Los ojos de la guerra

Otra vez me he visto en la tesitura de organizar las estanterías de libros. He perdido la cuenta de cuántos libros quedaron condenados a una caja en el trastero. Del algunos ni me acuerdo. Y ese es el problema. Retirarlos de la estantería es condenarlos al olvido. Cada reorganización de la biblioteca es una gestión de la economía de la escasez. Y esta última vez he tomado una decisión difícil. Los libros de la guerra de Iraq dejarán su hueco. Al menos irán a una caja en el altillo para tenerlos a mano. Con la retirada de tropas estadounidenses, Iraq es ya historia y sólo quedará como estudio de caso en el campo de la contrainsurgencia.

Y tomé otra decisión. He mandado a una caja los reportajes de guerra. Creo que llegué a tener una colección notable de ellos. Pero de un tiempo a esta parte había dejado de incorporar libros. Y caí la cuenta de algo. En las guerras del Tercer Mundo durante la Guerra Fría y en las guerras civiles de la inmediata Postguerra Fría los reporteros de guerra que trabajan para medios occidentales eran los únicos testigos que nos acercaban la naturaleza de la guerra. Para alguien como yo sus relatos eran crónicas de un horror fascinante. Eran desde luego otros tiempos y otro periodismo. Pero luego llegaron las guerras de Afganistán e Iraq y el mercado editorial anglosajón se llenó de testimonios de veteranos. Las guerras ya no eran tema para libros de testigos accidentales. Sino que eran contadas por sus protagonistas. Así que aquella estantería a revantar apenas tuvo nuevas incorporaciones y hoy ya está ocupada por otros libros.

Al menos para que no queden condenados al olvido, he hecho la lista.

“Salam Pax. El internautua de Bagdad”
Anónimo.
Mondadori. 2003

“In the company of soldiers. A chornicle of combat in Iraq”
Rick Atkinson
Little, Brown. 2004

“Malvinas, diario del regreso”
Edgardo Esteban
Sudamericana. 2005

“La Guerra eterna”
Dexter Filkins
Crítica. 2009

“Despachos de guerra”
Michael Herr
Anagrama. 2001

“Morir para contarlo”
Julio Fuentes
La Esfera de los Libros. 2002

“Más allá de la batalla. Una corresponsal de guerra en Irak”
Mercedes Gallego
Temas de Hoy. 2003

“Paisajes de guerra”
Juan Goytisolo
Aguilar. 2001

“Hospital de campaña. La odisea de un cirujano”
Jonathan Kaplan
Espasa. 2002

“Un día más con vida”
Ryszard Kapuściński
Anagrama. 2003

“El mundo de hoy”
Ryszard Kapuscinski
Anagrama. 2004

“Los ojos de la guerra”
Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez (ed.)
Plaza & Janés. 2001

“El club del Bang Bang”
Greg Marinovich y João Silva
Grijalbo. 2002

“El laberinto checheno. Diario de unacorresponsal de guerra”
Anne Nivat
Paidós. 2003

“Homenaje a Cataluña”
George Orwell
Virus. 2000

“Diario de la guerra”
Alfonso Rojo
Planeta. 1991

“Detrás de la cámara. Crónicas personales en tiempos de guerra
Eduard Sanjuán
Salvat. 2002

“Ninguna guerra se parece a otra”
Jon Sistiaga
Plaza & Janés. 2004

“La Tercera Guerra mundial ha comenzado” de Laurent Artur du Plessis

Ahora mismo estoy leyendo un libro por obligación para un trabajo académico y estoy atascado porque sus ideas me chirrían. El autor es la persona a la que tengo que entregar el trabajo… Imagínense mi situación. Sin embargo hay libros con los que no estoy nada de acuerdo y en cierta forma disfruto de su lectura como disfrutas de esas películas de las que dices “es tan mala que te ríes”.

Guardaba desde hacía tiempo La 3ª Guerra Mundial ha comenzado” de Laurent Artur du Plessis, un libro publicado originalmente en Francia en 2002 al que diez años dan perspectiva suficiente para juzgar convenientemente. Y más tras haber vivido 2011, el año en que murió Bin Laden y estalló la “Primavera Árabe”.

El libro responde a todos los clichés que señalaba en “Apuntes de Yihadología e islamofobia” y al discurso que criticaba en “El ombligo cristiano”. Se nota que está escrito al calor del 11-S aunque añade una dimensión más que tengo pendiente tratar en estos días de crisis con Irán: Los presuntos expertos en Geopolítica que actúan de profetas del apocalipsis. Du Plesis lo deja claro de entrada. Todo su libro se basa en una sola premisa a la hora de analizar el panorama internacional: “[N]o hay ninguna duda de que sucederá lo peor” (pág. 17). Sin ir más lejos “el conflicto entre la India y Pakistán tendrá lugar y seguro que se emplean armas nucleares” (pág. 17).

No encontraremos ninguna nota a pie de página ni bibliografía. Se trata de un ensayo que asume plentamente y de forma entusiasta el concepto de Choque de Civilizaciones de Samuel P. Hungtinton. La “Tercera Guerra Mundial” que anticipa el libro, cómo no, es la guerra del Islam contra Occidente.

Me ahorraré en relatar cómo describe el autor al mundo islámico porque cumple a rajatabla el guión que describí en mis “Apuntes sobre Yihadología e islamofobia”. Se lo pueden imaginar. En el libro el Islam es un ente monolítico en el que todos sus miembros trabajan de forma conjunta en un plan total para dominar el mundo, ya que forma parte de su naturaleza más profunda y esencial el totalitarismo agresivo que ve en Occidente su negación más odiosa.

“El Islam, una teocracia totalitaria” Título del Capítulo 3. pág. 71-121
“El islamismo es un movimiento político-religioso, un totalitarismo teocrático con un proyecto de conquista planetaria” pág. 77.
“El [espíritu] del Islam es la violencia”. “La historia del Islam es la de sus armas” pág. 81
“El Islam laico y tolerante pertenece al reino de lo virtual”. “No suscita ningún interés significativo en el seno de las masas musulmanas” pág. 121.

Si para el autor el Islam es totalitario y expansionista, la situación actual sólo la agrava el auge del integrismo islámico.

[El neowahabismo] es “un proyecto político de conquista mundial que formulan sin ningún tipo de complejo. Todos ellos ponen en marcha de redes de militantes profesionales fanatizados, muchos de los cuales están dispuestos al sacrificio supremo, el de su propia vida” pág. 113.
“Este integrismo islámico, bestial y asesino, está convencido de una victoria total en el seno del mundo arabo-musulmán: en los períodos de grandes disturbios siempre hay un momento en el que el terror consigue obtener plenos poderes” pág. 115.
“La mayoría de los gobiernos arabo-musulmanes son, desde hace mucho tiempo, rehenes de los integristas islamistas” pág. 119

Según el autor la guerra con el Islam es, por tanto, inevitable.Sin embargo se lamenta que el Occidente cosmopolita y autocomplaciente no sea consciente del peligro.

“Son paradojas muy dolorosas que el Ciudadano del mundo no puede llegar a conocer mediante sus consolas del juego electrónicos, sus reality shows y sus planes de empresa, ni tampoco a través de la ideología basada en la revolución de 1968, anclada en infantiles formas de pensar, donde se recurre preferentemente a la utopía para solucionar los grandes problemas de la humanidad” pág. 40.

En el caso de la juventud el problema es aún más grave por culpa de los videojuego : “La juventud occidental naufraga en los juegos electrónicos. Le amenaza la pérdida del espíritu de sacrificio”. pág. 53.

Lo habrán adivinado. Se trata de una crisis de valores por culpa de que Europa ha abandonado los valores cristianos para lanzarse en brazos del materialismo capitalista de Estados Unidos:

“El Occidente actual está amenazado por una gravísima crisis de valores”. “Su capitalismo liberal ha ahogado, sobre todo en Europa, muchos de sus valores tradicionales (familia, trabajo, patria…) bajo oleadas de riqueza. La religiosidad disminuye y Europa es ahora el gran bazar de lo americano, el McDonalds, Hollywood, las películas pornográficas, los reality shows, el materialismo, el hedonismo sin sublimación, todo ello puesto al servicio de las leyes del mercado” pág. 53.

Como ven, una vez más, llegamos a que detrás de un discurso de alerta sobre el amenaza del Islam se encuentra un lamento por la pérdida de los valores tradicionales cristianos. Para el autor constrasta la difusión violenta del Islam comparada con la naturaleza pacífica del cristianismo, que en sus orígenes se “extendió de forma pacífica, por el boca oído y por el prestigio espiritual de sus mártires (que no podían ser más pacíficos), y no por la espada” (pág. 82). Rara vez el cristianismo ejerció la violencia contra otros y en tales casos, como la conquista española de América, fueron “desviaciones respecto a los textos sagrados” (pág. 83).

Aquí tenemos que hacer un alto para señalar que el discurso sobre la “difusión violenta del Islam” sirve siempre como señal de alarma de la solvencia intelectual de quien tenemos delante. Y hemo visto en este caso, cómo ignorancia sobre el Islam y etnocentrismo suelen ir de la mano. Además resulta curioso que el único país que se nombre como exportador del cristianismo de forma violenta sea España, que debe ser el único país con un pasado colonial.

El libro dedica unos cuantos capítulos a hablar de la inminente crisis económica. Lo cual para ser un libro sobre los peligros del Islam escrito en 2002 es un mérito. El autor afirma que la crisis que iba a venir sería peor que la de 1929 y sería la espoleta que iba hacer estallar todo el mundo musulmán.

“[L]as masas se rebelarán y tomarán el poder por la fuerza bajo la dirección de las redes integristas. El mundo árabo-musulmán conocerá así una oleada de revoluciones que recorrerá el mundo desde el Atlántico hasta el Pacífico”. pág. 239
“Las células integristas se movilizarán en tierras del Islam para fomentar los disturbios y alcanzar el poder, ayudados por la crisis económica galopante que impulsará a las masas hacia la violencia desatada” pág. 245.
“Las regiones europeas de mayoría musulmana combatirán por su independencia”. “Estos conflictos recordarán por su extrema violencia, a los del Líbano de los años 1975-1990 o bien a los
de los Balcanes de los años noventa” pág. 307

Diez años después podemos hacer balance del éxito del libro en predecir el futuro y ver la fiabilidad de todos estos profetas del Apocalipsis. Como vemos, la islamofobia no es sólo un prejuicio hacia personas de otra religión. El etnocentrismo que lo caracteriza provoca una ceguera tal que da pie a análisis disparatados. Las masas urbanas de las que habla el libro al final salieron a la calle para luchar por el fin de los regímenes árabes y pedir una cosa que se parece poco al totalitarismo musulmán con el que soñaba Bin Laden. No ha aparecido nada que se parezca al gran califato con capital en Turquía que una el mundo árabe-musulmán del que habla el libro. Este podría ser un buen balance a diez años vista del 11-S: El fracaso intelectual de la derecha de raíces cristianas en entender el siglo XXI.

“Tribus, armas y petróleo”

El pasado octubre de 2011 salió publicado “Tribus, Armas y Petróleo” de Jesús Gil Fuensanta, Alejandro Lorca y Ariel José James.

Frente al puñado de libros escritos sobre la “Primavera Árabe” centrados en Egipto o que tratan el mundo árabe de forma general, es el primero que conozco publicado sobre Libia. La verdad es que quitando Marruecos representado como vecino o amenaza y la larga lista de libros que tocan el Sáhara Occidental desde una vena más o menos romántica, el Magreb suele ser objeto de poco interés en el panorama editorial español.

El libro, de 122 páginas “reales” de texto tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera se hace una introducción a la tribu como institución, sus antecedentes históricos en el desierto libo-egipcio y su papel en la Libia del coronel Gadafi. En la segunda se hace un análisis de la guerra civil libia que es la parte más floja del libro porque Trípoli aún no había caído en el momento de la redacción y las especulaciones sobre la supervivencia del régimen quedan ahora fuera de lugar. En la tercera parte se abre el foco Oriente Medio y se especula sobre el devenir de la “Primavera Árabe”. En el momento de escribirse esa parte ya había caído Trípoli y las reflexiones sobre el futuro del país son mucho más pertinentes que las hechas en la segunda parte. Desde luego que el libro hubiera ganado si los autores hubieran esperado a la finalización del conflicto para remata el libro, pero supongo que se impusieron criterios de oportunidad editorial.

El libro es interesante por los apuntes que hace de la realidad tribal de Libia:

Libia no es una nación-Estado tal como la interpreta Occidente, en los términos estrictamente weberianos, sino una federación de comunidades tribales de costumbres y leyes consuetudinarias, articuladas en la actualidad alrededor de un interés común por el petróleo y el gas. Cuando se rompa un pacto sobre el reparto de las rentas de estas comunidades habrá guerra civil, hasta que vuelva a existir un nuevo pacto.
pág. 54

Se apunta que el discurso exterior del Consejo Nacional de Transición “sigue un modelo demasiado occidental para una sociedad con otra mentalidad, como la libia, es decir suena a lo que los occidentales quieren oir” (pág. 66). Libia ha desaparecido de las noticias y su transición hacia la democracia no está exenta de dificultades, con grupos rebeldes enfrentados y epsiodios esporádicos de violencia. Uno de los retos del 2012 será volver a seguir con atención el Flanco Sur.

Irán, no todo es tan simple

El pasado viernes fui entrevistado en RadioSefarad.com para hablar de la actual crisis con Irán. Tengo la sensación de que no fue una entrevista rica en titulares apocalípticos pero al menos transmite los recovecos y meandros de la situación actual.

A la primera pregunta contesté que la escalada de tensión en el estrecho de Ormuz había que interpretarla como un exhibición de fuerza de Irán y no el paso previo a una guerra. Usé como metáfora “un oranguntán golpeándose el pecho”. Y mira tú por donde, el lunes me encuentro que el profesor José Ignacio Torreblanca en su blog “Café Steiner” habló de Irán. Arrancó hablando de la violencia entre monos como metáfora de lo que pasa en el Estrecho de Ormuz. La expresión “golpes en el pecho” aparece en negrita. Vaya por Dios. Se nos ocurrió la misma metáfora.

El martes Atenea Digital publicó un artículo del almirante Ángel Tafalla sohre la crisis en el Estrecho de Ormuz en el que concluye que Irán va de farol. Su voz añade cordura a la presente situación. Y hay que añadir que cuenta en varios párrafos al principio del artículo los antecedentes históricos de enfrentamientos entre la U.S. Navy y fuerzas iraníes. Aparecen detalles como el uso de minas M-08 de construcción norcoreana o el poco conocido envío de fuerzas navales por parte de cinco países europeos en aquel entonces al Golfo Pérsico. Muchos detalles aparecidos en un artículo publicado el pasado mes de julio por la Revista General de Marina.

Las guerras de 2012 para Foreign Policy

La revista Foreign Policy, tan dada a hacer listas y rankings, ha publicado en su edición española un artículo de Louise Arbour sobre “Las guerras de 2012″: Diez conflictos de los que estar pendientes este año”.

La lista no es muy imaginativa y repasa los conflictos ya en marcha:

-Siria.

-Irán-Israel.

-Afganistán.

-Pakistán.

-Yemen.

-Asia Central.

-Burundi.

-República Democrática del Congo.

-Kenia/Somalia.

-Venezuela.

Como vemos es una mezcla de guerras civiles con situaciones políticales volátiles donde se mezcla algo tan ambiguo como “Asia Central” con algo tan concreto como la particular Guerra Fría entre Irán e Israel.

Gran Oriente Medio

Lo interesante es que la mitad de la lista la forman países que están incluidos en el Gran Oriente Medio, el área qe forman Turquía, Israel, los países árabes, Irán, Afganistán y Somalia. Ocasionalmente, según autores, se añade el Magreb y Asia Central. Es un concepto geopolítico que creo que está por desarrollar en España. Al fin y al cabo, hay tropas españolas desplegadas en Líbano, Afganistán y aguas de Somalia.

México es un experimento descontrolado

“Como un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido”.

México va demasiado rápido. Pestañeas y te has perdido. Requeriría un blog entero atender qué pasa en ese país. Cuando crees que lo has visto todo, aparecen las redes de comunicación vía radio y la contraofensiva en Internet de las organizaciones narcotraficantes. Tan fascinante como terrible.

El Cono Sur y la crisis europea

He leído y oído comparaciones entre la crisis argentina de 1999-2002 y la actual crisis española. Supongo que la paridad peso-dólar provocó rigidices en Argentina equivalentes a las sufridas por Grecia al entrar en el euro, privadas ambas de su propia política monetaria al no poder fijar sus propios tipos de interés ni contar con la baza de las devaluaciones. Y de romperse el euro alguno de los PIIGS amanecería con un corralito y colas frente a los bancos. Pero creo que las comparaciones se realizan porque suponen una metáfora potente sobre la “decadencia de Europa” y por ende, de Occidente.

Mientras las economías del Cono Sur crecen, en Europa se ven sometidos a una disciplina parecida a los Planes de Ajuste Estructural impuestos por el Banco Mundial en los 90. Hay algo de revanchismo y ganas prematuras de impartir lecciones. ¿Pero cuáles podrían ser las enseñanzas a aplicar ¿Plantar soja para venderla a China? No manejo cifras pero tengo las sospechas de que las bases del crecimiento en lugares como Argentina son bastante endebles y conyunturales. ¿Estarán aprovechando esta bonanza para sentar las bases de un verdadero desarrollo?

Son todo temas que quedan lejos de este blog. Pero me llaman la atención esos pequeños síntomas de cómo Mercosur adopta medidas comunes en política exterior que de rebote afectan a España. De pronto alguien empieza a decir que promover la integración regional fuera de Europa es una mala idea. ¿Demasiado tarde para empezar a plantear alianzas estratégicas?

Irán y la guerra que no viene

En las últimas semanas Irán es el tema del que más explicaciones he dado en conversaciones informales. “¿Pero no va a haber guerra con Irán?” me preguntan extrañados ante las señales que llegan de Washington y Jerusalén.

Después de Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011) podría parecer que invadir otro país musulmán es la cosa más sencilla del mundo. Pero hay que recordar que:

-Afganistán era un país atrasado que había sufrido más de 20 años de guerra. A los pocos días de la invasión en 2001 la aviación estadounidense se quedó sin objetivos que bombardear. No había bases aéreas o radares. Las fuerzas talibán eran principalmente infantería ligera montada en Toyota Hilux con puñados de vehículos acorazados aquí y allá. Existía una oposición armada, la Alianza del Norte, que sirvió de punta de lanza a la invasión del país.

-Iraq era un país con una tecnología militar cerca de la obsolescencia a finales de la Guerra Fría y cuyas instalaciones, infraestructuras y fuerzas armadas fueron machadas en la Operación “Tormenta del Desierto” en 1991. Tras más de veinte años de embargo internacional la situación de sus fuerzas armadas era aún peor. La invasión de Iraq en 2003 se llevó a cabo con menos tropas y en menos tiempo que la liberación de Kuwait en 1991. La ruta de invasión de Iraq, desde Kuwait a Bagdad, es un terreno desértico y llano con grandes autopistas donde los Estados Unidos pudieron llevar a cabo una blitzkrieg sin apenas oposición.

-Libia es un país con menos de 6 millones de habitantes donde más de tres cuartas partas de la población viven en ciudades al borde del Mediterráneo. Al igual que Iraq, el régimen había sido sometido a un embargo internacional que afectaba a la importación de armamento. Tras su levantamiento el régimen realizó varias negociaciones con Francia y Rusia sin que se lanzara a la esperada modernización multillonaria de sus fuerzas armadas. En vísperas de la guerra civil sus fuerzas armadas contaban principalmente con tecnología soviética de los años 70 y 80 de segunda fila. Cuando la población de la región de Cirenaica asaltó los cuarteles se encontraron con que las unidades fuera de Trípoli contaban con material militar en muy mal estado. Sólo las unidades de la Guardia Revolucionaria contaban con lo mejor de un armamento que ya era de por sí viejo.

Irán es un país montañoso de unos 75 millones de habitantes cuya invasión tendría poco que ver con la cabalgada por el desierto que fue la invasión de Iraq en 2003 (véase la serie “Generation Kill”). La pregunta es ¿qué sentido tendría invadir Irán? ¿Destruir su programa nuclear? ¿Cambiar el régimen? Ya hemos visto cómo han evolucionado los experimentos de Afganistán e Iraq y ahora mismo hay en Estados Unidos una fuerte resistencia a repetir la experiencia.

Una invasión de Irán generaría tal inestabilidad en los mercados del petróleo y bursátiles que tendría consecuencia catastróficas en la presente crisis. Una escalada en los precios del petróleo podría ser la puntilla a la crisis europea porque tendría repercusiones en el transporte de pasajeros y mercancías, afectando al turismo y a los precios de los productos básicos (la carne y verdura no llegan mágicamente a los supermercados de Madrid, París y Berlín).

Cabría esperar una respuesta del régimen de Irán tan pronto comenzaran las operaciones militares. Irán tiene frontera con Afganistán, un país donde hay tropas occidentales. Precisamente las españolas están desplegadas en una región fronteriza con Irán. Sería relativamente fácil para Irán dotar de armamento, suministros y dinero a la insurgencia talibán para que intensificara sus ataques contra las fuerzas occidentales. Además, Irán podría tratar de cortar la navegación por el Estrecho de Ormuz y afectar el flujo marítimo de hidrocarburos procedentes de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein y Qatar en el Golfo Pérsico. Basta recordar cómo Irán se ha preparado para esa contingencia desarrollando una estrategia naval de guerra asimétrica. Por último, contamos con los precedentes de los atentados terroristas en suelo argentino o los asesinatos de disidentes en suelo alemán detrás de los que estuvo el régimen iraní.

¿Es, por tanto Irán invulnerable? El régimen iraní y su programa nuclear se ha demostrado vulnerable a la ciberguerra, el sabotaje y las presiones económicas internacionales, entre otros terrenos. Ese es el campo de batalla donde se juega la actual Guerra Fría con Irán.