Demócratas pero… pero porompompero

El titular viene hecho: “Good bye Franco”, “El Caudillo cagalga de nuevo”…

Ha sido curioso leer a tanto periodista, columnista y blogger hacer profesión de fe democrática antes de hablar de la retirada de la estatua de Franco, aquí en Madrid, para a continuación añadir un “pero…”, y entonces explayarse a gusto contra ZP y la retirada de la estatua.

Podría decir que de una vez por todas han quedado retratados estos demócratas de pacotilla. Bueno, es sólo una ocasión más de tantas. Pero a mí se me acaban los objetivos para tratan de describir ese pastiche ideológico neoliberal retro/post/neoconservador-postnacional-católico. Si es que voy a tener que seguir con “Trazando Nuevos Mapas Ideológicos“, a ver si nos aclaramos entre todos.

Yo me he tomado a guasa esa constante permanencia de la Guerra Civil en la boca de la derecha española, con la excusa de que la izquierda quien escarbar viejos fantasmas. “¡No nos perdonan que nosotros ganáramos la Guerra Civil!” proclaman demócratas de toda la vida.

Es entendible que la izquierda quiera enterrar dignamente a sus muertos (la derecha lo hizo ya en su momento). Pero empiezo a darme cuenta que mientras la izquierda habla del pasado y de la memoria histórica (concepto discutible), en la derecha se habla de la Guerra Civil como reflejo de lo que está pasando ahora. El plan Ibarretxe, la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, la pérdida de privilegios de la Iglesia Católica… según ellos nos pone de nuevo en los años 30. Y de ahí la necesidad de construir la supermegaconspiración en torno al 11-M: Primero con las movilizaciones del 13-M primero, y ahora con la investigación de la trama terrorista. La idea es legitimar cualquier maniobra extralegal en contra del gobierno del PSOE. Ya lo hicieron antes. Y de paso han tratado de reescribir la historia, convirtiendo a 1934 en el año 0 de la historia contemporánea española. Según ellos tenemos que agradecer el fallido golpe de estado del 18 de julio de 1936 y la posterior Guerra Civil, porque nos salvó del desastre (!).

Son cuatro gatos. Pero hay quienes en la España del 2005 sueñan con un nuevo “Alzamiento”. Y no son precisamente los cuatro gatos que el otro día brazo en alto protestaban por la retirada de la estatua de Franco.

Las aerolíneas de la CIA al descubierto

En el año 2.002 un grupo de diez turistas británicos y dos holandeses fue detenido en Grecia acusados de espionaje por dedicarse a hacer fotos de aviones militares. Hay países donde el nivel que alcanzan las restricciones justificadas por cuestiones de “seguridad nacional” puede parecernos soprendente. Pero más sorprendente puede resultarles a algunos que haya gente que tenga por afición colocarse cerca de un aeropuerto y hacer fotos a los aviones que despegan y aterrizan. Recuerdo que mi padre nos llevaba a mi hermana y a mí, siendo yo pequeño, cerca de la cabecera del aeropuerto para ver los aviones. Y muchos más tarde recuerdo hacer lo mismo cerca de aquel mismo sitio y presenciar el espectáculo de ver aterrizar a un Boeing 747 en toda su majestuosidad; levantando, eso sí, un huracán de polvo y mierda.

En inglés a las personas aficionadas a hacer eso mismo se les denomina “spotters” e Internet, cómo no, ha permitido ponerles en contacto. Existen varias páginas webs que son verdaderas bases de datos de fotos de aviones. Uno puede encontrar las irrepetibles imágenes de un 747 entre los rascacielos de Hong Kong en la aproximación final al aeropuerto de Kai Tak. O igualmente encontrarse una foto de helicópteros de combate Mi-24P de Ucrania con los colores de Naciones Unidas en Freetown, Sierra Leona.

En lo que nadie pensó fue en qué pasa cuando pones a disposición de la gente una enorme base de datos que muestra aviones especificando lugar y fecha. El cruce y análisis de información abierta puede tener insospechados resultados. Y más cuando los entusiastas de la aviación o de temas militares tienden a buscar a sus iguales en foros de discusión. La inteligencia colectiva de tanto friki aeronáutico ha destapado mediante el uso de “Internet searches of aviation and public-record databases” las líneas aéreas y empresas de transporte que la CIA usa como cobertura. Así a pesar de los sucesivos cambios de matrícula o de dueño se le puede seguir la pista a una avión mediante bases de datos como la de la Federal Aviation Administration.

Formando parte de Lynden Air Cargo, Southern Air Transport, R J Harroff Bussines Associates LLC Co., Tepper Aviation Inc, Premier Executive Transport Services, Bayard Foreign Marketing LLC, Keeler and Tate Management LLC… la flota de aeronaves de la CIA incluye L100, Boeing BBJ, CN-235, Gulftream V, Mil Mi-8

Todo no pasaría más que por revelar un secreto no tan oculto, como quién estaba detrás de las operaciones de Air America en Vietnam y Laos, o incordiar a la CIA obligándola a cambiar de tapadera. Sin embargo el seguimiento de los periplos de un Boeing BBJ, un Boeing 737-700 convertido en avión de transporte ejecutivo en sus periplos por lugares como Afganistán, Iraq, Marruecos, Guantánamo, etc… ha destapado una operación estadounidense de traslado de sospechosos de terorismo desde Europa a esos países donde los derechos humanos se aplican de una forma un tanto laxa

Al final, entre la suspensión del habeas corpus y estos vuelos la administración Bush está haciendo sus pinitos para ponerse a la altura de aquel campeón del liberalismo que fue Pinochet.

Más en:

Washington Post (vía periodistadigital.com)

New Yorker

This is London

The Australian

Der Spiegel (alemán)

Checkpoints que los carga el diablo

El otro día enlazaba a un artículo de Newsweek que hablaba de los puestos de control en Iraq. También enlazaba a una secuencia de fotos de un coche que había sido tiroteado una noche al no atender a las señales desde uno de ellos. En el interior viajaba un matrimonio, que resultó muerto, y sus seis hijos.

Los ataque suicidas a los puestos de control empezaron ya durante la invasión de Iraq. Lo que llevó a unas Rules Of Engagement libérrimas a la hora de disparar. La carretera que une Bagdad y su aeropuerto es uno de esos territorios comanches, donde se concentran las emboscadas y los tiroteos por el impacto mediático de cortar la comunicación de Bagdad con su principal puerta de entrada desde el extranjero y dar una imagen de país fuera de control. La embajada de EE.UU. ha prohibido a sus empleados que circulen por ella.

El tiroteo del coche de la periodista italiana precisamente en esa carretera no es casual. El problema es que con tal de criticar a la intervención estadounidense en Iraq inventarse historias de conspiraciones, en la que los secuestradores estaban preocupados por la integridad física de la periodista y en cambio los estadounidenses no querían que regresara viva a casa. Al final, Y todo se saldará como un triste accidente, y las 300 ó 400 balas que dijo Giuliana Sgrena que habían disparado al coche, resultaron ser una docena.

Ya dije una vez que abordar la realidad con una perspectiva crítica requiere hacerlo con el máximo rigor, porque hay maquinarias demasiado poderosas para machacar a quien meta la pata. No necesitamos verdades particulares, sino verdades a secas.

Te recuerdo Ricardo Ortega

Esta mañana desayuné viendo la sonrisita boba de una compañera de la cadena para la que trabajabas mientras hablaba de tu muerte. Ni una sola mención a ti como periodista o como persona. Sólo era una excusa para anunciar una nueva emisión de aquel reportaje donde “indagaban” las circunstancias de tu muerte, dejando caer la sospecha de que fue una bala estadounidense la que te mató. Otra vez los mismas puta imágenes, segundos antes de tu muerte.

Y no, no me da la gana. Hijos de la gran puta. Mercachifleando con la muerte de alguien a quien dejásteis tirado. Ni una sola mención a su trabajo, a a su vida. ¿Cómo no olvidar aquellas crónicas en la primera guerra de Chechenia? Eran viscerales, muy personales. Pero contigo las cosas estaban claras. No había que leer entre líneas. No había que imaginarse lo que dejabas de contar. Luego supe que ni siquiera ibas para periodista. Fuiste a Rusia a estudiar física. Empezaste a mandar crónicas. Y te pilló Chechenia. Mandaste crónicas que ni soñando harán jamás en su puta vida todas esas vedettes televisivas. Recuerdo aquellos chechenos, en la primera guerra, caminando al fondo del plano, y mirando a la cámara haciendo la señal de la victoria con los dedos y diciendo “No pasarán”. ¿Les pediste que lo dijeran? ¿O era algo que salía en los libros de texto en tiempos soviéticos? O aquella frase cerrando una crónica en la segunda guerra de Chechenia: “En el subsuelo, el petróleo, y en la superficie la sangre derramada de los inocentes”.

Te recuerdo volando en un Mi-8 rumbo al valle del Panshir, para visitar a Sha Massud. Antes del 11-S. Luego te mandaron a EE.UU. Y fue divertido verte hacer la crónica de la entrega de los Óscar. Hablabas de los trapiches de las grandes productoras intentado “colocar” sus películas entre los miembros de la Academia que votaban los premios con la mismo pasión con la que antes habías hablado de los intereses geoestratégicos en el Cáucaso.

Así que no me da la gana que el tiempo borre todo aquello que hiciste, y que tu muerte sea carne de share.

“Salgo para Haití” por Rafael Poch.

Ricardo Ortega, el periodista español muerto ayer en Haití, había sido cesado en octubre como corresponsal en Nueva York de “Antena 3”, “por una presión expresa de La Moncloa”. Esas fueron las palabras de Ricardo en uno de los últimos intercambios de correo que mantuvimos. No fue una frase suelta, era un texto largo, con todo lujo de detalles y lleno de reflexiones amargas.

Gracias a los periodistas muertos, el público puede irse enterando de lo que es en realidad ésta profesión, en nuestra democrática y transparente sociedad. Un mundo de censura, autocensura, clientelismo y precariedad laboral. Un medio ambiente mediocre y corrupto, como el de la época de Brezhnev en la URSS. Un universo en el que ascienden los disciplinados y conformistas, con poco margen para el espíritu crítico que surge de la honestidad y de la elemental sensibilidad ante la injusticia.

Las crónicas de Ricardo durante la guerra de Iraq no habían gustado. Desentonaban con el infame alineamiento del gobierno del PP. Ya le habían llamado la atención en varias ocasiones. En mensajes anteriores me adelantó, que la cosa acabaría estallando. Pero con Ricardo no era fácil. Era listo, inteligente. Sabía cómo maniobrar, practicar el posibilismo, torear a los mediocres censores. Así, lograba seguir diciendo cosas, incluso en una cadena de televisión de la España actual.

“Lo que siempre me temí, ya ha llegado”, me anunciaba en octubre. No tenía vuelta atrás, porque el cese venía “por una presión expresa de La Moncloa”, decía. Pedía consejo. ¿Qué hacer?

Con la alegría de quien no se está jugando su propio puesto de trabajo, le propuse el recetario de Don Quijote; poner en evidencia a los censores con escándalo. Lo más importante es no hacerles el juego, llamar a las cosas por su nombre. Llevar la honestidad hasta sus últimos extremos. Será un glorioso desastre para tu carrera, porque te sentirás orgulloso ante tu consciencia.

“Pidió una excedencia”, leo en las notas que se publican sobre su trayectoria. Aparentemente, todo muy limpio. No fue así. Ricardo calculó friamente sus posibilidades. Le interesaba más no romper con “Antena 3”. Con algunos de sus jefes mantenía una excelente relación personal. Se trataba de intentar seguir vendiendo reportajes a esa y otras cadenas en calidad de autónomo… En nuestra correspondencia, Ricardo me pidió absoluta discrección. Ahora ya no hay secreto que valga. No habría citado todo esto, si no fuera por las inexactitudes que rodean su necrológica. ¿Es posible disimular, sin traicionar mi propio y grandilocuente consejo?

Lo más dificil es hablar friamente de Ricardo como periodista y persona. Ha sido de lo mejor. Dos anécdotas chechenas. Buscando un lugar para grabar una entradilla en los alrededores de Grozny, con su cámara (Kique o Manolo). Deciden subirse a la terraza de una casa destruida, a unos cien metros del lugar en el que se encuentran. Comienzan a caminar, y, en ese momento, cae un proyectil de artillería que destruye lo que quedaba de la casa y su terraza. Cuestión de pocos minutos. Otra, en los alrededores de Argún, en compañía de guerrilleros en campo abierto. Son detectados por un helicóptero ruso que comienza a ametrallarles. El único accidente del terreno es un riachuelo. Ricardo se mete en él junto con su cámara. El agua helada les llega a la rodilla y están solos. No hay follaje, son un blanco claro y fácil. El helicóptero, que distingue perfectamente la cámara, maniobra para enfilar de frente la vaguada. Ahora ya no hay cobertura ni error posible. En el momento en que va a empezar a disparar, el helicóptero es derribado por un guerrillero… con un lanzagranadas. Una especie de milagro. “!Allah Akhbar!”.

Ricardo fue el mejor en Chechenia. Todos vivíamos de él, de sus contactos y relaciones. Conocía a todos los comandantes. Era una persona que inspiraba confianza a aquellos fieros personajes, mitad héroes, mitad hidalgos, mitad bandidos. Era un tipo valiente. Estaba acostumbrado a jugarse la vida por informar.

En Afganistán fue el primero en llegar a Talukán, cuando esa capital de provincia fue recuperada por el ejército del fallecido Masud. Ricardo accedió a la ciudad atravesando campos de minas, muy a su pesar. “Cuando me di cuenta, era más peligroso retroceder que continuar”. Siempre me salía el mismo comentario: “pero, Ricardo, ¿tú crees que vale la pena tanto riesgo y sacrificio por una televisión tan mediocre?”. No era un “guerritas”, ni un inconsciente ávido de gloria periodística. Era el oficio.

Diecinueve meses antes habíamos entrevistado a Masud cerca de Talukán, en la visita más peligrosa a Afganistán que recuerdo. El 11 de septiembre de 2001, dos horas antes del atentado contra las torres gemelas, Ricardo, que para entonces ya trabajaba en Manhattan, me telefoneó a Moscú. Dos días antes habían matado a Masud en un atentado suicida muy poco afgano y Ricardo estaba ”mosca”, me dijo. Otra de sus grandes cualidades periodísticas era la intuición. “¿Se estará preparando algo en Afganistán?”, se preguntaba. La respuesta la obtuvo aquel mismo día en Nueva York, junto a su oficina.

Ricardo Ortega había buscado contactos con la red de Ben Laden en Florida antes del 11-S. En Nueva York hay bastantes taxistas afganos y todo había empezado con una carrera casual por Manhattan con uno de aquellos taxistas, con quien había entablado conversación en ruso sobre Afganistán. El taxista le dio alguna pista y le dejó su teléfono. Ricardo hizo varias llamadas a aquel teléfono antes del 11-S. Luego se enteró de que su nombre figuraba en las listas de sospechosos del FBI, que había indagado sobre su persona ante el CESID a causa de aquellas llamadas.

Todo esto me lo explicó en el contexto de una conversación mucho más interesante, general y profunda sobre Estados Unidos, país con el que, naturalmente, estaba fascinado. Una fascinación inteligente, desde el cinismo y escepticismo resultado de nuestra común experiencia moscovita. Nada que ver con las bobadas del “sueño americano” y todo eso.

Ricardo se dio cuenta enseguida de que la política americana -lo que se cuece realmente en los pasillos del poder- es algo tremendamente opaco y secreto, sin apenas nada que ver con lo que ventila la “prensa más libre del mundo”. Contra lo que se piensa, los americanos están pésimamente informados sobre su política y sobre el mundo en general. Sus medios de información consumen fundamentalmente el pienso que les ofrece la política informativa de su gobierno, incluidas filtraciones confidenciales o accidentales, que sirven para dirigir la atención hacia las convenientes falsedades. Recordemos los cuentos anteriores; el “expansionismo soviético”, la “amenaza china en Asia”, el “efecto dominó” y sus fantasías en las portadas de “Time”, “Newsweek” y los demás; el inexistente “incidente del Golfo de Tonkin”, que sirvió para iniciar la guerra de Vietnam. Todo eso ayuda a situar hoy la “guerra contra el terrorismo”, la “amenaza de Corea del Norte”, las “armas de destrucción masiva de Saddam”, etc, etc. Gracias a esos medios, los ciudadanos de ese país creen, en serio, que Saddam representaba una amenaza de destrucción masiva para Estados Unidos, no para Kuwait, ni para Israel, o Irán, para Estados Unidos, y que estaba vinculado a redes terroristas.

“Al lado de esto, lo del Kremlin es un cuento de niños”, me dijo Ricardo. Efectivamente, en Moscú, podíamos seguir las líneas maestras de la política rusa a grandes rasgos. Políticos y analistas con información de primera mano eran accesibles. “Nada de eso ocurre aquí, este es un mundo hermético, sin apenas fisuras”. Entrevistar a un polítologo retrógrado de tercera categoría, o a un ayudante de senador, es complicadísimo en Washington para un medio español. Intuitivamente, Ricardo se acercaba así a conclusiónes parecidas a las del Profesor disidente, Noam Chomsky, una de las mentes más sanas y preclaras de ese gran país, que está llamando la atención hacia la conversión de Estados Unidos en una especie de estado totalitario, con intelectuales y medios de comunicación bien pagados de vocación orwelliana. Nosotros, en España, seguimos esa estela.

Otra consideración interesante sobre Ricardo Ortega es cómo llegó al periodismo. Su trayectoria demuestra que un buen periodista surge de lo más insospechado. Ricardo había estudiado físicas en Moscú y comenzó trabajando como intérprete en la delegación de la agencia Efe. De ahí pasó a hacer algunas fotos y a redactar algunos despachos, hasta que Lourdes García, que entonces llevaba la corresponsalía de “Antena 3” en Moscú, se quedó embarazada de nuestra segunda hija. Como periodista, Ricardo fue resultado de mi hija Elisa, una gloriosa carambola. La mejor consecuencia. Un lujo.

La tendencia a elogiar al querido compañero muerto puede parecer irresistible. No lo es al escribir estas líneas tan tristes. La profesión periodística es dura, individualista y competitiva. No suele expresar nuestras mejores cualidades. En ocho años de contacto con Ricardo, no recuerdo un sólo episodio mediocre. Mucha generosidad, nobleza de carácter, muchas risas y mucho ingenio. Sus padres, pueden sentirse orgullosos.

Los menos valientes nos sentíamos arropados con Ricardo. Viajar con él hacia la aventura, era una cierta garantía de seguridad. Era un tipo carismático, que inspiraba confianza y seguridad. Lo que le ha ocurrido en Puerto Principe ha sido mala suerte. Sin haber estado allá, se cómo fue su muerte. Conociéndole no tengo ninguna duda acerca de sus últimos momentos antes de ser herido: midió la situación, tomó la mejor decisión posible en aquel instante y a continuación le alcanzaron las balas. Es como cuando un buen conductor tiene un accidente de tráfico. Mala suerte.

Su último mensaje me anunciaba, la semana pasada, su próxima visita a Taiwán con motivo de las elecciones. “Me ha tocado un viaje gratis para cubrir las elecciones en una rifa de la ONU”, decía. Un viaje organizado y financiado por la “diplomacia de los dólares” de Taipei, ahora que se había quedado sin el sueldo de “Antena 3”. Y la última línea, “Salgo para Haití”

Enmascarando a los insurgentes

La blogosfera es así. Es sólo cuestión de tirar del hilo…

PRISM (Project for the Research of Islamist Movements), una organización israelí, ha publicado un informe sobre los yihadistas en Iraq, cuya mención en Rantingprofs recogió Barcepundit.

PRISM ha hecho un recuento a partir de las listas de yihadistas extranjeros muertos en Iraq recopiladas en páginas webs. Los yihadistas tienen la costumbre de publicar datos de los muertos, sin escatimar morbosas fotos de sus cadáveres. Es algo que había visto en Bosnia y Chechenia. Y han empezado a hacer con Iraq.

PRISM es el primero en reconocer que los datos le llegan indirectamente, y que siendo datos sólo de los muertos reconocidos y publicitados la lista “does not necessarily reflect the exact numbers and composition of all Arab volunteers in Iraq”. Pero al menos es útil es comprobar de forma aproximada el peso estadístico de las distintas nacionalidades. Y una de las cosas que PRISM ha encontrado es que los iraquíes sólo componen el 8,4%, concluyendo como hice yo mismo al ver los datos aislados por primera vez, que si los iraquíes tienen tan escasa presencia entre las células yihadistas entonces la insurgencia autóctona responde a otros motivaciones. PRISM habla de baazistas. Rod Nordland, Tom Masland y Christopher Dickey, de Nesweek, en su altamente recomendable artículo “Unmasking the Insurgents“, hablan de “a growing array of soldiers and security men from Saddam’s devastated military, members of his old Baathist regime, rebellious desert tribesmen, fierce nationalists, common thugs and a relatively few itinerant fanatics from around the Muslim world”.

Soldiers For The Truth recogía un informe del Center for Strategic and International Studies de finales de 2004 sobre la insurgencia iraquí. En unos términos muy familiares el informe, que he descubierto estos días vía Íñigo Sáez de Ugarte, cuenta cómo el referirse a los insurgentes como “terroristas” contribuyó a subestimar su amenaza y el alcance de su apoyo entre la población iraquí.

En su página 14 se dice: “The insurgency seems to remain largely Iraqi and Sunni dominated. Some 35 Sunni Arab groups have made some kind of public announcement or claimed responsibility for terrorist or insurgent attacks – although many may be little more than cells and some may be efforts to shift the blame for attacks or make the insurgent movement seem larger than

it is. An overwhelming majority of those captured or killed have been Iraqi Sunnis, as well as something like 90-95% of those detained”.

Y en la 15 además, en la misma línea que el trío de periodistas del Newsweek: “The Sunni insurgents are divided into a complex mix of Sunni nationalists, pro-Ba’ath/exregime, Sunni Iraqi Islamist, outside Islamic extremists, foreign volunteers with no clear alignment, and paid or politically motivated criminals”.

A estas alturas creo que ha quedado clara la naturaleza de la insurgencia iraquí, a la que le pronostico un futuro a la argelina. Los yihadistas en Iraq han cavado su propia tumba al rechazar la convocatoria de elecciones (que los iraquíes quieran regir su propio destino implica que rechacen a los estadounidenses pero no las elecciones). Las detenciones de miembros próximos a Al Zarqawi posiblemente sean un síntoma de que más iraquíes cada día estén dispuestos a librarse de tipos como Al Zarqawi.

Lo curioso es encontrarse a gente pululando por la blogsfera española que saca la conclusión de que ese 10% de iraquíes entre las filas yihadistas es la prueba de que no hay una insurgencia iraquí como tal. Sólo hay terroristas extranjeros. Y que Iraq se haya convertido tras la invasión estadounidense en el reclamo de todos los chiflados de Medio Oriente que quieren ir al Paraíso es sólo la prueba palpable de que Iraq era un estado terrorista, y la invasión estaba justificada. Desde luego, hay gente pa’ to’.

Esta vez la revolución será transmitida

Pensé que era cosa mía. Una de esas ideas peregrinas de las mías. Hasta que me encontré lo mismo en el blog de Instapundit, el überblogger.

Y es que es bastante llamativo como las noticias se han llenado de chicas libanesas:

The Economist

The Weekly Standard

Newsweek

Una foto de Associated Press:

Una foto de la Agencia France Presse:

Y otra más de AFP:

O bien los fotógrafos que cubren Oriente Medio se han hartado de fotografiar cuerpos destrozados en atentados terroristas y han dado rienda suelta a las hormonas, o alguien se ha propuesto vendernos la revolución libanesa por los ojos.

Y claro, frente a eso, esto:

Otra pandilla de chiflados árabes jaleando al dictador de turno cantando “¡con nuestra alma, con nuestra sangre te defenderemos Bachar Al Assad!” mientros uno se autolesiona. Igualito que aquellos chiflados filmados por Jon Sistiaga y José Couso a las afueras de Bagdad durante la invasión de marzo de 2003.

Kerry Spot tiene una teoría. Se trata de una nueva forma de guerra asimétrica. Copar los informativos con imágenes de tías buenas, esperando atraer la atención de la blogosfera política que es desproporcionadamente masculina. El hecho es que hasta yo estoy hablando de ello…

Prima donna dando el cante

Me había olvidado mencionar que la semana pasada fui a la presentación de otro libro sobre el 11-M. En un “salón noble” de un palecete madrileño de rancio abolengo. Mucha gente encorbatada. Y arrancó el acto con la introducción a cargo de cierta figura del panorama académico español.

Lo conocí por primera vez a través de un tocho de más de 600 páginas por el que tuve que pagar una pasta gansa y estudiarme para una de las asignaturas más duras de la carrera. La había dejado para septiembre y aquel verano me pilló una enfermedad vírica que los dos médicos que me atendiero nunca se pusieron de acuerdo a la hora de identificar: ¿Mononucleosis o hepatitis vírica?

Tras días con fiebre, pasé semanas hecho mierda en la cama. Y cuando llegó

septiembre tuve que tragarme aquel tocho. Iba a la universidad y pasaba las hojas con desgana. Como obra de referencia no estaba mal. Pero como manual de una asignatura el libro era infumable. La perspectiva didáctica era nula. Recuerdo los latinajos, las citas en inglés, francés y alemán. ¿A cuento de qué? ¿Presumir de políglota?

El día antes del examen, que era por la tarde, fue cuando por primera vez me senté en serio a estudiar. Así que realmente estudié con ganas un día y medio. Y aún así aprobé. No sé muy bien cómo. El libro lo puse en la estantería, aunque sólo fuera por el dinero que tuve que pagar por él. Y allí quedó.

Volví a encontrarme con el autor cuando lo nombraron director de un centro de estudios de una materia que no tenía nada que ver con lo suyo. Y hasta sacó un libro sobre el tema en una de las editoriales de un poder fáctico fácilmente reconocible. ¿Cobrando o pagando favores?

Y en el acto de la semana pasada fue hablar y meter la pata. Mezclando a los muyahidín de los ’80 con los talibán de los ’90. Leyendo fragmentos del Corán para hacernos ver qué malo es el Islam. Menos mal que no le dio por leer fragmentos del Levítico. Hubiéramos salido todos en desbandada a quemar iglesias.

Supongo que eso pasa cuando te conviertes en una estrella académica. Tanto tiempo invitado a la tele, la radio y escribiendo columnas periodísticas que no da tiempo para leer. Y es que la fama es muy dura…

Iraq, año II de la Pax Americana

Cualquiera que siguió las elecciones iraquíes por los medios de comunicación pudo sacar la conclusión de que sucedieron en un país diferente a aquel del que yo he estado hablando aquí. Tras el fiasco de las armas de destrucción masiva y el hundimiento del aparato estatal iraquí, algo parecía salirle por fin bien a la administración Bush en Iraq. Y pudimos leer a los neococos españoles exultantes en sus blogs durante unos días. La información de los medios de comunicación se llenó de ruido y fue difícil durante días saber qué estaba pasando realmente.

Ahora es momento de revisar y contrastar con la realidad lo dicho en la “triología iraquí: “Vietnam Redux“, “Aprendices de brujo en Mesopotamia” y “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo“.

Hay quien no entendió (véase) lo que quería decir. Así que por si alguno todavía no lo ha pillado, la ESO ha causado estragos en la comprensión lectora, se lo explico brevemente:

* Las fuerzas armadas estadounidenses están empantanadas en Iraq. De las diez divisiones de primera línea del U.S. Army, allí estaban destinadas tres divisiones y una brigada. Teniendo en cuenta las unidades “descansando” tras servir en Iraq, las que se están preparando para ser enviadas, las destinadas en Afganistán y las permanentemente destinadas en Corea, la capacidad de afrontar nuevas e inesperadas amenazas es discutible.

* Si bien es cierto que en Iraq se cometen bastantes acciones terroristas, lo que está pasando allí es más que mero terrorismo. Se trata de una guerra no convencional y de desgaste.

* Enfrentados a unos insurgentes que no respetan las leyes de la guerra, los soldados se ven obligados a desconfiar de la población civil, y tienden a disparar primero y preguntar después.

* Cuanto más se prolonga la guerra y más bajas se acumulan, a pesar de que se ganen las batallas, más aumenta la probabilidad de que la opinión pública se harte y pida una retirada de las tropas.

* El uso de los países aledaños como santuario, y el apoyo que reciben los insurgentes de sus gobiernos, eleva el riesgo de extensión del conflicto más allá de las fronteras de Iraq.

A pesar de un análisis tan pesimista, en este tiempo transcurrido creo que hay pistas que podrían llevar por primera vez a ser optimistas desde la perspectiva del gobierno de los EE.UU. Las elecciones ha hecho que las mútliples ramas de la insurgencia pongan las cartas sobre la mesa. Si buena parte de la insurgencia iraquí tenía un carácter nacionalista el rechazo de Al Zarqawi a las elecciones y las matanzas de civiles iraquíes podrían desmarcar ante la sociedad iraquí a los yihadistas extranjeros como enemigos más odiosos que los estadounidenses, en lo que es uno de tantos errores de los insurgentes. En un futuro no muy lejano podríamos encontrarnos con unas no tan sorprendentes negociaciones a la argelina que aislaran a los yihadistas. La supuesta dependencia logística de estos respecto de los nacionalistas podría acelerar los acontecimientos en cascada.

Las demandas de una “estrategia de salida” comenzaron hace ya tiempo. Pero no se ha dado un vuelco porque las barbaridades que ocurren a diario en Iraq pasan desapercibidas. No es difícil encontrar en la red testiminios de soldados, unos revelando angustia y otros orgullo, de como en Iraq mataron a bastantes civiles. Como las Rules Of Engagement autorizan a disparar a quien no se detenga ante las señales de aviso, en los controles se producen a menudo situaciones bastante trágicas. Un ministro del gobierno provisional iraquí dimitió por el tratamiento recibido en un control de tropas de EE.UU. No es difícil imaginar el estado de ánimo de soldados ante concentraciones de gente, donde cualquiera podría ser un hombre bomba, y ante un enemigo que no duda en usar ambulancias como coches bomba. El público estadounidense se cansó pronto de las noticias sobre Abu Ghraib. Guantánamo sigue existiendo como un limbo judicial. Así que en esta guerra los márgenes morales de maniobra son mucho más amplios.

Si en “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo” mencionábamos como la insurgencia se financiaba mediante delitos, y más arriba mencionábamos el número escaso de tropas disponibles para operaciones en otros frentes, entenderemos que la guerra no haya desbordado las fronteras de Iraq. La TV iraquí mostró la confesión de un supuesto agente sirio y sacó en antena a un grupo de yihadistas de varios países. Oportunamente un ex-primer ministro libanés ha muerto en un atentado que ha galvanizado a la sociedad libanesa contra el puño sirio que atenaza el país. Hasta Arabia Saudita se ha expresado abiertamente pidiendo la retirada de las tropas sirias. La amenaza de una invasión de Irán ha quedado como el farol que realmente era. Pero es un aviso a navegantes, teniendo en cuenta que hubo quienes vieron la mano iraní en la revuelta shiita del pasado verano.

¿Qué pasará a continuación? Al igual que la guerra de Vietnam concluyó con una “vietnamización” de la guerra, y la de Afganistán con una “afganización”, EE.UU. intentará ir trasladando más responsabilidades a las fuerzas armadas locales. No importa que haya una victoria clara sobre la insurgencia. En la era mediática lo importante es que haya una apariencia de ello. Detrás, los iraquíes heredan un país con el conservadurismo islámico en alza, con unas fuerzas armadas donde existen divisiones étnicas-religiosas y donde los partidos que representan a los sunníes, la comunidad que sustenta la insurgencia, se autoexcluyeron de las elecciones y quedaron fuera del reparto de poder.

Decía hace poco Gustavo de Arístegui, uno de los pocos políticos del PP que resulta interesante escuchar y leer, que nos equivocábamos los que comparamos la situación de Iraq con la de Vietnam. Que en todo caso el símil más próximo sería comparar a Iraq con el Líbano. Triste consuelo para los iraquíes.