Sandokán ahora tiene GPS y teléfono satélite

Una de las características de los conflictos armados de la posguerra fría es la privatización y descentralización de la violencia. Pero esa idea no sólo se limita a los conflictos en los países en desarrollo, que son en los que yo estoy trabajando, sino que se convierten en un fenómeno general que desborda el concepto de conflicto armado.

En el 2001, ya Arquilla y Ronfeldt incluían las maras en su estudio de las futuras guerras en red. Ahora ya mismo se les considera una “amenaza la seguridad nacional” y, ¡cómo no!, se habla de vínculos con Al Qaeda.

En lugares como el golfo de Guinea, el Cuerno de África y el estrecho de Malaca los ataques de piratas al tráfico marítimo se han triplicado en la última década. En el sudeste asiático los tataranietos de Sandokán nunca abandonaron el negocio familiar, sólo que ahora en vez de sables emplean fusiles de asalto y granadas de mano. Atacan principalmente barcos de carga. A veces han llegado a robar el mismísimo barco, que varios meses después con nuevo nombre y diferente pintura vuelve a navegar. El problema es tal que los países de la zona, superando sus rivalidades y suspicacias mutuas, comenzaron a realizar patrullas navales conjuntas. De ello informaba el Gran Juego de Asia en el último trimestre de 2004. Pero la medida parece no haber surtido efecto. Por primera vez el gobierno de Malasia ha autorizado que barcos de escolta privados surquen las aguas del estrecho de Malaca. Tras los mercenarios sudafricanos en Sierra Leona y los “contratistas privados” en Iraq, ahora los tenemos surcando los mares.