las que di vueltas en mi cabeza con la mirada perdida en los paisajes de Eslovenia. Toca hacer planes para el próximo curso y tomar decisiones sobre los próximos años de mi vida. El mundo está lleno de Eslovenias y Ljbuljanas por descubrir.

Fahrenheint 9/11

El viernes fui con Beatrix a ver “Farenheit 9/11″. Es una película que ya al conocer su título cuando estaba en fase de producción me llamó la atención.

He visitado regularmente la página web de Michael Moore, he leído sus libros y he seguido la polémica en torno a la película en varias páginas webs estadounidenses. Así que estaba impaciente por verla. Me sorprendió no ver a mi alrededor la misma expectación que yo tenía, hasta que caí en la cuenta de que había seguido por Internet una polémica que era ajena a quien no hubiera estado atento a los medios estadounidenses.

En “Farenheit 9/11″ uno encuentra varias temas contra los que Moore ya había cargado en sus libros, como la problemática determinación del ganador de las elecciones presidenciales del 2000 en EE.UU. o la aprobación de la confusa y liberticida “Patriot Act” tras el 11-S. Trata de tantos temas que creo hubiera sido posible lanzar una miniserie de documentales para tratarlos todos: Las elecciones del 2000, el trato especial a ciudadanos saudíes tras el 11-S, las relaciones de negocios de la familia Bush con la familia real saudí y la familia Bin Laden, el enriquecimiento con la “Guerra contra el Terrorismo” disfrutado por empresas vinculadas a miembros de la administración Bush, el recorte de presupuesto de aquellos organismos encargados de luchar contra el terrorismo en EE.UU., las responsabilidades de la administración Bush en prevenir y detener el 11S, los intereses petroleros de EE.UU. en Asia Central, los planes de los neoconservadores de invadir Iraq antes del 11-S, el gran negocio de la reconstrucción de Iraq, las víctimas civiles de la guerra, los olvidados soldados estadounidenses heridos en la guerra, el reclutamiento de jóvenes de zonas deprimidas económicamentes, los abusos cometidos por soldados estadounidenses durante la guerra y algún tema más que ahora no recuerdo.

Muchos de estos temas han sido tratados con total libertad en los medios europeos. Pero uno sobreentiende en la película que son una total novedad para el público estadounidenses al que se le ha escamoteado mucha información. Y se sobreentiende que es una película destinada al público estadounidense cuando Moore va de lleno al estómago, jugando con las emociones del público enfrentado con el dolor de una mujer iraquí que ha enterrado a cinco parientes víctimas de los ataques estadounidenses, o el de una madre que apoyaba la guerra hasta que su hijo murió en ella. Para nosotros no son escenas novedosas, pero quizás entendamos por qué en EE.UU. el público abandona la sala con lágrimas en los ojos y la sensación de que su clase política le ha tomado el pelo. Da la impresión de que Moore se recrea en esas escenas, rallando la sensiblería con el propósito de cumplir su objetivo de remover conciencias.

El problema de Moore es además su tendencia a hacer especulaciones que lanzadas al aire rayan en un tono un tanto demagógico, lo cual unido a algunas afirmaciones un tanto ligeras, han servido a la derecha conservadora para cebarse en su película. Desde luego Moore no pretende hacer un documental digno de “Documentos TV”, pero podría ahorrarse esos momentos que le restan credibilidad. Por ejemplo, Moore critica que la administración Bush presentara la guerra de Iraq como un esfuerzo conjunto de EE.UU. con varios países aliados, la “Coalición de los Dispuestos” (Coalition of the Willing), ridiculizando a esos países (Samoa, Marruecos, Rumanía… ¡Holanda!).

Perdonándole esos momentos, “Fahrenheit 9/11″ es ante todo una sátira política demoledora. Más allá de los fragmentos de 10 segundos que nos sirven los noticiarios de la TV, vemos a George Bush en un campo de golf o en su rancho atendiendo distendidamente a los medios y comprobamos que es un perfecto idiota incapaz de enhebrar dos frases seguidas con cierta coherencia. (Lo mismo comprobamos de Britney Spears, pero eso ya lo sabíamos). Moore explota ese humor mordaz, a veces socarrón a veces descacharrante, que vimos en “Bowling for Columbine”, pero limitando su presencia en pantalla. Y en los cinco minutos finales, se ve que Michael Moore hila muchísimo más fino de lo que parece a primera vista. Por eso se le ha lanzado toda la derecha estadounidenses al cuello. Moore disimuladamente dispara lejos y alto.

Na Cesti

Los eslovenos parecen haber inventado las abreviaturas de los mensajes SMS antes de que existiera la telefonía móvil. El sábado según nos acercábamos al escaso litoral adriático esloveno los carteles bilingües señalaban el camino a “Trst” (Trieste). La costa eslovena es una pequeña cuña entre Italia y Croacia, con cada país al otro lado de la bahía. Todo el presupuesto en infraestructuras viarias del país parece gastado en la costa. El resto del país con carreteras lamentables, y aquí in túnel de lo más moderno de dos kilómetros y un puente de un kilómetro (el más largo de Europa, según Nastja).

Y es que Eslovenia es el camino inevitable de los centroeuropeos en camino al Adriático. En el monumental atasco que nos encontramos al llegar al mar abundanban las matrículas alemanas y austríacas. Identificarlas se convirtió en un juego: Las amarillas con caracteres negros de Holanda. Las blancas con caracteres rojos de Bélgica. En el atasco nos acompanaban suecos, checos, italianos y croatas, con los coches cargados hasta los topes y un gran número de caravanas y roulottes. Pero la espera mereció la pena. El día era perfecto en Piren, un pueblecito costero de huella italiana. Gasté casi un rollo de película bajo una luz casi perfecta. Al regresar al coche, la sorpresa. Se lo había llevado la grúa con todas nuestras cosas dentro. El depósito de coches, cómo no!, en el quinto pino al otro lado de la bahía. Más de una hora de camino fatigoso bajo el sol. El chapuzón en el mar, en Portoro¸, después de aquello se hizo aún más deseable.

Al caer la noche nos acercamos a Koper, donde se celebraba una gran noche de conciertos simultáneos. La prensa de hoy habla de la increíble cifra, para lo que es normal en Eslovenia, de 100.000 personas. En la plaza principal, la plaza Tito, me tocó sufrir el concierto de una estrella pop local. Un tal Jan Plestenjak, perpetrador de inolvidables melodías como “Lolita” o “El calor del verano”. Esta última con ese simpático estribillo en español: “Esta noche bailmos una playa” (sic). Al parecer media Eslovenia estaba allí. Y Nastja y Nata¨a no parararon de saludar a amigos que trataban de chapurrear en inglés, alemán y español con tal de hablar conmigo, llegado de la lejana y exótica España.

A las tres de la mañana, autopista y a Ljubljana. Nastja tenía la llave del piso de lujo en el mismísmo centro de la ciudad de unos amigos de su padre, destinados actualmente en la embajada eslovena en Beijing. Caímos a plomo en las camas, y nada más levantarnos otra vez carretera. Esta vez al norte. Y otra vez atasco, pero este con los europeos de retorno. Más alemanes, austríacos, holandeses (siempre en tríos, curiosamente), belgas y daneses con la casa a cuesta. Paramos a comer borek, la comida rápida local de origen macedonio, y más carretera hasta el lago Bled. Es ese lago con una islita en el centro, al pie de los Alpes Julianos, que sale en todos los folletos turísticos de Eslovenia. Después de un café y unas fotos, chapuzón y al agua.

Terminamos el día en el parque nacional de Triglav, después de atrevesar paisajes alpinos que me hicieron tararear la sintonía de los dibujos animados de Heidi. Por una carretera de montaña, entre bosques de coníferas, terminamos en la ladera de una colina contemplando los Alpes Julianos. Creo que allí terminó la primera parte agitada de este viaje. Ahora sólo quedan días tranquilos, aquí en Ajdov¨čina. El miércoles iremos a Ljubljana.

Explorando el underground esloveno

El miércoles pasé media manana durmiendo y otra media escriendo en el blog. Es lo que tienen los blogs, si dedicas demasiado tiempo a contar tu vida no tienes tiempo para vivir. Así que esta vez seré breve. Nastja se ha tomado a pecho el organizarme las vacaciones. Y el miércoles por la tarde de la mano del novio de una amiga nos adentramos en las cuevas de Zel¨ke Jarne, cerca de Rakek, un grupo de cinco personas. Estuvimos gateando, escalando y deslizándonos por un red de galerías impresionantes. Al final del periplo Murphy no faltó a su cita y cuando llegamos a una laguna interior las pilas de mi cámara digital se agotaron. Salimos al cabo de dos horas con barro hasta las orejas (literalmente). Mis botas de agua parecían una cantimplora del agua que se había acumulado. Al menos a mí el agua helada en ciertos tramos me llegó sólo a las rodillas, pero a las chicas les llegaba a los muslos.

Pero si eso no era suficiente ayer viernes por la tarde aquí en ´iri, esta vez con un guía y con otro grupo, nos metimos en una red de bunkers del periodo de entreguerras. Las autoridades del Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia se prepararon para una guerra estática como la Gran Guerra en lo que era la frontera en aquel entonces con Italia. Se preparaban en vano para la guerra que ya había terminado. La siguiente fue una guerra móvil. Y los bunkers (con galerías entre 20 y 30 metros de profundidad) resultaron inútiles.

Cada día, sobra decir, terminó regado con cerveza (“pivo”) Union y La¨ko. Eslovenia está todavía a medio camino entre el frenesí consumista de las economías en desarrollo y el desdén pseudopostmaterialista de los países del centro y norte de Europa. Aquí la gente te recibe con simpatía por ser español y no te escruta de arriba a abajo por no ir a la última moda alternativo-anarkoguay. Todavía no he pagado ni una sola ronda.

Stepni Volk v Slovenija

Empiezo a controlar este teclado esloveno “qwertz”. Lo primero que hice en Internet fue revisar mis cuentas de corre en Yahoo! y me encontré que estaba buscando zahoo.es. El siguiente paso ha sido descubrir cómo colocar los acentos (Alt Gr + 9), algo que la propia Nastja desconocía. .

Ayer cogí el EuroCity Venezia-Mestre/Ljubljana sin novedad. A las 18:00 cruzamos la frontera. Sl-GSM me dio la bienvenida a Eslovenia. El “roaming” en Eslovenia me entró más rápido aquí que en Italia. Curioso. Estrenaba pasaporte y le pedí al policía esloveno que revisaba los pasaportes que me pusiera el cuño. La primera vez que estuve aquí hice lo mismo. Ser ciudadano de la Unión Europea parece darte un aire de respetabilidad que lleva al desinterés por ti de la policía. Volviendo de Sarajevo rumbo a Viena en 2002 mi colega Pablo y yo nos miramos cuando el policía de la República Sprska de Bosnia nos devolvió el pasasporte sin más. Corrimos por el pasillo del tren, un viejo vagón de la Deutsche Bahn, para pedirle que nos pusiera el cuño. Viajar son unos días. Tirarse el rollo dura toda la vida. ;-)

Nada más llegar a Ljbuljana fui reconociendo el lugar. El pasillo que conecta a los distintos andenes, donde había en 2002 una oficina donde me conecté gratis a Internet. La minúscula estación de autobuses. Y mientras miraba alrededor no caí en la cuenta que Nastja estaba a unos metros míos haciendo señas. Tenía el sol a sus espaldas y no podía verla. Al rato estábamos en la carretera rumbo a ´iri, su pueblo. Uy, perdón su “ciudad”.

Eslovenia es una especie de Suiza de renta media. Todo es inmensamente verde. Las casas grandes, tipo caserío vasco, y los buenos coches en la puerta dan una imagen de país boyante. Si no es porque supiera que según qué estadísticas se usen Eslovenia queda entre Portugal y Grecia, o la tercera del trío, casi me atrevería a decir que el nivel de vida aquí es tan bueno como en España. Aunque sospecho que sea porque el coeficiente de Gini aquí se acerca mucho más a cero que en España.

Nastja sabe de qué pie cojeo, así que me tenía un miércoles bien completo. Empezamos por la mañana remontando la garganta de un riachuelo, por un sendero en paralelo a la corriente entre paredes altas y casi verticales, para llegar a Franja, un antiguo hospital de guerra partisano. Al parecer los alemanes y los colaboracionistas locales nunca lo descubrieron. Luego dejamos a su hermana en un campamento scout, para lo cual tuvimos que atravesar el río Idrijca en una balsa hecha con tres cámaras de neumático y tablas de madera, agarrado a la tirolina y dándonos impulso. En la otra orilla había que internarse en el bosque hasta llegar al campamento. Dejamos a la hermana, atravesamos el río de nuevo, y otra vez la carretera.

La siguiente pareda, Most na Soči . Un lugar donde el río Soča se ensancha hasta formar un pequeno lago y donde han instalado un parque con esculturas al aire libre en su orilla. Por un cartel en varios idiomas me enteré que el río en italiano se llama Isonzo. Me sonaba de algo y me pasé el resto de la manana dándole vueltas hasta la siguiente parada, a un tiro de piedra de la frontera italiana y a los pies de los Alpes Julianos: Kobarid. Allí visitamos el museo sobre la Primera Guerra Mundial. Los Alpes Julianos fueron un frente de batalla para Italia y el Imperio Austro-Húngaro. Las fronteras no han parado de moverse en esta zona a lo largo de la historia. Y Kobarid fue en su momento italiana con un nombre que me hizo caer en la cuenta de por qué me sonaba familiar el nombre de Isonzo. Kobarid se llamaba Caporetto en italiano. En el museo saqué un par de ideas interesantes sobre temas que he estado leyendo últimamente. Por aquí estuvo en la Primera Guerra Mundial un tal Edwin Rommel, y en la ofensiva austro-germana del ’17 se ensayaron los antecedentes de la guerra relámpago.

Nastja, me temo, se aburrió pronto mientras yo me dedicaba a mirar en las vitrinas prismáticos de trinchera, fusiles Mannlicher y uniformes italianos. Además uno de los encargados del museo al preguntarle a ella en qué idiomas querá los folletos nos llevő a una sala aparte donde pusieron expresamente un documental doblado al español para mí. Divertida la insistencia del hombre: “Spanish, OK. But Spanish speaker from Spain or Catalonian Speaker from Spain?”.

Tras el empacho de museo de guerra, nos internamos hacia el monte hasta llegar a un camping. Allí dejamos el coche y caminamos para almorzar a la orilla del Soča, tras cruzar un puente colgante de 50 metros. La zona estaba llena de bañistas del resto de Europa. En el aparcamiento del parking podían verse coches suizos, austríacos, alemanes, polacos y holandeses. Mirando el mapa te das cuenta que aquí coges un coche y te pones en unas horas en en un montón de países. La cosa también funciona al revés. Y los eslovenos lo aprovechan. Esto está lleno de restaurantes, hostales y negocios de deportes de aventura.

Y para aventuras la que me esperaban en el campamento scout de la hermana de Nastja. Me vi haciendo de barquero con la balsa en el Idrijca, porque una vez que lo atravesamos nos dimos cuenta que en la otra orilla alguien quería cruzarlo. Vuelta para allá, vuelta para acá. Luego un paseo en canoa (para terminar de soborecargar los hombros). Y por la noche, convertido en atracción del día. ¦panija les suena un lugar de lo más exótico. Y los críos, todos con ojos inmensamente azules, me miraban como a un marciano. En el fuego de campamento para hacer honor a mi origen el chico de turno que tocaba la guitarra (qué es un fuego de campamento sin alguien tocando la guitarra?) cantó “La Bamba” en mi honor. 100% cultura española. Los críos pidieron a gritos al final que la repitieran. Y la verdad es que no la cantaba mal. Para los eslovenos la fonética española no es muy difícil. Al revés la cosa cambia, aunque sólo sea por esa manía eslovena de juntar consonantes (“Krn” se llama la montaña a cuyos pies está Kobarid).

Ya era noche cerrada cuando atravesamos el Idricja, esta vez en canoa. El chico que nos llevó nos dejó de paso en su camino río arriba hasta la cueva donde los más adultos escondían las cervezas. Sobra decir que por la noche un poco de lectura y desplome en la cama.

Y eso, fue sólo el primer día.

Lobo desatado

Mestre està desierto a la hora en que en Espagna todo el mundo està en la calle, y he andado bastante desde la estacion (aquì los acentos son diferentes) buscando un sitio donde comer. Acabo de abrasarme la boca con una “lasagna al forno” en el bar de una segnora bastante simpàtica (supongo porque era su ùnico cliente).

Eso sì, cibercafés a punta pala. Tres en cien metros. Este parece regentado por bangladeshìes (que son el equivalente local a los chinos en Madrid). Decìa el coronel Smith eso de “me encantan que los planes salgan bien”. Lo malo es que cuando te salen todos tan bien, esos màrgenes de tiempo que angadìas a lo que calculabas que lleva salir por la puerta del aeropuerto Marco Polo, coger el autobùs a la estaciòn de Venezia-Mestre, hacer cola y comprar el billete para Ljubljana se van acumulando… Y me he visto con dos horas por delante sin nada que hacer.

Podrìa escribir las mil cosas que me pasaron por la cabeza mientras comìa. Pero me las reservo para el diario. Viajad y descubrirlo. No hay casi nada en esta vida que me haga sentir lo mismo que cuando estoy con mi mochila y el mundo por delante. Siempre tuve la sensaciòn de que aùn podrìa ser mejor con buena compagnia, pero a estas alturas despuès de haber recorrido media Europa con mi paso legionario habitual queda preguntarse quièn podrìa aguantar mi ritmo. No hay que darle màs vueltas. Viajar no es la metàfora de nada. Viajar es la vida. Y si te esperas al momento adecuado, las circunstancias adecuadas y la persona adecuada nunca saldràs de casa. Nadie va a venir a hacer que tu vida se mueva. Tù o nadie. Asì que carretera y manta.

Esta noche Ljubljana.

Las guerras del futuro ya no son lo que era

Fulda es una ciudad alemana del estado de Hesse que a la mayoría no le sonará. En los tiempos de las dos Alemanias, la RFA y la RDA, Fulda quedaba en medio de la hipotética ruta del 8º Ejército de la Guardia soviético hacia Frankfrut, corazón financiero e industrial de la Alemania capitalista. El 11º Regimiento de Caballería del ejército de EE.UU. estuvo allí destinado en permanente vigilancia hasta 1994. Ya desde los años ’60 las publicaciones especializadas hablaban de la “Brecha de Fulda” (Fulda Gap) y las discusiones teóricas giraban sobre cómo detener una ofensiva acorazada soviética. La doctrina militar estadounidense de los años ’80 y todo los desarrollos tecnológicos (M1 Abrams, M2 Bradley, AH-64 Apache, A-10 Thunderbolt II, etc.) tenían en mente la Brecha de Fulda. Entonces la Unión Soviética se disolvió en 1991 y diez años después EE.UU. sufrió el mayor ataque terrorista de su historia. La guerra para la que el ejército estadounidense llevaba décadas preparándose nunca ocurrió. Pero quien tiene un martillo sólo ve clavos a su alrededor. La administración Bush conjuró la amaneza no estatal que suponía Al Qaeda sacándose de la manga el “Eje del Mal” e invandiendo Iraq.

¿Pero la marina? ¿Quién necesita un submarino de ataque nuclear en tiempos de terroristas suicidas? Décadas preparándose para cazar submarinos soviéticos en la brecha GIUK (Groenlandia, Islandia y Reino Unido) y escoltar convoyes entre EE.UU. y Europa en una nueva “Batalla del Atlántico” , y la marina todavía anda buscando su sitio en el siglo XXI. Y a veces lo intenta de formas no muy honestas.

A principios de este mes se filtraba desde la oficina del jefe de operaciones navales de la U.S. Navy una lista de propuestas. Y tiene gracia, porque no piden más barcos ni más misiles. Quieren expertos en regiones, oficiales de asuntos civiles, unidades de guerra fluvial (otra vez la “marina de aguas marrones”, más unidades reservistas y la capacidad de procesar información sobre tráfico martítimo (que aunque no lo digan proviene muchas veces de fuentes abiertas). ¿Estarán tomando nota por aquí cerca?

Imposturas científicas

Se aproxima una fecha que marca un hito en el camino de mi vida. Es una tontería cronológica, sólo una cuestión de cifras. Pero a pesar de eso no paro de darle bastantes vueltas a lo que me espera a partir de aquí. Cosas de terminar la vida de estudiante y plantearte como vas a pagar el alquiler y poner un plato de pasta sobre la mesa (garbanzos nunca he cocinado).

Ahora miro atrás y pienso en aquellas noches de sábado con una cerveza en la mano hablando con los amigos y contando batallitas sobre el camino a elegir en la vida. Y si bien es verdad que he hecho lo que me ha dado la real gana ahora abro los periódicos por la sección de anuncios de trabajo y me río. Está muy bien eso de ser fiel a bla, bla, bla… Pero el día que cogí este camino me cerré las puertas al 90% del mercado laboral (el 8,6% restante son puestos de comercial para “jóvenes licenciados”). Así que mientras salta la sorpresa me queda el mundo académico o… el mundo académico. ¡Uff!

Podríamos empezar a hablar de los criterios de valoración de méritos en la contratación de profesores. En mi universidad había un departamento que valoraba hasta 14 puntos la presentación del programa de la asignatura y hasta 8 los méritos académicos. Supongamos que yo compitiera con Fernando Reinares o Manuel Castells en esas condiciones. Como yo sea amiguete de los profes que componen el tribunal tururú a los catedráticos. Casualidades de la vida el departamento de Sociología de mi universidad tiene uno de los criterios de selección más objetivos que conozco. Con lo cual en cualquier universidad española competiré contra los protegidos de los catedráticos de turno, y en la única universidad donde podría jugar a mi favor el “efecto cancha” el juego está equilibrado. Bueno, se supone que me fui de aquí para no volver.

Más allá de las pruebas y presentación de programas de asignatura ante tribunales está la valoración de “méritos objetivos”. Estos son: Expendiente académico. Cursos de posgrado y doctorado realizados. Libros, capítulos de libros y artículos publicados en revistas científicas. Ponencias en congresos. E investigaciones en las que se ha tomado parte. Además, según universidad y departamento lo mismo se valoran las becas Erasmus que idiomas extranjeros. Aquí empieza a ponerse la cosa interesante.

Escribir un capitulito de libro o formar parte de una investigación es cosa muchas veces de ser elegido por la mano de Dios. El doctorado es un rito de paso que implica escribir un tocho que nadie se va leer (todo el que se mueva en la universidad conoce anécdotas divertidas al respecto). Los “cum laudem” se dan como churros. Y las ponencias en los congresos científicos ¡todo un mundo por descubrir!. Veamos.

Siempre ha habido sospechas de que en muchas “revistas científicas” se aceptan los artículos tal cual entran. Ha habido experimentos de mandar artículos con notas a pie de página con frases del tipo “estoy seguro que esto no lo ha revisado nadie”. Más divertido fue el asunto Sokal. Pero Jeremy Stribling, Max Krohn y Dan Aguayo han dado un paso más al desarrollar un generador de artículos científicos sobre computación.

La idea es mandar artículos de coña a congresos científicos que aparentan tener unos criterios de admisión muy laxos. Detrás de estos congresos hay organizaciones académicas fantasmas que se dedican a organizar esta clase de saraos. Evidentemente se paga por participar y porque una ponencia admitida sea publicada en las actas del congreso. Quienes participan suelen ser estudiantes recién licenciados con un C.V. de poco peso, a la búsqueda de méritos con los que inflarlos.

Yo mismo estoy por hacerme un currículum en el, abandonado por mí, mundo de la informática. Ahí van mis aportaciones a la ciencia: “A case for Web Services”, “Magot: Autonomous, Perfect Symmetries” y mi favorito: “Deconstructing DHCP”.

Para que luego digan que la ciencia en España va mal. Yo ya he puesto mi granito de arena. ¿Alguien más se anima?

Lectores despistados

Callejeando esta mañana encontré la prensa inglesa. Volví a casa con The Daily Telegraph” y “The Times”. La noticia de portada en todas las cabeceras inglesas era que se había confirmado la autoría del atentado del jueves 7 por cuatro suicidas y que al menos tres habían sido identificados. Y además un detalle importante, el explosivo plástico sí era de tipo militar. Esto último es importante porque implica unos canales de acceso a un material difícil de obtener y una cierta pericia técnica en su manejo.

El que quiera puede constratar lo que hemos dicho en estos días y ver en cuánto acertamos. Creo que bastante. Pero me apatece ahora ponerle un punto y aparte. Han sido días intensos de mucho googlear en busca de noticias y datos. Y me apetece volver a tomarme las cosas con humor y poder contar batallitas personales sin que desentonen entre lo que escriba de nuevas guerras, terrorismo y tecnología.

La cobertura del 7-J en ciberpunk.net ha hecho que batamos algunas marcas en cuanto lectores. En el lapso de una semana este blog ha batido el número de lectores por tres veces. Pero he ahí que tan contento me puse a revisar con detenimiento los datos sobre qué llevó exactamente a los navegantes de Internet a mi blog. Y en esto llegué a qué palabras usadas en las herramientas de búsqueda hicieron que navegnates de Internet terminaran en mi blog. ¿Buscarían información sobre los atentados de Londres? ¿Acaso terrorismo? ¿Guerras y conflictos en general? ¿Alguno de los términos al uso: Guerras posmodernas, de cuarta generación, asimétricas, nuevas guerras, etc.? ¡No! En el mes de julio el criterio de búsqueda que más navegantes ha enviado a mi blog es… ¡”tíos buenos”!. Sí señor. Con un 40,81% y muy lejos del segundo, “lobo.lamatriz.org”, que se queda en un raquítico 3,36%. Eso para lo que llevamos del mes de julio. En el pasado mes de junio “tíos buenos” era igualmente el primer criterio de búsqueda con “sólo” un 19,13%. El segundo en ese mes fue “el lobo estepario” con un 6,03%. Miedo me da tener que sacar conclusiones sobre cómo atraer más lectores a este blog. Una prueba: ¡Pasen y vean! ¡Fotos de Jessica Alba en bikini!. ¡Las letras de las canciones de Operación Triunfo!. ¡Angelina Jolie y Brad Pitt haciendo nudismo en Formentera!. ¡Las recetas de Arguiñano!. Todo por la audiencia. Sí, señor… Y ah… Las reclamaciones de los decepcionados en “comentarios” por favor.

Por cierto, ayer puse un enlace a los nuevos blogs marroquíes de ciberpunk.net Se me olvidó uno. Error imperdonable. Como compensación por el despiste, aquí pongo el enlace que faltó y de paso propongo a David que invite a Nahid al próximo evento off-line de ciberpunk.net en Madrid. :P

La política internacional es cosa de machotes

Bambino me hablaba ayer vía Jabber de un artículo de David Horowitz aparecido en el Jerusalem Post. Me queda la duda de que sea el mismo David Horowitz ex-marxista reconvertido en ideológoco neococo. El Horowitz que escribe en el Jerusalem Post sigue la línea de los adolescentes descerebrados que escriben en foros de temas militares y los neococos de aquí al lado:

[T]he response of the targeted nation will be resilience and a determined response, rather than capitulation. London is not Madrid.

Todavía trato de comprender qué comportamiento de España como nación les resultó a toda esta gente una rendición. Alguien en el foro de militaryphotos.net lo resumía así: “Al menos nosotros tras el 11-S invadimos un par de países y nos dedicamos a matar musulmanes”. Así de claro y así de sencillo. No hay que darle vueltas para entender que la invasión de Iraq fue una catarsis colectiva: Darle una paliza a alguien, aunque no tuviera nada que ver con el 11-S. Realizar una exhibición de poderío militar como advertencia. Las relaciones internacionales entendidas en una clave “masculina” enfermiza: Valentía, cojones, violencia…

Así se entiende que para algunos en la cadena Fox, esa que abría el segmento de noticias sobre la invasión de Iraq con un águila volando sobre el título “Guerra contra el Terror”, no hay mal que por bien no venga. Los atentandos del 7-J servirán para que esos metrosexuales europeos sientan más ganas de patear culos musulmanes y de paso, dejar en segundo plano de la agenda del G8 temas tan absurdos como la pobreza africana o el cambio climático.