Arde Faluya

Cuando los EE.UU. invadieron Afganistán en octubre de 2001 los periodistas recordaron enseguida que se trataba de un país indómito. Primero el ejército británico en el siglo XIX y luego el soviético en el XX no pudieron doblegarlo. Un general ruso, veterano de la guerra que libró la Unión Soviética en Afganistán durante los 80, vaticinó un desastre. quel país. Antes de la invasión de Iraq en g2mil.com hablaron de la batalla que se libraría por Bagdad como un nuevo Stalingrado con encarnizados combates casa por casa. Cuando la ofensiva hacia Bagdad ya estaba en marcha, se estancó por una apocalíptica tormenta de arena y por unas líneas de apoyo logístico demasiado alargadas. Los periodistas enseguida hablaron de un nuevo Vietnam .

Los periodistas parecen tener especial debilidad por resucitar el fantasma de Vietnam en llamativos y catastróficos titulares. Curiosamente están pasando por alto la opereta que se está representando en Faluya.

En una guerra de guerrillas la clave está en acosar al ejército regular contra el que se combate allí donde se encuentre y tras el ataque desvanecerse. Ocupar el terreno sólo tiene sentido cuando no se tiene un santuario al otro lado de la frontera o se está en una fase avanzada del conflicto.

Los marines pronto controlarán la ciudad de Faluya y el Pentágono cantará victoria. Pero los guerrilleros que han podido escapar, ya estarán en otra parte, y los que luchan lo hacen porque simplemente han quedado atrapados y no han podido huir. Todo volverá a empezar en otra parte.

Así fue la guerra de Vietnam. El ejército de los Estados Unidos se desangró en conquistar valles y colinas [y hay quien todavía proclama que en realidad ¡ellos ganaron la guerra!]. Pero el Viet Cong siempre volvía a estar allí, al acecho en la selva. La llamada Operación “Apache Snow” concluyó con la 101ª División Aerotransportada tomando la “Colina de la Hamburguesa“. Se proclamó la victoria al conquistarle el terreno al enemigo y luego los soldados regresaron a su base.

La Ofensiva del Tet en 1968 fue un descalabro para las guerrilas del Viet Cong, pero la opinión pública empezó a convencerse que aquella guerra no podía ser ganada. En la retina colectiva quedaron las imágenes de aquel general de la policía sudvietnamita descerrajando un tiro en la cabeza a un prisionero y del asalto a la embajada en Saigón.

Prontó caerá Faluya. Sus habitantes volverán para rescatar lo que puedan entre las ruinas que quedan de sus casas, y enterrar a vecinos y parientes que no quisieron o pudieron marcharse. Alguien jurará venganza por las muertes y la destrucción provocadas. Y todo volverá a empezar. ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto falta para una ofensiva del Tet en Iraq?

William S. Lind, uno de los padres de la expresión “Guerras de 4ª Generación”, se pregunta, entre otras cosas, si lanzar bombas sobre áreas urbanas es la mejor forma de ganarse el apoyo de los habitantes de esas áreas.

[Actualización 1: Este mismo artículo ha llamado la atención a Willam Gibson que lo comenta para pasarlo a copiar directamente]

En una reproducción de un artículo [requiere registrarse] de Liberation en Periodista Digital cuentan los magros resultados de un ataque que ha movilizado a 10.000 soldados estadounidenses y 4.000 iraquíes.

Actualización 2: Periodista Digital reproduce un artículo de Carlos Elordi publicado originalmente en El Periódico de Catalunya [ambos requieren registro] en el que recoge las impresiones de varios periódicos internacionales. Por ejemplo el “The Wall Street Journal”:

Para entender el porqué de lo que está ocurriendo en Faluya tal vez sea oportuno recordar lo que decía THE WALL STREET JOURNAL el 4 de noviembre, tras proclamar su alegría sin límites por la victoria electoral de George Bush: “La gente que le ha votado no le apoyará si sigue viendo cómo en Iraq atacan a nuestros soldados sin que se lancen ofensivas contra los santuarios del enemigo”.

Esta película ya la hemos visto antes: Los políticos ordenan lanzar una ofensiva inútil porque necesitan presentar ante la opinión pública que están pasando cosas. Aunque sólo sean unos bonitos fuegos artificiales.

La letra peque�a

El lunes 1 de este mes un terrorista suicida palestino mató en Tel Aviv a tres personas e hirió a varias decenas. Como se ha sabido ahora el terrorista en cuestión tenía 16 años.

Si hubiéramos estado hablando de otros conflictos ahora mismo estaríamos leyendo algún que otro soliloquio moral sobre el empleo de menores como terroristas suicidas. Y sobre qué podríamos esperar de una sociedad en la que sucede algo así.

El domingo 17 de octubre, El País hablaba en su página 2 de “La silenciosa destrucción de Gaza“. Hablaba de las milicias de Hamas, Yihad Islámica y las Brigadas de Al Aqsa, y de como sus miembros disparaban desde las esquinas sin molestarse en apuntar. “Un enjambre de niños, muchos descalzos, los siguen donde vayan“. Una foto de agencia, hace ya meses, mostraba una de esas escenas. No cuesta mucho imaginar qué pasa cada vez que soldados israelíes disparan en dirección de donde les viene las balas: Un titular.

Afortunadamente estas cosas no pasan en el lado contrario. Cuando el pasado día 5 de octubre un oficial israelí vació un cargador de fusil de asalto en el cadáver de una niña palestina de 13 años, a la que habían disparado y rematado previamente tras entrar en una zona de acceso prohibido cerca de la frontera de Gaza con Egipto, hubo una investigación. Según un soldado testigo de los hechos, y que denunció luego el hecho a un periódico, “how do you spray a girl from close range? He was hot for a long time to take out terrorists and shot the girl to relieve pressure“.

La conclusión: El capitán había hecho disparos al suelo en respuesta a un ataque de francontiradores en el momento en que él y sus soldados habían abandonado el puesto donde estaban para revisar el cádaver. En ningún caso se excedió. De todas formas se le retiró del mando por falta de liderazgo entre sus hombres. ¿Volverá pronto a mandar soldados? ¿Se le habrá retirado el mando “por falta de liderazgo” al palestino responsable de mandar un crío de 16 años a la muerte? Es la letra pequeña del conflicto. ¿A quién le importa?