¡Corre Lobo, corre!

Compruebo el correo. “No hay nada como el olor del spam por la mañana” ¿O era el napalm? Me encuentro con noticias de F. Nos habíamos perdido la pista desde hacía ya tiempo. Hace poco se me ocurrió sondear la posibilidad de hacerle una visita corta este próximo verano, y añadir así una ciudad más a mis planes de viaje. En su respuesta me cuenta que precisamene estos días se había acordado de mí, y al visitar el viejo blog se encontró la mudanza. Las estadísticas se han disparado con el cambio. Hasta el ratio de comentarios por entrada en el blog ha mejorado bastante. ¿Es el efecto de un simple cambio de estética y dominio? ¿Un diseño más limpio y el cambio a un subdominio de la matriz.org ha hecho que la gente preste más atención a mi blog?

Ya hablaremo de eso otro día. Porque miro el reloj y me doy cuenta que es tardísimo. En poco más de veinte minutos preparo el bolso de viaje y la mochila con el portátil. Salgo disparado hacia Barajas que me queda para colmo en la otra punta de Madrid. Facturo 25 kilos de libros. Pero hay overbooking y me encuentro esperando dos horas al siguiente vuelo a casa. De paso me han dado un vale para un almuerzo y una indemnización de 200 euros en metálico o 240 euros en pasajes. Con lo tieso que estoy mi bolsa de viaje acaba de recibir un empujón formidable. Por mí podía tocarme un overbooking en cada vuelo.

Durante la espera al siguiente vuelo y durante el vuelo leo “This is Serbia calling”. La vida tiene extraños giros. De mi tesina he llegado a las Revos de Colores. Estudiando los conflictos armados de la posguerra fría en el mundo en desarrollo paro inevitablemente en la ex-Yugoslavia. Y una idea se va abriendo estos días en mi cabeza. Sería interesante estudiar el papel de los medios de comunicación controlados por el aparato estatal en los genocidios yugoslavos y ruandés. De ahí a las Revos de Colores hay un sólo paso. Los regímenes pos-soviéticos van cayendo según se abre el abanico de medios de comunicación. Y dándole vueltas a eso me crucé con un ejemplar de “This is Serbia calling”.

Por la noche intento dormir. Imposible. Hay demasiadas cosas bullendo en mi mente. He venido a casa de mis padres para tratar de concentrarme y terminar de una vez el grueso de la tesina con el tiempo corriendo en contra. A la enésima vuelta enciendo la luz. Cojo una guía de viaje y mi cuaderno de notas. El corazón se me acelera. Siempre vendo la moto a mis padres de que viajar solo por ahí no tiene nada de particular, cuando a solas tiemblo del miedo. No recordaba esta parte del viaje: La emoción de un mapa desplegado sobre el que vas trazando una ruta con la imaginación. Las imágenes de las guías de viaje con las maravillas que te esperan. Viajar no es una metáfora de nada. Es la vida misma. Viajar significa libertad y poder. Significa que dejas de esperar no se sabe bien qué para elejir tu camino y asumir solo las consecuencias. Luego vendrán otros a decir “Jo, que suerte. Qué bien te lo montas viajando por tantos países”. ¿Suerte?

Y tampoco recordaba esa otra parte. La del miedo que te atenaza, y te hace querer tumbarte en la cama, taparte la cabeza con la almohada y preguntarte por qué tú mismo te metes en estos líos. Al menos dejé hace ya tiempo de preguntarme si merecía la pena gastar tanto dinero en algo que es efímero e inmaterial.

Recuerdo que en julio de 1999 colgué el mapa Michelín de Escandinavia en mi cuarto y lo cubrí de notas Post-It con la información de las paradas y los trenes del viaje InterRail que iba a hacer aquel verano. Mis padres mostraban su preocupación sobre el que iba a ser mi primer viaje completamente solo.Y yo les insistía que tenía todos los detalles controlados. En realidad no tenía ni idea de cómo cruzar desde el norte de Suecia, una vez acababa la línea de tren en Lulea (se escribe con un circulito sobre la “a”), hasta el norte de Finlandia. Y recuerdo un día mirando el mapa y tener que ir al salón a dar paseos de un lado a otro, como un león en una jaula, al asumir de pronto en la aventura que me había metido.

La solución me la dio en un foro de Internet un noruego que de paso me invitó de paso a Narvik. No pude aceptar su invitación porque tenía que estar en la Laponia finlandesa un día concreto. Pero en aquel foro me pasó algo increíble que quizás algún día cuente… ¡Pero no hay tiempo! ¡Es tardísimo! Tengo que irme corriendo a la universidad. Tres libros sobre geoestrategia, economía, cuestiones energéticas y conflictos en el Cáucaso me esperan.

Tengo un nudo en el estómago. Es el stress acumulado según se acerca la fecha de entrega de la tesina. Y hay algo de la ansiedad ante los planes del viaje todavía demasiado en el aire, pero de esto último es un precio que pago con gusto.

Nuestra próxima guerra con Marruecos

La Razón es un periódico que dedica especial atención a Marruecos y es, creo, el único medio español en el que es habitual encontrar información de lo que pasa en nuestro vecino del sur. Su encomiable celo por mantener a los lectores informados es tal, que cuando no hay noticias se las inventa.

Tras la crisis del islote de Perejil La Razón se sacó de la manga un supuesto “rearme marroquí”. El rearme sería gentileza de Arabia Saudí, que regalaría a Marruecos cazabombarderos F-16 y helicópteros de combate Apache. El bulo tenía toques de “Expediente X”: Los Apache esperaban en una “base secreta en Arabia Saudí” su traslado hasta Marruecos junto a los F-16, procedentes de los inventarios de la Real Fuerza Aérea Saudí. Esto último era algo un tanto difícil, ya que Arabia Saudita jamás ha tenido ese avión. Pero la idea caló, y periódicamente en los foros de debate españoles sobre temas militares alguien aparece preguntando por el temible “rearme marroquí”.

Esos mismos foros han estado bastante revueltos las últimas semanas. Todo a partir de la publicación en La Razón, cómo no, el domingo 1 de mayo de una noticia según la cual España iba a vender 20 carros de combate M60A3 a Marruecos. Los carros de combate en cuestión, para más inri, saldrían de las unidades de Ceuta y Melilla según se sustiyeran sus M-60A3 por Leopard 2E.

Si la noticia no era suficiente, La Razón insistió al día siguiente. Pero la situación había cambiado en 24 horas. Ya no se trataba de vender los M60A3 una vez se sustituyeran por Leopard 2E. Se venderían sin ser sustituidos, porque ya no se consideraba necesario que hubiera carros de combate en Ceuta y Melilla. Y de paso, se anunciaba el deseo (yo diría sueño) marroquí de dotarse con 60 cazabombarderos franceses de última generación Rafale. El pifostio esta servido.

Los comentarios virulentos de los siguientes días siguieron una línea semántica muy habitual de la derecha nacionalista española: La Patria traicionada y mancillada, el moro taimado y traicionero, “España se acaba”… Salpicados por los comentarios de algún troll radikal-guay furtivo acerda de que el ejército español es de chiste y perderíamos seguro la guerra, bla, bla, bla… Curiosamente los únicos que matizaron el alcance de la noticia tanto en los foros como ante la opinión pública fueron militares de carrera.

El M60A3 es el último modelo de un carro de combate que entró en servicio por primera vez en el U.S. Army ¡en 1960!. España recibió los suyos tras el fin de la Guerra Fría y la reducción de fuerzas convencionales en Europa. Por aquel entonces ya eran viejos y fue una parche en tiempos de vacas flacas para el Ministerio de Defensa. En España están siendo sustituidos por el Leopard 2E, una versión española (mejorada) del diseño alemán Leopard 2A6. Un elemento del salto tecnológico que las fuerzas armadas españolas han dado en los últimos veinte años (cazabombardero EF-2000, carro de combate Leopard 2E, fragatas F-100, etc.)

Marruecos, en cambio, ha quedado muy atrás respecto a sus vecinos España y Argelia (que tiene un programa de rearme real e importante). Según la fuente que se consulte Marruecos cuenta con un número limitado de carros de combate de primera línea (entre 60 y 120 M60A3 y 100 T-72 llegados de 2ª mano desde Bielorrusia). Así que esa supuesta venta de 20 carros de combate, y los que podrían haber seguido más tarde, venían a confirmar las sospechas de la limitada capacidad de Marruecos de comprar en el mercado internacional materiales de primera línea. Además la jugada cobraba tintes maquiavélicos: Mejor que nos compren a nosotros, y así saber perfectamente con qué armas cuentan, que se dirijan a los mercados de la antigua U.R.S.S. y no tener ni idea qué modelos han comprado y en qué estado están.. Y es que a día de hoy posiblemente sólo en la carretera de La Coruña tengan fotos y datos de esos T-72 ex-bielorrusos.

Sin embargo durante los siguientes días surgieron varios desmentidos. ¿Estábamos ante un bulo? ¿Se trataba de un globo sonda? No importa. La bola de nieve en los foros estaba servida y durante semanas hemos discutido sobre la eventualidad de una guerra con Marruecos por Ceuta y Melilla.

Paradójicamente conocer las capacidades militares de Marruecos es darse cuenta que antes de jugar a la guerra convencional Marruecos llegaría a la misma conclusión que Joshua: Curioso juego, Dr. Falken. Parece que la único forma de ganar es no jugar. ¿Jugará Marruecos a la guerra no convencional? Es más, si una de las características de los conflictos actuales es el auge de actores no estatales, ¿necesariamente el enemigo tiene que ser el estado marroquí? Puede que la situación más factible sea el estado español y marroquí enfrentados a una amenaza no estatal común. Quizás esa guerra ya ha empezado. Y algunos todavía no se han enterado.

Cine de verano: La guerra de los Tom Cruises

Cuando lo leí en la prensa local no me pude resistir a ir al cine. ¡3,30! Por lo que en Madrid pago una entrada aquí pago la entrada y un montón de chucherías. Los dueños del multicine local (3 salas) no han descubierto que el negocio del cine en el siglo XXI es cobrar a precio de oro las chucherías que se venden a pie de sala, así que hasta eso el precio era razonable.

Eso sí, aquí todo va más despacio. Estuve espearando un rato largo a que alguien me atendiera en la taquilla. Un empleado charlaba tranquilamente en la cabina de proyección y otro con una señora en la puerta del cine. Y yo esperando en la taquilla. El primero pasó a mi lado, me dio las buenas tardes, entró en la taquilla y salió y siguió con su charla. El segundo pasó a mi lado, me saludó igualmente y se fue al baño. Con mucha pachorra, quie dirían mi madre. Al volver, ¡por fin tuve mi entrada!, y muy decidido pedí una entrada para la sala 3 para la sesión de las 8:20. No hacía falta. La entrada era un trocito de papel de pulpa, como cuando era pequeño, con el número de sala. Todo un viaje en el tiempo.

¡Ah, sí! Iba a hablar de la película. Spielberg ha cogido “La guerra de los mundos” como una simple excusa, como un mero armazón: Unos alienígenas llegan a la tierra para arrasar todo a su paso y al final son derrotados por… Bueno, no le voy a contar el final. Y eso es el contexto del viaje físico y personal de Tom Cruise, un desasastre de padre, con su dos hijos. Cruise hace ese personaje al que estamos acostumbrado: Joven guay encantado de conocerse y que va a su bola. Lo mismo pilotando un F-14 Tomcat, detrás de una barra de bar, al volante de un coche de carreras NASCAR, en un bufete de abogados o como manager deportivo. Siempre el mismo. Pero esta vez para demostrar sus dotes intrepretativas hace el papel de padre divorciado white trash que es un completo desastre con sus hijos. Pero los hijos no son mejores: Una niña histérica y chillona (la sala tenía un volumen demasiado alto y salí con dolor de cabeza) y un adolescente zumbado. Por el camino, en su huida, se encuentran con Tim Robbins del que creí interpretaba a un simpático pirado survivalista. Pues no, compone un personaje de chalado de lo más enervante. Durante la película eché de menos a Sole, de Siete Vidas. Lo que necesitaban todos ellos era que apareciera Sole y los despabilara a todos a collejas.

Al principio el hijo le pregunte a Tom Cruise si el responsable de los primeros ataques son terroristas y paredes con carteles preguntado por los familiares desaperecidos son las “sutiles” referencias de Spielberg al 11-S. EE.UU. ya no es invulnerable. ¿Ese es el mensaje de la película? Para tan corto viaje, no hacían tantas alforjas.

El reino de los cielos cinematográficos

Hay dos actitudes con las que voy al cine: La del Lobo Estepario que espera que le hagan pensar o le conmuevan para bien o para mal, o la del friki dispuesto a pasar un buen rato viendo como se reparten galletas a base de disparos láser o estocadas de buen acero.

Me he metido en una sala de cine, de esas que parece una grada de estadio de fútbol, con dos amigos frikis a ver “El Reino de los Cielos”, la última película de Ridley Scott

La película nos presenta como un herrero francés termina de pura chiripa convertido en el defensor de Jerusalem frente al mismísimo Saladino. De paso, en plenas Cruzadas, inventa los conceptos de nación, ciudadanía, el ecumenismo y el multiculturalismo, a la par que demuestra unas dotes de estratega, logista y gobernador dignos de un auténtico viciado al Age of Empires. Que el herrero en cuestión además siendo un simple villano tenga dotes de espadachín tampoco queda muy claro. Pero parece que estamos ante la enésima reedición del concepto del super-mega-elegido-chachi-guay. El herrero, por cierto, es Orlando Bloom que despliega unas dotes interpretativas dignas del mismísimo Stevan Segal. Se pasa toda la película con la misma cara de pasmado. La réplica se la da Eva Green, a la que vimos por primera vez en aquela nube de humo que fue “Los Soñadores” de Bertolucci, y que aquí es la esposa del malo malísimo. Cuando creemos que vamos a tener una tormentosa tensión sexual a lo largo dela película resulta ser una falsa alarma. En la segunda ocasión que aparece en la película termina en la cama con Orlando Bloom, que supuestamente había ido a Tierra Santa afligido por la muerte de su mujer. ¡Eso sí que es llegar y besar el santo!. Hay, además, unos malos que son muy malos pero sin que sepamos muy bien por qué, más allá del fanatismo religioso. Y unos secundarios que rápidamente te caen simpáticos y piensas que darán mucho juego en la película. Pues tampoco. Mueren a las primeras de cambio.

Cuando leí que estaba en rodaje una película sobre las Cruzadas me temí lo peor. Cosas del 11-S. Pero aquí se nos presenta una Tierra Santa bajo dominio cristiano pero con un buen rollito multicultural, roto sólo por los malvados templarios sedientos de sangre. Aunque no se explique muy bien a cuenta de qué tanta sed de sangre y provocar una guerra cuando saben que los sarracenos les van a dar para el pelo. El discurso ecuménico y multicutural es de lo más simplocillo. Con lo poco que les hubiera costado saber por dónde iban los tiros en aquella época.

Descartado como punto fuerte de la película ese elemento secundario que es el guión nos queda el factor reparto-de-galletas. Y sin embargo algo falla. El cuerpo a cuerpo y las arengas de Leornado Bloom no llegan ni de lejos a las de Braveheart. Tras “El Señor de los Anillos” aquí los asedios medievales y las cargas de caballería les falta fuerza épica. El listón quedó demasiado alto. Y el intento de aportar algo nuevo se limita al modo en que los cristianos se deshacen de las torres de asalto sarracenas.

Llegado aquí debería tirarme el rollo cinéfilo. ¡Quién te ha visto Ridley Scott y quién te ve! Pero eso significa a estas alturas seguir dándole crédito porque en 1977 rodara “Los Duelistas”, en 1979 “Alien” y en 1982 “Blade Runner”. ¿Por cuánto tiempo más van a seguir los críticos diciendo eso de “parece mentira que alguien que dirigiera tan buenas películas firme bodrios como este”?

La Arcadia perdida que nunca existió

Estos estos días varias carreras universitarias de letras están revueltas. Los estudiantes de las licenciaturas de Filosofía, Humanidades e Historia del Arte están en pie de guerra por las reformas planeadas. Cosa todo de la “convergencia europea” en materia universitaria. Al parecer convertirán a Historia del Arte en una especialidad de Historia, y un hachazo caerá sobre la licenciatura de Humanidades haciéndola desaparecer.

Me ahorraré el lanzar un manifiesto en favor de las carreras de letras. Ya intenté explicar en su momento que tras el 11-S, en un mundo lleno de gurús del management, hacíamos faltaba otra clase de personas para enfrentarnos a este brave new world.

Pero hay un argumento que he oído varias veces en esta batalla y no comparto: “¿Qué será de las nuevas generación si desaparecen de sus planes de estudios las asignaturas de humanidades?”. Dicho todo de una manera que da a entender que nosotros salimos tan listos y tan críticos con el mundo que nos rodea gracias a las clases de filosofía y ética de 3º de B.U.P. Dudo de todo.

Dudo que haya un nosotros. Como si en España hubiera un corte generacional entre aquellos que estudiamos el ahora mítico B.U.P. y los que vinieron después. Puede que creciéramos viendo La Bola de Cristal en vez de programas del corazón. Puede que visitáramos a nuestras abuelas no en una residencia de ancianos, sino en su propia casa de la España rural donde nos ofrecína de desayuno leche recién ordeñada. Pero dudo que saliéramos todos listísimos y muy críticos con el mundo que nos rodea. No creo que mi generación fuera mejor que ninguna anterior o posterior.

Quien habla así, enunciando esa primera persona del plural, suele ser un friki o un empollón, al que la nostalgia ciega. Sólo tendría que hacer un poco de memoria para recordar cómo fuimos machacados por la masa en el colegio.

Y dudo que fuéramos el producto de aquellas clases de filosofía o ética en 3º de B.U.P. La mirada curiosa ya estaba presente mucho antes. Y fue cosa del azar, quizás no, que terminara recalando en un grupo de amigos que los sábados por la noche nos reuníamos en tertulias donde surgían nombres como Marvin Harris o Mario Bunge.

Y sin embargo… No digo que la lucha de los estudiantes de Historia del Arte y Filosofía me resulte indiferente. Es significativo que directamente pretenden cargarse títulos con una lógica que me resulta fácil adivinar (el mercado, el horror, el horror).

El jueves pasado recorría nuevamente los pasillos de la facultad de Ciencia Política y Sociología de la UCM, pero esta vez en compañía de David y Natalia. Y lo hice como quien enseñe su casa avergonzado por la roña acumulada por los compañeros de piso. Cada año que pasa la distancia que me separa de los estudiantes universitarios de los primeros cursos es mayor. Y viendo lo vacía que está siempre la biblioteca, el poco público en las conferencias y mesas redondas, y las repetidas convocatorias a botellones-en-solidaridad-con uno llega preguntarse por el futuro. El último que apague la luz, por favor.

Teorías conspiranoicas

Una vez un programa de cámara oculta desveló que las supuestas apariciones de la Virgen en un pueblo perdido eran un montaje de lo más cutre: Una señora con una linterna y una sábana por encima, como un niño disfrazado de fantasma. Era cosa de chiste si no fuera porque había donaciones de dinero por medio.

Tras el programa de TV la afluencia a las supuestas apariciones cayó en picado. Pero tiempo después el mismo programa mostró que había quedado un grupo de irreductibles incondicionales convencidos de que el programa mentía.

Cuando los hechos se encargan de desmentir sus creencias, una persona puede reaccionar ante ese shock inicial evitando por todos los medios asumir que se ha dejado engañar o simplemente se ha equivocado. Entonces reconstruye la realidad dentro de su cabeza para así no tener que enfrentarse a la tarea aparentemente más fácil de cambiar sus ideas.

Leí rebelion.org el 11-M y fue una experiencia bastante reveladora. En los primeros momentos aparecieron mensajes de distintos grupos y autores de izquierda impresionados por una masacre que creían obra de ETA. El suceso era lo suficientemente grave como para que se sucedieran los mensajes de apego a la Constitución y de condena al terrorismo etarra.

Más tarde, cuando las informaciones sobre la autoría yihadista se fueron sucediendo, se pudo percibir el suspiro de alivio colectivo. Superado el mal trago de criticar públicamente a ETA, podían dedicarse con saña por fin a su malo favorito, el gobierno del PP. Al enfado ante lo que entendían como desinformación por parte del gobierno del PP se añadía una cierta irritación por haber tenido que manifestarse públicamente en contra de ETA y apoyar de paso en un momento así al gobierno de la nación.

No recuerdo bien en quién pensé como responsable del 11-S aquel mismo día. No sé si Al Qaeda fue el primer nombre que me vino a la mente o fue cosas de oírselo nombrar a los periodistas. Sí he contado aquí como meses antes había estado leyendo sobre Al Qaeda, los talibán y los intereses geoestratégicos en Asia Central. Con mi profesor de relaciones internacionales había hablado sobre la amenaza para Estados Unidos del terrorismo yihadista. Pero sí que recuerdo que delante la TV mientras veía las Torres Gemelas en llamas me dije “Jo-der. ¡Ya está pasando!”. Pero tras los primeros días de commoción y horror que despertaron una ola de solidaridad hacia EE.UU. todo volvió a la normalidad.

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Para los listos, obra de la CIA y el Mossad.

En las siguientes semanas bastó que en las noticias mencionaran el papel de la CIA en la organización de la “Yihad” contra los soviéticos en Afganistán para que los radicales guays de izquierda me contaran que seguro que Bin Laden seguía trabajando para la CIA. En Internet alguien mencionó la supuesta noticia de un grupo de hombres que filmaban con sus cámaras el incendio de las Torres Gemelas entre muestras de alegría y alborozo. Ordenados a identificarse por la policía resultaron ser israelíes. Teníamos el elemento que faltaba en esta historia: El Mossad, ¡cómo no!. “¿Quién más beneficiado por el 11-S que Israel?”, decían. Luego tuvimos a los “expertos” que analizando las fotos del 11-S concluyeron que uno de los Boeing 767 llevaba adherido al fuselaje una cosa extraña en el momento del impacto contra su objetivo. Tenemos además acerca de que las Torres Gemelas se derrumbaron por el efecto de una carga explosiva en su interior. Por no mencionar la archiconocida de que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión.

Un sábado la Noche Temática de “La 2″ abordó el tema de las teorías conspiranoicas del 11-S y la amplia difusión de libros con tales teorías. En el mismo reportaje hacían un repaso exhaustivo de las fuentes de uno de ellos, lo que bastaba para desmontarlo. El documental de Arte Televisión se planteó una pregunta interesante. ¿Por qué la popularidad de tales teorías? La respuesta que trataban de dar mencionaba la fascinación que produce el sentir que se es partícipe de una saber oculto, accesible sólo a los iniciados frente a los gobiernos y los grandes poderes secretos. El ciudadano medio mientras agita la cucharilla del café a primera hora de la mañana se siente así especial frente a la masa anónima que desconce los secretos del Área 51 que a él le han sido desvelados en un programa radiofónico de madrugada. Sólo que hay que hacer una consulta a la base de datos española del ISBN para encontrar que el listado de libros sobre el 11-S y 11-M tienen en común un autor que ha piublicado otros libros sobre OVNIs.

Tengo un par de amigas que estudian historia del arte y que echan pestes del Tocho Da Vinci. Las dos han coincidido al contarme la aparición súbita de expertos en iconografía medieval y renacentista dando la vara sobre las grandes conspiraciones de la historia. Ya en enero Tetsuo diseccionaba el tema. Puede sonar risa que haya gente que basándose en una novela de ficción pretenda discutirle a estudiantes de historia. Pero en foros de Internet poco aptos para demócratas hipertensos se puede encontrar toda clase de teorías sobre el 11-M.

Ahora gracias a Internet sabemos que ZP pactó con ETA el 11-M, usando a Carod Rovira de intermediario. Que se ha ocultado la implicación de ETA en particular y en general la verdad del 11-M porque buena parte de los cuadros policiales que han participado en la investigación desde puestos de responsabilidad estuvieron en su momento implicados en los GAL y han mantenido su lealtad hacia el PSOE. Que los marroquíes detenidos como autores de los atentados son en realidad unos cabezas de turco que ni siquiera pusieron las bombas.

Hay quien responde a la pregunta de cuándo aparecerán las armas de destrucción masiva en Iraq con la frase “el que ríe el último ríe mejor”. Siguen esperando. Como yo esperaré el día que encuentren entre la montaña de papeles encontrados a los jefes de ETA un informe, un memorándum o una nota que haga referencia a la planificación del 11-M. O la constancia de una o varias llamadas telefónicas que vinculen a ETA y los yihadistas en España. Algo, una prueba. La clase de indicio que le permitiría a Grissom tirar del hilo. Tengo paciencia. Así que esperaré. Sentado.

Lecciones yugoslavas para España

El tener que sufrir a los nacionalismos periféricos ha convertido al “nacionalismo” en el nuevo coco ideológico de la política española.

Explicaba el otro día el tema del trabajo de investigación que estoy preparando para el máster que hice el año pasado. Trato de comprender la aparente explosión de conflictos étnicos y religiosos en el mundo tras el fin de la Guerra Fría. En mi opinión las cuestiones identitarias son meramente un discurso retórico que esconde la mayoría de las veces intereses y dinámicas sociales de lo más prosaicos.

El primer estudio de caso que he emprendido es el de la antigua Yugoslavia, paradigmático donde los haya. Es frecuente encontrar explicaciones sobre “odios ancestrales”, “violencia atávica”, el “peso de la historia”… Y es frecuente encontrar aquí en España menciones a la antigua Yugoslavia como advertencia de lo que nos podría pasar si no les paramos los pies a tiempo a Ibarretxe y Carod Rovira. Todo empezó con la secesión unilateral de Eslovenia y Croacia. De aquellos polvos vinieron luego los lodazales.

Si el nacionalismo como ideología fue la variable independiente que explicó los conflictos en la antigua Yugoslavia o la ex-Unión Soviética, deberían haber estallado en aquellos lugares donde el sentimiento nacionalista estaba más arraigado, como las repúblicas bálticas. Pero no fue así. O deberían haber estallado donde las fronteras cambiaron arbitrariamente tras la Segunda Guerra Mundial como en Polonia o Hungría. Pero tampoco fue así. Y aún así se presentan las corrientes nacionalistas en Croacia o el trazado de las fronteras en Armenia y Azerbaiyán como causa de sus guerras.

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Arkan, un atracador buscado por la Interpol, se convirtió en líder de una milicia personal que realizaba el trabajo sucio a los serbios en Bosnia.

Un elemento que se pasa por alto es que los nacionalismos secesionistas de Eslovenia y Croacia se encontraron de frente al nacionalismo serbio. En un principio este último se mostró dispuesto a liquidar el estado federal en un especie de “café para todos” a la yugoslava. Pero pronto un elemento fundamental de su programa político fue la idea de que Serbia, la Gran Serbia, alcanzaba hasta allí donde hubieran serbios. Algo parecido a la consideración de la Alemania nazi sobre los volkdeutsche, los alemanes que habitaban fuera de las fronteras alemanas. En el caso serbio se trataba de anexionarse los territorios de la Krajina y Eslavonia Oriental que habían quedado en el interior de la fronteras croatas, y buena parte de la Bosnia habitada por serbios (la actual República Srpska).

Las distintas descentralizaciones políticas y económicas emprendidas en la Yugoslavia socialista desafíaban claramente la hegemonía serbia, así que se “compensó” a esta república con un mayor peso de los étnicamente serbios en el Ejército Popular Yugoslavo, garante según la constitución de 1974 de la unidad nacional.

Los elementos que llevaron a la guerra quedan entonces claros: Una fuerza nacionalista que controla los aparatos del Estado, incluyendo los medios de comunicación y las fuerzas armadas, se opone a la secesión de partes de ese Estado con el argumento de defender los derechos de los “suyos” en esos territorios separatistas.

Ahora hagamos el ejercicio de trasladar esa situación a España, y tratar de señalar las correspondencias entre los actores. Ustedes mismos.