Tríptico ruso

En el último mes he leído tres libros sobre la Rusia de Putin. Churchill dijo de Rusia que es un “acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y mis lecturas me han hecho pensar que se sabe muy poco sobre la realidad de la Rusia actual a pesar de lo mucho que se ha hablado de Rusia en los medios últimamente.

Todo comenzó de casualidad. Un colega me puso en la pista de un libro sobre el colectivo  artístico Pussy Riot porque sabía que llevaba tiempo prestándole atención, en especial al paso por prisión de tres de sus miembros. Ese libro es Word Will Brake Cement: The Passion of Pussy Riot de la periodista y activista LGBT Masha Gessen. El libro recoge la historia del grupo, el proceso judicial al que fueron sometidas tres de sus miembros y su paso por “colonias penales” en Siberia donde las prisioneras son empleadas como mano de obra esclava en condiciones inhumanas. Lo primero que me llamó la atención al conocer el asunto de la detención, juicio y encarcelación es la absoluta falta de garantías procesales en Rusia. El sistema judicial ruso queda representado como una pura farsa donde jueces, fiscales y abogados muestran bastante falta de profesionalidad. En el fondo porque todos saben que participan de una farsa y las sentencias están decididas ya antes del juicio. El asunto apareció de nuevo en el tercer libro que leí sobre Rusia. Y esa sorpresa por descubrir una faceta de la realidad rusa que sale poco en los medios es lo que me llevó a seguir leyendo sobre el país. Pero quizás lo que terminé por encontrar más interesante en el libro no fue la historia del grupo Pussy Riot en sí, sino el retrato de la Rusia contemporánea que en el libro sirve de mero contexto. Las ideas del grupo no son nada revolucionarias desde una perspectiva occidental pero en Rusia resultaron subversivas por tratarse de un país terriblemente machista y conservador. Al ser la Unión Soviética un régimen dictatorial no afloraron en ella los movimientos sociales que conocimos en Occidente durante la Guerra Fría. El feminismo y la revolución sexual pasaron de largo en Rusia. Además, con la condena de los “valores burgueses” conceptos como el de la paternidad responsable se esfumaron (como en Cuba). El relato sobre la infancia y educación de los miembros del grupo coincide en progenitores ausentes y crianza en manos de las abuelas. Ahí encontré una brecha fundamental con Occidente, los valores. Si añadimos el actual peso de la iglesia Ortodoxa, cuyo alianza política con Putin precisamente Pussy Riot pretendía criticar, podemos señalar que existe una gran brecha de valores con Occidente.

El arzobispo de Novgorod y Arzamas en la "Colonia Correcional nº2"

El arzobispo de Novgorod y Arzamás en la “Colonia Correcional nº2″.

Llegué al segundo libro por casualidad, saltando de resultado en resultado de un búsqueda en Amazon. Creo que el libro apareció como una recomendación tras haber estado husmeando libros sobre Rusia. Su autor es Marcel H. Van Herpen, director del think-tank pro-atlantista The Cicero Foundation. Esta afiliación me hizo leer el libro con ciertas precauciones. Hay asuntos que el autor aborda que me dejaron dudas sobre la consistencia de datos y afirmaciones, pero el libro es rico en nota y referencias. La tesis de Putin’s Wars: The Rise of Russia’s New Imperialism es que no se puede entender la historia de Rusia sin entender sus aspiraciones imperiales y que Putin ha construido un régimen autoritario y expansionista. Encontré interesante la idea de que al contrario de los países de Europa Occidental, en Rusia no hubo construcción del Estado al final de la Edad Media antes de la construcción de un imperio. Sino que en Rusia, construcción del Estado e Imperio fueron siempre de la mano, siendo una vía de legitimación del poder de turno. Un gran número de los ciudadanos rusos actuales son descendientes no de ciudadanos rusos sino de antiguos súbditos imperiales. Otra idea interesante del autor, y que comparto porque llegué en su momento a conclusiones parecidas, es que podemos establecer una continuidad entre los designios imperiales de la Rusia zarista y la Unión Soviética. Los años noventa habría que entenderlos entonces como un paréntesis de debilidad e impotencia en la historia de Rusia hasta la llegada de Putin, que retoma el proyecto imperial ruso. Así que sería impropio hablar de “regreso a los tiempos de la Guerra Fría” cuando de lo que se trata de es la recuperación de una continuidad histórica.

Llegamos entonces a la descripción del sistema político ruso bajo Putin. Al igual que en el libro de Masha Gessen se nos cuenta de los pucherazos electorales en Rusia. Pero más interesante me pareció el falso sistema multipartidista, donde un partido mayoritario sirve de plataforma electoral del presidente y los partidos tolerados ejercen de “leal oposición” apoyando sin fisuras al gobierno. Hablamos del Partido Comunista y del Partido Democrático Liberal, que más que comunista y liberal son ultranacionalistas. Otro tema interesante es las agrupaciones que Putin ha potenciado como plataforma de apoyo electoral. Primero fue la asociación juvenil “Nashi”, con sus campamentos de verano y su acoso por la calle a diplomáticos extranjeros. Pero aquellos “veranos del amor” a orillas de un lago provocaron demasiado quejas de los padres y entonces el gobierno ruso puso su atención en los cosacos, que han creado su propio partido político y cuentan con una oficina presidencial por lo que sus milicias responden directamente ante Putin. Por último el libro analiza las guerras de Chechenia y Osetia del Sur. Hace un repaso bastante aterrador de las atrocidades rusas en Chechenia. Basta recordar el título de dos libros de Anna Politkovskaya: Una guerra sucia y Terror en Chechenia. (Tampoco está de más recordar su asesinato el día del cumpleaños de Putin).

La tesis del autor de que el designio de Rusia es ampliar su territorio y su área de influencia, con Ucrania como objetivo de especial interés, cobra relevancia tras los recientes acontecimientos en Crimea. No en vano The Cicero Foundation afirma que es el libro que predijo la agresión rusa contra Ucrania”. 

Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alekhina

Un cosaco golpeando a una miembro de Pussy Riot con su “nagayka” durante los Juegos Olímpicos de Sochi. Cosacos uniformados auxiliaron a la policía durante los Juegos y aparecieron en Crimea tras la invasión rusa.

El tercer libro que leí es obra del que fuera ente 2007 y 2011 corresponsal en Moscú del diario británico The Guardian, Luke Harding. Mafia State: How One Reporter Became an Enemy of the Brutal New Russia se estructura en capítulos que describen aspectos diferentes de la sociedad rusa o acontecimientos  que Harding cubrió en aquel tiempo. El hilo conductor es el acoso al que se ve sometido desde su llegada por parte del FSB, el sucesor del KGB, lo que refleja bastante el estado de cosas del país. mafia-state-how-one-reporter-became-an-enemy-of-the-brutal-new-russiaHarding se encuentra con que su correo electrónico es manipulado, su correo postal desaparece y que intrusos entran en su casa de forma repetida sin más propósito que cambiar objetos de lugar para dejar así un “mensaje”. En la Rusia de Putin los periodistas y activistas por los Derechos Humanos son acosados por el gobierno y en demasiadas ocasiones sufren ataques o incluso son asesinados a plena luz del día sin que el crimen llegue nunca a resolverse. Como en la cita de Churchill, Rusia aparece como un misterio y asuntos como el funcionamiento interno del régimen oligárquico resultan impenetrables. Harding se encuentra que nadie sabe responderle a ciencia cierta quién estaba verdaderamente al mando de Rusia en el período 2008-2012 mientras Dmitry Medvedev fue presidente de Rusia y Putin primer ministro.

Como se trató en los libros anteriores, instituciones claves en una democracia como partidos políticos libres o una justicia independiente resultan una farsa. Rusia es un régimen autoritario donde el aparato de poder del Estado está al servicio de una oligarquía cleptocrática. A los magnates a la sombra del gobierno se les permite seguir con su enriquecimiento ilícito mientras no cuestionen la “vertical de poder” construida por Putin. El régimen aplica la máxima “para mis amigos todo, contra los enemigos ¡el peso de la ley!”. Leyes contradictorias y una burocracia kafkiana colocan a todo el mundo fuera de la ley por simple incapacidad de cumplirla. Cuando las autoridades rusas quieren deshacerse de un enemigo sólo tiene que apelar a un tecnicismo legal (véase el caso de la petrolera Yukos en Oilopoly: Putin, Power and the Rise of the New Russia). Así Harding se encuentra con que la renovación de su permiso de residencia en Rusia pende de un hilo. Sus crónicas sobre la corrupción, el enriquecimiento de Putin y las violaciones de los derechos humanos le coloca en una posición insostenible y finalmente debe abandonar el país. Pero el asunto le lleva a una reflexión interesante. Sabiendo que su continuidad en el país depende de crónicas favorables sobre el gobierno, Harding señala lo extendido que está en el cuerpo de corresponsales extranjeros la práctica de un periodismo benevolente con el gobierno ruso. Pone de ejemplo sangrante a la BBC. Y eso supone en cierta forma una buena explicación de por qué una descripción tan inquietante y desoladora de la realidad rusa que se repite en los tres libros resulte novedosa.

Activistas LGBT tras ser agredidos en una manifestación autorizada en San Peterburgo.

Activistas LGBT tras ser agredidos por turbas homófobas en una manifestación autorizada en San Peterburgo en junio de 2013.

La imagen que uno descubre de Rusia en estos libros contrasta con los argumentos de muchos tertulianos y columnistas que en estos días hablaba de Rusia como un país con un gobierno razonable llevado a una situación insostenible por la perfidia occidental. La reciente crisis de Ucrania se interpreta de una forma muy diferente si repasamos a lo escrito por Huntingon y Brzezinski en los noventa o a los libros de Van Herpen y Harding aquí reseñados. Resulta que todos coinciden en señalar las ambiciones rusas sobre Crimea. Pero me llama la atención que la propaganda del Kremlin calara hondo en ciertos occidentales durante la crisis internacional en torno a las armas químicas sirias en agosto de 2013 o durante la reciente crisis ucraniana. Resulta paradójico que en eso volvamos a los tiempos de la Guerra Fría. Asumen ingenuamente el papel de tontos útiles al servicio de Moscú. De eso hablaremos pronto.

La tentación de la guerra tecnológica o el camino hacia el Air-Sea Battle Concept

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Ya está disponible en la web de la Armada Española el número de marzo de la Revista General de Marina. En ella aparece mi artículo “La tentación de la guerra tecnológica o el camino hacia el Air-Sea Battle Concept”Cuento el camino seguido en Estados Unidos después de la Guerra del Golfo de 1991, donde la fascinación por la tecnología llevó a teorizar sobre la Revolución en los Asuntos Militares sin ser capaz de anticipar las transformaciones sociales que llevarían a la aparición de actores no estatales capaces de perpetrar ataques como el del 11-S. Se entró entonces en una etapa de reflexión sobre la guerra asimétrica, el terrorismo y la insurgencia que la retirada de Iraq y la próxima retirada de Afganistán ha hecho querer olvidar. Estados Unidos está de nuevo preparándose para la próxima gran guerra tecnológica y la Guerra Global Contra el Terrorismo fue sólo un paréntesis histórico. Así ha nacido el Air-Sea Battleel nuevo concepto operativo del que es un secreto a voces que está pensado para enfrentarse a China en el Pacífico.

Mi artículo también esta disponible en Academia.edu

Entrevista sobre Rusia

La semana pasada Jorge Rozemblum, director de Radio Sefarad, me entrevistó sobre la crisis de Ucrania. Como viene siendo habitual, mostré una visión un tanto contracorriente de los profetas del apocalipsis y me centré en las debilidades y contradicciones del poder ruso que han quedado a la vista.

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En Radio Sefarad han titulado la entrevista “Rusia: un imperio sin sex-appeal” y me ha parecido un acierto porque esa es una de las claves que ya señalaba Zbigniew Brzezinski en su El gran tablero mundial. Que Rusia tiene poder para coaccionar pero carece del poder para convencer y atraer (“soft power” que diría Joseph Nye).

Desplumar la gallina de los huevos de oro

Mientras atendía la crisis ucraniana han pasado cosas interesantes en los dos países sudamericanos cuyas economías disfuncionales auguraban desde hace meses un 2014 inquietante. En cambos casos, tenemos dos gobiernos que han abusado de la impresora de dinero y el endeudamiento para financiar las cuentas públicas con el esperable resultado de una inflación galopante. Intentaron parar esta última subvencionando productos e imponiendo un control de precios que, como todo el mundo sabe, genera desabastecimiento. Con la inflación descontrolada, aumentan los incentivos para que los ciudadanos compren dólares en búsqueda de un refugio para sus ahorros. Así que para impedir la caída de la divisa nacional impusieron un control cambiario. El resultado fue nuevamente el esperable: Un mercado de divisas paralelo. Da la sensación de que quienes gobiernan ambas economías han actuado ignorado las más elementales reglas económicas. El remedio a estos desastres suele ser terrible. En Iberoamérica conocen bastante bien las terapias de choque de los Planes de Ajuste Estructural y sus efectos. Pero no creo que haya que apostar sobre a quién le tocará pagar los platos rotos.

Empecemos hoy con Venezuela. El presidente de su banco central reconoció hace poco que la economía del país sufre una crisis. Es un paso. Las cifras para 2013 fueron de un 56,2% de inflación y una devaluación del 31,7%. Los medios oficiales hablaban del “sabotaje económico que han desatado sectores de la derecha venezolana contra el país”. Este año se ha dado un primer paso de dejar flotar el bolívar fuerte pero sólo a medias. El titular de GurusBlog del 25 de marzo “Lunes negro en Venezuela: El Bolívar se devalua un 723%” era engañoso. El gobierno venezolano mantiene tres precios para el dólar. En un extremo uno fijado artificialmente para la compra de productos básicos (tipo de cambio CADIVI) y en el otro extremo otro que se rige por precios de mercado (tipo de cambio SICAD II). Este último es del que hablaba GurusBlog y es un tipo de cambio a aplicar a un número restringido de bienes. La realidad es que los problemas para importar productos y la escasez de productos básicos persisten. La solución del gobierno es implantar una cartilla de racionamiento en forma de tarjeta. Venezuela tiene así el peor de los dos mundos. Un capitalismo de amiguetes en el que el gobierno favorece a una oligarquía que se enriquece ilícitamente a costa del Estado y el comunismo del a escasez y penuria.

La pregunta es cómo puede estar pasando todo este desastre en un país con tanto petróleo. La empresa nacional de petróleos, PDVSA, resulta que tiene ya más deudas que patrimonio. En el caso de una petrolera puede tener sentido si está invirtiendo en una renovación tecnológica, nuevos yacimientos o grandes infraestructuras de oleoductos que reportarán beneficios en el futuro. Pero según Reuters, en 2013, PDVSA vendió bonos por un valor de 4.500 millones de dólares para financiar gastos operativos. Resulta que PDVSA era socia de la brasileña Petrobras en la refinería Abreu e Lima de Pernambuco. Pero no ha hecho frente a los pagos debidos que suponen el 40% del proyecto. Petrobras le condonó la deuda a PDVSA sin exigir el pago de las sanciones acordadas en el contrato del proyecto, quedándose con la refinería.

Cuenta Pablo Otero en su blog:

La infraestructura petrolera venezolana no es ajena a los problemas que viven otros sectores. Una tasa de cambio que dificulta la adquisición de repuestos en el mercado internacional, un control político que afecta a la calidad de los puestos gerenciales, una caída del poder adquisitivo que propicia el mangoneo, el contrabando a Colombia y una situación generalizada de deterioro en factores técnicos y humanos, provoca el aumento de frecuencia de las paradas y el consiguiente aumento de las importaciones de derivados del petróleo. Estas importaciones de derivados del petróleo ascienden a un total de 8.400 millones de dólares. Para hacernos a una idea de la gravedad del asunto, las exportaciones venezolanas no petroleras suponen 3.300 millones.

Toda la Revolución Bolivariana giraba en torno a una sola idea. Venezuela era el país de la gallina de oro cuyos beneficios no llegaba a la inmensa parte de la población, que vivía pobre y excluida en un orden político bipartidista que gobernaba sólo para una minoría. La Revolución vino a poner la gallina de los huevos de oro al servicio de la mayoría y hacerla participar del nuevo orden político. La corrupción y los atropellos a las minorías eran perdonables. El gobierno chavista ha obrado el milagro. PDVSA es un pozo de deuda pública y el país importa derivados del petróleo. ¿Habrá aterrizaje o plan de choque?

Ucrania y el transfondo geopolítico (3ª Parte): La cuestión energética

El gobierno provisional de Ucrania ordenó hoy lunes 24 la retirada de sus tropas de Crimea. Al comienzo de la crisis en Ucrania afirmé en Twitter que a pesar de lo que dijeran algunos no íbamos hacia una guerra convencional. Creo que ya es la tercera vez que le llevo la contraria a los alarmistas: La primera vez fue sobre Irán y la segunda sobre Corea del Norte.

La experiencia histórica nos enseña que las potencias nucleares no se enfrentan directamente porque nadie asegura que un conflicto convencional pueda degenerar en una escalada nuclear. Eso le da a cada potencia bastante margen de actuación en su área de influencia. Sea Checoslovaquia en 1968 o Georgia en 2008. Mañana Rusia podría invadir Kazajistán y por mucho que algunos políticos republicanos en Washington llamaran a usar la fuerza para defender al régimen de Astaná no pasaría nada. Nadie quiere empezar la III Guerra Mundial.

El frágil gobierno provisional ucraniano bastante desafíos tiene con estabilizar la economía y las fuerzas armadas del país no están en condiciones de enfrentarse a las rusas. El embajador ucraniano en la República Checa definió la idea de usar la fuerza militar para recuperar Crimea como “no realista”. La respuesta ucraniana sobre la pérdida de Crimea podría ser bastante pragmática.

Lo que hemos visto es que sobre el “gran tablero mundial” Occidente ha plantado su bandera en Kiev por segunda vez en una década y Moscú ha reaccionado asegurándose Crimea. Rafael Poch en La Vanguardia lo describe como “Putin se ha comido una torre en Crimea”. Allí está el cuartel general de la Flota del Mar Negro, el vector con el que Rusia proyecta su poder naval al Mediterráneo. El viernes 14 de marzo aviones Sujoi Su-33 y helicópteros Kamov Ka-27 con base en el portaviones Almirante Kuznetsov ubicado en el Mediterráneo Oriental comenzaron a realizar ejercicios. No es una novedad. Desde el 2013, Rusia mantiene una presencial naval permanente que refleja su interés creciente por el Mediterráneo.

Los analistas han corrido a señalar el papel de los recursos naturales ucranianos y el transporte del gas ruso a la Unión Europea, en imitación de la crisis ruso-ucraniana por el gas de 2005 y la posterior crisis  de 2009. Pero la situación ha cambiado desde aquel entonces. El temor europeo de que Ucrania actuara de cuello de botella para sus importaciones de gas ruso llevó a proyectar gasoductos que pasaran de largo del territorio ruso. El gasoducto “Nord Stream” conecta Rusia con Alemania por el Mar Báltico, evitando Polonia, Bielorrusia y Ucrania. El gasoducto “Blue Stream” conecta Rusia con Turquía por el Mar Negro, evitando el Cáucaso. Y el gasoducto “South Stream” conectará en un futuro Rusia con los Balcanes evitando Ucrania. Según cuenta Xavier Cugat en (r)Evolución Energética, “en 2007 el 80% del gas ruso destinado a la UE pasaba por Ucrania. Hoy ya solo pasa el 35% y cuando se ponga en marcha South Stream en 2015 pasará menos del 10% por Ucrania”.

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Los gasoductos son enormes proyectos de ingeniería que requieren una financiación compleja. Los contratos de suministro son a largo plazo en un mercado poco volátil, como descubrieron los países que quisieron crear una OPEP del gas en 2008. Ni Europa puede improvisar fuentes de suministro alternativas ni Rusia encontrar clientes de la noche a la mañana. Cuesta imaginar que la Unión Europea y Rusia rompan sus acuerdos en materia energética. Lo que sí puede que veamos es que se dé mayor importancia a proyectos que reduzcan la dependencia energética europea de Rusia, como es el caso del gasoducto “Nabucco” que conectaría Europa vía Turquía con Azerbaiyán y Asia Central. Gonzalo Escribano del Real Instituto Elcano apunta que España podría ofrecer al resto de Europa una alternativa con sus instalaciones de Gas Natural Licuado, que se importa en forma líquida por mar, si el país estuviera convenientemente conectado a la red europea.

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Quizás haya que prestarle menos atención a la cuestión energética y más al sector agrícola ucraniano. Esta crisis ha generado un importante impacto en los mercados internacionales. Hay que recordar que las protestas en Kiev comenzaron tras el rechazo del gobierno ucraniano de un acuerdo con la Unión Europea. Andrés Rodríguez Seijo ha hecho un interesantísimo análisis sobre la importancia del sector agrícola ucraniano en el que menciona las presiones económicas previas de Rusia que no he visto a nadie más mencionar. Merece la pena rescatar la noticia al respecto de El País con fecha 24 de noviembre de 2013: “Ucrania cede a las presiones de Rusia” y “Kiev aparca las negociaciones con la Unión Europea para un Tratado de Asociación”. Luego vino la entrada de Ucrania en el ”Comité de Grano de Mar Negro” creado por Rusia para establecer un cartel con Ucrania y Kazajistán. Visto desde este perspectiva, las presiones rusas terminaron por estallar en la cara a Moscú. Crimea es entonces un premio de consolación.

Ahora que ha sido anexionada por la fuerza por Rusia, cabe preguntarse sobre qué será de las fábricas de armamento y centros de I+D ucranianos localizados en Crimea. El consorcio estatal UkrobOronProm lista trece de ellos, como la Planta de Aeronaves de Sebastopol, la Planta Mecánica y de Buques de Feodosiya, la Planta Óptica de Feodosiya o los astilleros “Morye”. La pérdida de muchas de estos centros ubicados en Crimea podría afectar gravemente al sector. El director general de UkrobOronProm ha definido la hipotética apropiación de estas empresas como una amenaza a la seguridad nacional. La industria de defensa ucraniana no es despreciable. Ucrania está entre los diez mayores exportadores de armamento del mundo. Y su industria aerospacial produce sistemas como los cohetes espaciales Zenit-3SL.

Curiosamente, en muchos análisis que se leen en España se profundiza en los mezquinos intereses egoístas de Estados Unidos y la Unión Europea frente a la figura de  Putin, que ha actuado desinteresadamente para proteger a los rusos de Crimea obligado por las circunstancias. Los despropósitos que escriben de esos analistas nos enseña más del éxito de la propaganda rusa que de la crisis ucraniana.

[¿Continuará?]

 

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (y 3ª parte)

[Segunda entrada de Guillermo Pulido, firma invitada. Aquí la primera parte y aquí la segunda parte]

Tal y como analizaba en un viejo post de uno de mis blogs de marzo de 2009, en el que escribía y analizaba sobre las relaciones de seguridad internacional de Occidente y Rusia, veo claro el enorme fracaso de la política internacional que ha habido desde esos años hasta hoy. Afirmaba al final del post que

De las conclusiones de lo que ahora se discute, se conformará el marco estratégico (o la ausencia “anárquica” del mismo) por el que se encauzarán las competiciones por el poder futuras. Algunas ya inminentes

Al final, ha sido la anarquía y el desorden, y no solamente en Europa, sino que en Extremo Oriente estamos en una situación igual o peor. La administración Obama no pudo llegar a los acuerdos estratégicos con Rusia que buscaba y que yo resumía en los cuatro apartados siguientes.

Los objetivos ideales rusos son fáciles de identificar.
1- Nivel de arsenales nucleares en relativa paridad a USA, pero superiores a resto de potencia nucleares.
2- Restringir las Defensas Anti-Misiles, tanto para USA y Rusia, como para el resto del mundo. Ello está enfocado a garantizar la capacidad disuasiva de las armas nucleares en todos los peldaños de la Escalera Nuclear.
3- Reequilibrar (hoy desbalanceado en contra de Moscú) el régimen de fuerzas convencionales en Europa.
4- Impedir que la OTAN y USA se expandan a su extranjero cercano.

La realidad verbal de esas amenazas lo encontramos en

Ucrania se va a desintegrar si entra en la OTAN, advierte representante ruso Dmitri Rogozin, embajador ruso ante la Alianza (…) El embajador reiteró el rechazo de Moscú a la ampliación de la OTAN al calificar de señal sumamente alarmante” el acercamiento de “una alianza política hostil” a las fronteras de Rusia.

El planteamiento ruso para las negociaciones es una aproximación holística al problema. Es decir, que se ha de discutir el conjunto de los problemas presentados en la actual ronda (y que señalaba Makarov). Rusia amenaza con no llegar a acuerdos en ninguno, si el resultado estratégico lo encuentra muy desfavorecedor. Desfavorecedor sería que dejaran libertad de acción a USA para que desarrollara su muy superior potencial si quisiera. La ausencia de un Régimen de Seguridad (ver uno y dos) está asociado a tensiones, inseguridad, carreras de armamentos y guerras.

Apartados 1 y 2 Armas nucleares y defensa antimisiles.Obama no ha podido llegar a tales acuerdos porque no ha seguido una aproximación holística y general, ha tratado de, por un lado, de reducir su armamento estratégico y reducir de forma drástica su defensa antimisiles para llegar a un acuerdo con Rusia, pero por otro lado, se olvidó de los aspectos balísticos de alcance intermedio, y del enorme desafío de la disuasión convencional y los misiles hipersónicos. En consecuencia los acuerdos han quedado en agua de borrajas, y en el proceso EEUU renunció a la enorme superioridad estratégica que podría haber conseguido si hubiera seguido una política militar similar a la de Bush y no a la de Obama. Básicamente EEUU no buscó la superioridad total sino la paridad con Rusia para alcanzar un acuerdo… y al final el acuerdo no ha servido de nada o de muy poco. El 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

Apartado 3 Armamento Convencional. Aunque Obama ha reducido de forma considerable su gasto militar (mucho más de lo que reflejan los presupuestos) reduciendo la capacidad operativa de las FAS americanas, Rusia no volvió al tratado FACE-CFE de armas convencionales en Europa, precisamente por temer una expansión de la OTAN en Europa y asegurarse un poder militar convencional suficiente para intervenir, invadir y disuadir cualquier tentativa occidental de expansión. Un miedo ruso que estas semanas hemos visto que estaba más que justificado (al ver como la OTAN rescataba su política de 2008 de la Declaración de Bucarest de expansión de la Alianza).

Apartado 4 Esferas de influencia. Por otro lado, no es posible llegar a acuerdos estratégicos y de equilibrio de poder con una gran potencia… cuando se hace una injerencia y agresión indirecta en la esfera de influencia de esa gran potencia. Eso es así porque sencillamente esa gran potencia buscará la forma de rearmarse y buscar su seguridad militar de forma unilateral para intentar salvaguardar su interés nacional. Tal es así, que el 8 de marzo Rusia amenazaba con comenzar a limitar la aplicación del START III.

La falta de una visión general a la vez que cabal por parte de las diferentes administraciones americanas ha llevado inevitablemente a Europa al borde de la guerra. No han tenido en cuenta los intereses de Rusia y ahora las relaciones que tanto buscó mejorar Obama, están cuanto menos rotas. Esto es ya la anarquía y cada una de las potencias va a lo suyo sin tener en cuenta a las otras, produciendo invasiones, crisis militares y presumiblemente una o varias futuras guerras limitadas por establecer el orden en Ucrania y el espacio exsoviético, así como (quizás) el despliegue de tropas aliadas en Polonia y las república bálticas.

Es un tipo de tragedia similar a la de Carter a fines de los 70. Aunque se quería llegar a acuerdos estratégicos y convencionales (tratados SALT-II y MBFR), la cuestión de los misiles intermedios (la misma que ahora vuelve a abrirse) y las agresiones indirectas promoviendo la democracia, Solidaridad en Polonia o la guerrilla en Afganistán, impidió tales acuerdos, desató una carrera de armamentos, provocó un golpe de Estado en Polonia, y un periodo de hostilidad internacional inédito que llevó la paranoia al Politburó y casi provoca la III Guerra Mundial. Y aunque tanto el imperio soviético como la esfera de influencia rusas me parezcan ilegítimas, hay que tener presente con realismo las consecuencias no deseadas de las políticas (dilema de la seguridad) que pueden llevar a guerras y crisis no deseadas o destinadas al fracaso.

Ante el empecinamiento ruso de sostener su esfera de influencia y la necesidad de instaurar regímenes autoritarios o semidemocráticos, tanto en Rusia como en los países de su esfera, se abren una serie de cuestiones sobre la sostenibilidad a largo plazo de la política rusa y sobre el orden mundial en su conjunto.

En Ciencias Sociales hay una ley que relaciona el desarrollo económico con la democracia. Es algo que está en el núcleo de la Teoría Sociológica Clásica y es, por ejemplo, el fundamento de las teorías de Karl Marx (al relacionar directamente el desarrollo económico moderno con el fin del feudalismo y sus restros del antiguo régimen con las revoluciones burguesas y democráticas) o de Max Weber (el espíritu del protestantismo y el capitalismo, etc). También es uno de los temas fundamentales de la Política Comparada, como en los estudios inaugurales de Seymour Lipset, Karl de Schweinitz Jr. o Barrington Moore Jr., o en los ya clásicos y de referencia como el de Samuel Huntington. Y aunque bien es cierto que  De Schweinitz y Barrington Moore analizan las vías alternativas de modernización económica y social con gobiernos no democráticos (fascismo y comunismo), no puedo pasarse por alto que Lipset y Huntington sí encuentran la existencia de un efecto umbral entre desarrollo económico y la propagación de los gobiernos democráticos, razón por la cual el mismo Huntington pudo explicar cómo desde los años de la década de 1970 hasta 1991 se había producido una ola democratizadora por el mundo, derribando al bloque soviético y haciendo desaparecer a la mismísima URSS. Uniendo todo esto a la Teoría de la Paz Democrática y a la inherente necesidad de recurrir a estructuras políticas antidemocráticas para sostener una esfera de influencia (por parte de RUsia), tenemos los puntos de apoyo intelectuales y teóricos para comprender lo que podría ser la reconfiguración de un nuevo orden mundial.

Pero vayamos por partes. Normalmente suele citarse a Lipset como el primer politólogo en establecer la correlación estadística entre desarrollo económico y democracia. Lipset retrotrae su argumento hasta a Aristóteles (la democracia requiere de ciertos requisitos de bienestar y equidad económica), para luego usar varios indicadores para medir el nivel de cuatro variables de desarrollo económico (la riqueza, la industrialización, el nivel educativo y la urbanización), y relacionándolos estadísticamente con lo que denominó democracias estables, democracias inestables, dictaduras estables e inestables, pudo finalmente afirmar que “el desarrollo económico capitalista (facilitado y fomentado en las áreas protestantes) creó a la clase burguesa, y juntos ambos factores actúan como catalizador y condición necesaria para la democracia”. Aunque no hay un consenso absoluto en la comunidad académica sobre dichas conclusiones, la mayoría de los investigadores aceptan la existencia de dicha ley de probabilidad que vincula democracia y desarrollo económico una vez se alcanza un grado medio en dicho desarrollo (conocido como efecto umbral), y que a medida que la renta y el desarrollo se incrementa la democracia será cada vez más estable.

No obstante, si ello fuera siempre así, no habrían existido los casos de la Alemania nazi o las Rusia soviética (ya que es solamente una ley de mera probabilidad). Aunque dicha correlación estadística es un logro de la ciencia social moderna, las excepciones no son para nada un tema baladí, ya que la diversidad ideológica entre países con gobiernos democráticos, de extrema derecha y comunistas, fue el meollo de todo el siglo XX “corto” (Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría). Además, tampoco podría dar cuenta del actual caso chino o ruso. Es ahí donde hay que sacar a relucir el a Barrington Moore y su excelente libro Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia en el que da una brillante explicación de las razones de por qué en Alemania (uno de los países más desarrollados del mundo) o en Rusia no pudieron establecerse la democracias. Es un análisis con bastante raigambre materialista-marxista, ya que se fundamenta en el poder relativo de las distintas clases sociales, dijo que en Alemania (al igual que ocurrió en Japón) al haber una clase comercial e industrial relativamente débil, se conformó una coalición con las clases altas terratenientes y la administración real para tener controlados y dominados a obreros y campesinos, siendo esa la base para construir un Estado fuerte (y autoritario).

Moore explica que pueden haber casos, como los de Alemania (o la industrializada Rusia después de iniciada la revolución) en los que un Estado fuerte proporcione la estabilidad y legitimidad política para mantener un orden que sea compatible y permita el desarrollo económico. Aunque por otra parte, no pueden olvidarse los hallazgos que hiciera Lipset, así como la casi totalidad de los (posteriores) estudios de política comparada que estudian la relación entre democracia y desarrollo económico ( y que sí encuentran una relación positiva). Aquí se produce una evidente tensión entre ambas realidades (tendencia general a la democracia con la posiblidad de desarrollo con autoritarismo), tensiones bien explicadas en estos dos artículos (“Development and Democracy” ; “China´s Stubborn Anti-Democracy”), donde se da buena cuenta de cómo las actuales regímenes autoritarios luchan contra la propagación de la democracia centrándose en controlar y reprimir los “coordination goods” (derecho de libre asociación, prensa, reunión, etc).

Llegados a este punto, es cuando hay que reseñar someramente el trabajo de Samuel Huntington, La Tercera Ola. Huntington trataba de explicar el progresivo y constante incremento del número de democracias en el mundo desde comienzos del siglo XIX hasta 1991, dividiendo su propagación temporal en tres olas. Para explicar la tercera de las olas democratizadoras se basa en cinco proposiciones . Como bien indica el catedrático en sociología Enrique Gil Calvo en este artículo:

(La) Primera ola de instauración de las democracias liberales primitivas, entre 1828 y 1926, interrumpida por la primera contraola del fascismo de entreguerras, de 1922 a 1942.Segunda ola de democratizaciones impulsadas por el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial, entre 1943 y 1962, a la que siguió la segunda contraola de revoluciones tercermundistas y contrarrevoluciones golpistas de 1958 a 1975. Y tercera ola democratizadora propagada por las transiciones que se produjeron sucesivamente en el sur de Europa, en América Latina y en el este de Europa entre 1974 y 1989, que se quebró por la tercera contraola iniciada en la plaza de Tiananmen y proseguida por las guerras balcánicas, momento en el que Huntington publica su libro.

Las cinco variables para explicar la tercera ola son: 1) una crisis de legitimitdad galopante del régimen autoritario anterio, 2) niveles de crecimiento económico elevados en los años sesenta, 3) cambios en la doctrina y práctica dentro de la Iglesia Católica, 4) un cambio en las políticas de actores externos importantes y 5) un efecto demostración o bola de nieve en todo el planeta.

De estas cinco variables, Huntington destacó los puntos 3 (el factor religioso de los cambios progresistas introducidos por el Concilio Vaticano II), y 2 al indicar que si bien la vinculación entre desarrollo y democracia no es algo necesario, sí tiene una relación positiva, ya que el progreso económico genera una clase media con mentalidad abierta y proclive a simpatizar con las libertades que otorga la democracia burguesa. Como en los países católicos de América Latina y Europa se había alcanzado ya ese desarrollo de nivel medio y con sus fuerzas sociales prodemocratizadores consecuentes, era de esperar que el 75% de los países de esa ola fueran católicos.

Teniendo esto en cuenta, es normal que, como indicaban George DownsBruce Bueno de Mesquita en Development and Democracy, los dictadores vean el crecimiento económico tanto como algo útil como una trampa. Esto es aplicable tanto para las grandes potencias que tienen regímenes autoritarios (Rusia y China) como a los países que puedan caer dentro de su esfera, países que como explicaba al comienzo habrán de ser casi por necesidad también regímenes autoritarios (o como mucho democracias “neutralizadas” en política internacional como fueron Finlandia y Austria durante la Guerra Fría). Esa tensión entre desarrollo económico y democracia (que genera una clase social educada y urbana proclive a valores liberales y democráticos) con los regímenes autoritarios (o democracias no burguesas o limitadas), es la que aprovechan los movimientos inspirados por las teorías de Gene Sharp. Es la ventana de oportunidad de la política exterior americana para extender su influencia a medida que lo hace expandiendo la democracia burguesa. Como explica el geopolítico Nicholas Spykman, el interés natural de EEUU (World Island) es evitar que surja alguna potencia hegemónica en los bordes de Eurasia (Rimland), ya proceda desde el mismo borde (China, Alemania, Japón, etc) como desde la tierra corazón del centro de Eurasia (Heartland), es decir: Rusia

Como en el orden internacional de la posguerra fría 1) las esferas de influencia de las grandes potencias no están reconocidas mutuamente y pueden ser objeto de agresiones indirectas del estilo Gene Sharp, 2) los regímenes democráticos tenderán a aliarse con EEUU, UE, etc, y 3) los regímenes autoritarios de la esfera rusa son vulnerables y están a la defensiva por los fenómenos que explican Lipset y Huntington (y Sharp), se conforma el caldo de cultivo perfecto para las inestabilidades y la inseguridad internacional que describía en el epígrafe anterior. Esto es casi necesariamente así, porque mucho que se trata de llegar a acuerdos estratégicos con Rusia (o China) siempre va a haber un factor que vaya más allá del equilibrio del poder: la inestabilidad en las esferas de influencia.

Como es sabido, el orden mundial entre las grandes potencias (según el realismo político) se garantiza siempre que estas guarden cierto equilibrio militar entre ellas y respetando las esferas de influencia mutuas. El ejemplo ideal de todo ello fue la Guerra Fría en Europa, con sus sólidos bloques y un delicado equilibrio del terror y armas convencionales mediante una constante carrera de armamentos. Pero con el fin de ese orden (la no aceptación de EEUU de la esfera rusa) y del grillete ideológico del comunismo versus democracia burguesa, el esquema del realismo topa con las realidades y las ansias democráticas de los pueblos exsoviéticos, y si bien puede dar cuenta de por qué se produce estas inestabilidades y conflictos, no puede explicar por qué los actores se comportan de esa manera. Un comportamiento que a priori es difícilmente compatible con dicho esquema realista. En consecuencia, ya que tenemos que recurrir a la Teoría de la Paz Democrática para ello, entramos en el terreno intelectual propio Neocon (la causa de la inseguridad internacional no es el desequilibrio militar sino las diferencias ideológicas). Obama al haber intentado seguir una aproximación propia del realismo defensivo (algo que intentaba explicar en este post al comienzo de su primera presidencia) ha topado con realidades del existencialismo político. Hay un aspecto de valores que la política realista y “materialista” del que Obama no ha podido dar cuenta, y dando carta blanca a esas organizaciones de promoción de la democracia ha llevado a su política a un inevitable callejón sin salida. Su política exterior no ha estado en coherencia con las fuerzas sociales y políticas profundas que describen Lipset, Huntington o la Paz Democrática.

Como esas fuerzas están ahí y son ineludibles, hay que plantearse un último punto en las consecuencias que las Revoluciones de Colores plantean al orden mundial: China. Durante los primeros días de la invasión rusa de Crimea la postura china fue una incógnita, ya que aunque tradicionalmente ha estado en contra de toda injerencia, que apoyara a Rusia en este asunto parecía algo natural. Al final China parece que ha cambiado su política de no criticar las injerencias imperialistas. Básicamente las explicaciones de ese cambio se reducen a dos. 1) El temor a que dichas revoluciones se extiendan a lugares como el Tíbet o Sinkiang, y 2) que la misma China tenga que recurrir a establecer esferas de influencia con regímenes autoritarios o de democracia limitada como sería por ejemplo el caso de Taiwán. China ya no es una potencia asediada por Japón, EEUU o la Unión Soviética, su enorme crecimiento económico hace que ya no tenga que estar a la defensiva sino que comience a intentar establecer su propia esfera en los mares adyacentes a su costa (China se prepara para una guerra rápida y contundente contra Japón según James Fannell).

La conclusión bien podría ser que la crisis ucraniana podría solidificase la entente entre Rusia y China, comenzando una nueva época de relaciones internacionales tensas y de inseguridad, en el que por un lado estarían EEUU, Europa, Japón y otros países democráticos (y los no democráticos como Arabia Saudí que están dentro de su esfera), y por el otro Rusia, China y sus regímenes afines. El nuevo orden mundial no estaría basado en las diferencias entre civilizaciones como decía Huntington en El Choque de Civilizaciones, sino que como siempre ha ocurrido desde que la democracia consiguió proliferar, este sería un orden de base ideológico político (democracia contra autoritarismo), y el interés de Rusia y China sería el de hacer sobrevivir sus propios regímenes autoritarios así como establecer y mantener unas esferas de influencias también autoritarias.

Como colofón, dado que las esferas ya no podrán respetarse como se hacían en la Guerra Fría (porque EEUU no lo acepta y son muy vulnerables a las Revoluciones de Colores, olas democratizadoras, etc) y al ser los regímenes autoritarios de Rusia y China económicamente mucho más competitivos que cuando imperaba en ellos el comunismo, una estrategia de contención como la que preconizaba George Kennan ya no será posible. Las esferas son demasiado porosas, no se respetan… y no es previsible que esos regímenes colapsen económicamente (aunque sí que tengan recesiones, crisis de deuda, estancamiento, etc) en algunas décadas, tal y como era el plan a largo plazo de Kennan para contener a la URSS.

En consecuencia, la estrategia que ha de seguir EEUU, Occidente y el resto del mundo libre no es fácil de identificar, porque sus rivales ideológicos están profundamente enlazados con las economías del mundo libre. En mi opinión, el mundo se parecería bastante al anterior a 1914 pero con armas nucleares. Una economía mundial en el que se jalonan democracias y regímenes no democráticos, muy interrelacionadas económicamente, en paz armada, pero con la contención propia que tiene el arma nuclear, aunque tendente a la posiblidad de guerras limitadas para mantener las inestables esferas de influencia autoritarias o cuando China decida ampliar la suya.

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (2ª parte)

[Segunda entrada de Guillermo Pulido, firma invitada. Aquí la primera parte]

Es en esas coordenadas en las que debemos encuadrar el tema de las Revoluciones de Colores y el trabajo de Gene Sharp sobre el derrocamiento de dictaduras y edificar democracias. Para ello reseñaré a continuación dos libros sobre el tema. Recordemos, esta es una historia tanto de política de poder y grandes potencias (entre EEUU, la OTAN y la UE contra Rusia), como también de democracia versus autoritarismo.

El primer libro (una tesina) que reseñaré es Las Revoluciones de Colores, de Carlos González Villa. Las cuestiones que trata de responder son 1) las motivaciones de EEUU para intervenir en el espacio exsoviético y 2) si EEUU fue el actor esencial y en la sombra que promueve dichas revoluciones y las hizo triunfar.

La primera pregunta la responde, a mi entender, con los siguientes pasajes de sus páginas 52 y 53 “Eurasia era el botín de guerra de los Estados Unidos y el lugar en el que se seguiría jugando la primacía mundial. Este razonamiento Mackinderiano implica que, para el ejercicio del “liderazgo global”, es necesario el dominio de ese espacio, y para el dominio de ese último es necesario el dominio de su periferia (Europa del Este, Asia Central, y el Cáucaso)” (…) Para ello la administración Clinton planteó una política de “compromiso y ampliación” para un mundo inmerso en un proceso de globalización y que debía ser liderado por los Estados Unidos” (…) Estas estrategias, destinadas a impedir el surgimiento de una gran potencia en el centro de Eurasia, debían ser seguidas por la realización de políticas que redujeran la importancia de Rusia en su entorno”. Bastante evidente e indiscutible los intereses naturales de Rusia y EEUU y su inevitable choque en el espacio exsoviético.

La respuesta a la segunda pregunta es mucho más difícil de responder por las pocas fuentes de información disponibles. No es que sean actividades opacas pero hay un gran vacío informativo al respecto y escribir sobre ello cae muchas veces en el campo de la especulación. Por ello la tesina no puede extenderse  demasiado en ese asunto, y sencillamente sigue el guión del excelente documental “Estados Unidos a la Conquista del Este” y apoyándose en otras fuentes abiertas. En el excelente documental mencionado, se hace una investigación soberbia y vívida de cómo EEUU sí interviene y manipula de forma decisiva en la organización y promoción de dichas revoluciones. Se sigue la pista del dinero desde el gobierno de EEUU y filántropos americanos directamente a gente que ha recibido educación en ese país para que formen ONG que organizan y fomentan las protestas, y cuando el gobierno local trata de eliminarlas o dificultar su funcionamiento, los órganos implicados en la conformación de la política exterior de EEUU (Senado, Departamento de Estado, etc), presionan de forma pública para acabar con esa represión (se puede ver como el senador McCain reprende públicamente y hace retractarse y pedir perdón el ministro kirguís de exteriores por cortar la electricidad a una imprenta opositora). Organizaciones opositoras como Pora, Kmara u Otpor, son apoyadas logísticamente de forma decisiva (con bastante dinero, imprentas, radios, etc) por ONG americanas como Freedom House o la agencia USAID. En el documental la gente de esas ONG americanas hablan abiertamente de que su misión es derrocar al gobierno autoritario local y edificar en su lugar una democracia, también puede verse a gente de Kmara (revolución en Georgia) visitar la sede de la ONG americana “Proyecto Sobre las Democracias en Transición”. Los vínculos entre los movimientos revolucionarios y EEUU (USAID es una agencia gubernamental) son evidentes así como la confluencia de intereses.

Aunque la actual oleada de revoluciones democráticas suaves se suele situar con la de Serbia en 2000, en mi opinión ese tipo de agresiones indirectas de EEUU contra gobiernos dictatoriales no amigos hay que retrotaerla a por lo menos la época de la Europa del Acta Final de Helsinki. En dichos acuerdos la URSS permitió la entrada de un caballo ideológico a cambio de un reconocimiento de fronteras que nadie podía cambiar por la fuerza y que no se respetó una vez cayó la URSS. Era la época la Carta 77 y las revueltas de Solidaridad, y la CIA desde la época de Reagan (aunque desde Carter los soviéticos se alarmaban sobremanera con sus llamadas a la democracia y los derechos humanos en Europa del Este que hacía el presidente americano) comenzó una fuerte actividad encubierta para minar ideológicamente el resquebrajado imperio soviético, dando apoyo logístico a la oposición. Al final toda esta historia acabó con la Revolución de Terciopelo (Checoslovaquia), la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, las Revoluciones de 1989, el Otoño de las Naciones, etc.

En ese sentido, con las actuales Revoluciones de Colores llueve sobre mojado, y si ahora esa política de revoluciones democráticas está teniendo bastante más éxito que en la Guerra Fría, es porque las dictaduras autoritarias exsoviéticas son mucho más porosas y débiles que las totalitarias (caso de Cuba o Corea del Norte), donde ese tipo de movimientos no tendrían ninguna oportunidad hasta que esos regímenes dejaran de ser totalitarios. Es decir, que Rusia tenga que recurrir a dictaduras autoritarias para sostener su esfera de influencia, hace de dicha esfera un objetivo mucho más frágil y débil frente a las agresiones indirectas democráticas de EEUU contra esos gobiernos.

¿Por qué las dictaduras totalitarias parecen impermeables a las estrategias y métodos de las Revoluciones de Colores y las autoritarias sin embargo parecen tan débiles en tantos casos? Para ello debemos reseñar el segundo de los libros, De la Dictadura a la Democracia, de Gene Sharp, la biblia de todos los revolucionarios (de colores).

Las Revoluciones de Colores se basan en organizaciones independientes del Estado (estudiantes, sindicatos, etc), y desde ahí se desafía al autoridad del gobierno usando la limitada o muy limitada libertad de prensa y reunión de las dictaduras autoritarias o de las democracias limitadas, para promover su mensaje y cómo han sido amañadas las elecciones y la voluntad popular. La agitación previa unido al resultado amañado de las elecciones, desata la ira popular llevando al derrocamiento del gobierno, siempre y cuando se haya socavado con anterioridad la voluntad de luchar por el régimen de las fuerzas de seguridad. En un régimen totalitario dicho proceso jamás podría realizarse, porque todas las asociaciones de estudiantes, sindicatos, etc e incluso las mismas fuerzas, están controlados y vigilados por comisarios y delegados del partido político con el poder total del Estado.

Afirma Sharp que “Tres de los factores más importantes para determinar hasta qué grado estará o no controlado el poder del gobierno, son: 1) el deseo  relativo por parte de la población de imponerle limites al poder del  gobierno; 2) la fuerza relativa de las organizaciones e instituciones  independientes para quitarle colectivamente los recursos que necesita  el poder; y 3) la relativa capacidad por parte de la población de negarle su consentimiento y apoyo”. Vemos que en una dictadura totalitaria el apartado 2, las organizaciones e instituciones, no son nada independientes.

Sharp prosigue. “Una de las características de la sociedad democrática es que existe  una multitud de grupos e instituciones nogubernamentales. Ellas incluyen, por ejemplo, la familia, las organizaciones religiosas, las asociaciones culturales, clubes deportivos, instituciones económicas, sindicatos, instituciones estudiantiles, partidos políticos, pueblitos, asociaciones de colonos, clubes de jardinería, etc” (…) “Entre los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes: 1. Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer funcionar el sistema. 10. Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse por  las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y la represión. 11. El público en general puede, con el tiempo, volverse apático y hasta hostil al régimen. 12. Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden agudizarse. 14. Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar para lograr sus propios objetivos, aún cuando esto sea contra la voluntad de los dictadores en el poder, y llegar hasta el golpe de estado”. Según Sharp y su cercano colaborador Helvey, el apartado 14 es el esencial para que de las protestas se pase al derrocamiento y la revolución. Es obvio, en la misma transición española el principal miedo de todos era la conspiranoia sobre el Bunker, y la Perestroika fue atacada en por el jefe del KGB y las fuerzas armadas en un golpe de estado bastante desastroso e improvisado. Anulando las fuerzas de seguridad (apartado 14) y del resto del aparato del Estado (apartado 1), azuzando los conflictos (apartado 12) y presionando mediante las asociaciones de estudiantes e intelectuales (apartado 10) y la población en general (apartado 11).

Sharp plantea un ataque directo a la base de todo orden político, el de la obligación y obediencia política. En última instancia todo orden político (y su obediencia) se basa en la autoridad (que es la unión del poder físico y la legitimidad), y la autoridad es importante porque hace que los individuos y actores sociales obedezcan las normas y órdenes del orden político dado mediante el uso del derecho y de los castigos que impone a los desobedientes, garantizando de esa manera la pervivencia del régimen y el orden. Esto es básico en teoría política y del derecho. Para derribar el orden político de las dictaduras, Sharp ataca esa base de forma muy directa mediante el concepto de “desafío político” a través de la “coerción no violenta” (contrapuestas a la acomodación, etc) que trata de lograr que “La burocracia del adversario se niegue a obedecer a su propia dirigencia. Las tropas de los adversarios y su policía se amotinan. Los simpatizantes y colaboradores del poder adverso repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho alguno a mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera poder suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado”.

Haciendo “retos simbólicos” al régimen (realizando algo que está prohíbo por la autoridad como hizo Rosa Parks para desafiar la segregación racial en el sur de EEUU) y “resistencias selectivas” se comienza el proceso revolucionario. Luego se va extendiendo la protesta a otras instituciones (de estudiantes a sindicatos por ejemplo) y por último entrando en contacto con personas del aparato del Estado para que mediante la “desobediencia simulada” (no cumpliendo órdenes, no informando de actividades ilegales, etc) se llega al punto en el que tras unas elecciones con pucherazo, tras unos días o semanas de protesta (tomando plazas, edificios, haciendo manifestaciones, etc), los opositores con la connivencia de las fuerzas de seguridad, se hagan con los edificios de gobierno, lo derroquen, y proclamen uno nuevo.

Como a EEUU le interesa derrocar las democracias limitadas o las dictaduras autoritarias del espacio exsoviético para edificar ahí democracias (que inevitablemente querrán unirse a la UE y la OTAN) el libro de Sharp. En consecuencia, Rusia necesita ser una democracia limitada o una pseudodictadura, e imponer o sostener gobiernos de tipo similar en su esfera de influencia. De ahí que Putin expulsara de su territorio a muchas ONG extranjeras y a USAID, fomente y sostenga asociaciones patrióticas como la Nashi, etc.

Por lo tanto, la promoción que hace EEUU de la democracia en el espacio exsoviético son auténticas agresiones indirectas (un concepto desgraciadamente caído en desuso) contra Rusia y afectarán gravemente las relaciones EEUU-Rusia, tal y como ha sido el caso de Ucrania estos meses. Por ello, la política de Obama hacia Rusia (que ha tratado a toda costa de llegar a acuerdos estratégicos) ha fracasado estrepitosamente.

The Oil Road de James Marriott y Mika Minio-Paluello

El transporte por tierra del petróleo es uno de esos asuntos en los que la Geopolítica sigue teniendo relevancia en pleno siglo XXI. La actual crisis de Ucrania ha puesto de actualidad las relaciones energéticas de la Unión Europea con Rusia y la búsqueda de alternativas, lo que lleva a veces a relacionarse con gobiernos poco presentables.

9781844676460_Oil_RoadThe Oil Road es una combinación de reportaje periodístico y libro de viajes. Los autores se propusieron seguir el recorrido del petróleo que se extrae en aguas azeríes en el Mar Caspio hasta la zona industrial de Ingolstadt en Alemania. Por ello el libro está diferenciado en dos partes. En la primera siguen el recorrido del oleoducto BTC que conecta los yacimientos azeríes en el Mar Caspio con la costa mediterránea de Turquía atravesando por el camino Georgia. En su camino entrevistan a directivos de empresas vinculadas con la industria petrolera, periodistas, activistas y ciudadanos cuyas propiedades quedan cerca del oleoducto. De paso cuentan la historia del petróleo en Azerbaiyán y los entresijos del “Contrato del Siglo” que cerró British Petroleum con las autoridades del país al poco de su independencia tras la caída de la Unión Soviética. Encontramos así un gobierno cuyos atropellos de los Derechos Humanos son acallados en nombre de las buenas relaciones comerciales con Occidente. Como en otros países del espacio ex-soviético hacen acto de presencia las ONGs e instituciones estadounidenses que tratan de fortalecer la sociedad civil. Pero aquí su trabajo está lejos de impulsar una Revolución de Colores y resulta más una pantomima porque el régimen hereditario de los Aliyev es aliado de Occidente. En ese juego participan también ONGs dedicadas a otorgar certificados medioambientales y sociales al proyecto del oleoducto.

Oleoducto BTCEl viaje siguiendo el oleoducto (la línea verde en el mapa) da voz a los habitantes de las localidades por donde pasan, que cuentan las promesas vacías, los inconvenientes y el riesgo de tener una infraestructura petrolera así al lado de su casa. Su relato contrasta con la versión dada a los autores por ejecutivos en las sedes de las grandes empresas en lugares como Londres. El interés estratégico de un conducción que permite evitar suelo ruso justifica todas las tropelías en nombre del progreso y la razón de Estado.

En la segunda parte los autores recogen el viaje del petróleo por mar desde la costa mediterránea de Turquía a la bahía de Trieste y de allí a Baviera mediante el oleoducto Transalpino. Con cincuenta años de existencia y atravesando países de la Unión Europea el relato se vuelve bastante anodino comparado con la primera parte. Finalmente los autores concluyen su viaje en Londres, donde está la sede de Bristis Petroleum y algunos de los bancos que financiaron el proyecto del oleoducto BTC.

 

Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (1ª parte)

[Primera entrega de Guillermo Pulido, firma invitada]

Esta es una historia de política de poder y agresiones indirectas, de grandes potencias y esferas de influencia, de democracia versus autoritarismo. Las Relaciones Internacionales tiene sus asuntos cumbre y más importantes en la política internacional, y la política internacional está dominada por las grandes potencias. Las grandes potencias para poder ejercer su poder más allá de sus fronteras, crean (entre otras cosas) esferas de influencia, en las que controlan (hasta cierto punto) los temas clave en lo militar e internacional. Las élites políticas de los países dentro de esa esfera no pueden ir contra los intereses de esas grandes potencias, y si así lo hicieran, esta tomaría represalias para persuadir de que sigan con esa actitud, o sencillamente intentará de derrocar ese gobierno y/o invadirá ese país. Los casos de la URSS en 1968 en Checoslovaquia, Hungría en 1956 y Afganistán en 1979, así como los de EEUU en Guatemala en 1954, Granada  en 1983 y Panamá en 1989, son paradigmáticos (como quizás también le ocurriese a Aldo Moro). En esa misma línea está la interpretación de la abortada invasión de Egipto en 1956 por Francia y Reino Unido, acontecimiento que pasó a la historia como la puesta de manifiesto de que esos países ya no eran grandes potencias.

La URSS era una gran potencia que rivalizaba por el dominio en Europa con la otra gran potencia de la posguerra: EEUU. Esto generaba un entorno y ambiente de Realpolitik y Equilibrio del Terror, por lo que cuando la URSS desapareció, dejó la impresión de que en Europa la política realista de grandes potencias, con sus correlatos de equilibrio de poder y esferas de influencia, había llegado a su fin. Pero dicha impresión no se ajustaba a la realidad. La Guerra Fría y la URSS pudieron disolverse pacíficamente gracias a la Cumbre de Malta y los Acuerdos de Belavezha. En Malta, hubo una especie de acuerdo (entre Bush y Gorbachov) para que la Europa del Este pudiese dejar de ser comunista y se disolviese el bloque oriental de forma pacífica a cambio de que la OTAN y EEUU no se expandiesen en esa zona. En Belavezha, Rusia, Biolorrusia y Ucrania (a lo que luego el resto de repúblicas soviéticas menos las bálticas se adhirieron) acordaron disolver la URSS a cambio de reconocer a Rusia como gran potencia y subordinarse en lo militar y lo político internacional a Moscú. En Belavezha, Rusia reconocía las fronteras y respetaba los asuntos internos de las repúblicas exsoviéticas a cambio de que esos países no se integraran en algún bloque ajeno a los intereses rusos, de lo contrario Rusia iría a la guerra y desgajaría esos países. Belavezha fue la base para la Comunidad de Estados Independientes, y es la piedra fundacional de la política exterior rusa desde 1991 hasta la actualidad. Por lo tanto, cualquier ilusión o apariencia de que en Europa se había llegado al fin de política de poder, estaba destinada a chocar con esa realidad. Y si bien en los primeros años de la Posguerra Fría tal ilusión pareció ser cierta por la debacle del Estado ruso, una vez este se recobró con Putin  en un entorno económico propicio (a la vez que la OTAN y la EU se han ido expandiendo al Este hasta las mismas fronteras de la antigua URSS), el subyacente e inevitable conflicto político y militar vuelve a emerger a la superficie al tener Rusia otra vez cierta capacidad para reivindicar sus derechos de gran potencia.

Como los intereses de las grandes potencias han de ser respetados por los gobiernos que conforman sus esferas, siempre habrá algún contenido antidemocrático y de imposición externa, ya que las poblaciones de dichas esferas no pueden votar hacer cosas en contra de los intereses de la gran potencia, o elegir a gobernantes que hagan cosas contra dichos intereses. Por lo tanto, y hasta cierto punto, dichas poblaciones han de aceptar cierto sometimiento (por lo menos en cuestiones militares e internacionales), y habrá una permanente dependencia hacia la gran potencia por parte de la élite de gobierno de esos países para estar en el poder, ya que dicha élite está hasta cierto punto alienada de sus propias poblaciones. El ejemplo por escrito perfecto de esto fue la Carta de Varsovia de 1968, lo que pasó a la historia como la Doctrina de la Soberanía Limitada de Breznev. Se quitó a la nueva élite encabezada por Dubček y se ponía una dependiente en última instancia de Moscú. Toda esfera de influencia tiene el aspecto dictatorial de ir imponer en última instancia el criterio de la gran potencia si sus intereses vitales se ven comprometidos. Esto explica, por ejemplo, la dependencia  mutua entre Lukashenko (o Yanukovich) y Moscú.

El único caso en la historia que va contra esa dinámica sempiterna es el de la OTAN, que si bien llegó a tener en su seno a democracias tuteladas o dictaduras y usaba la Red Gladio para la Estrategia de la Tensión, la gran mayoría de los países que integraban dicha esfera eran democracias, con poblaciones y/o élites que querían estar voluntariamente dentro de la OTAN, y que no harían nada que fuera radicalmente en contra de los intereses vitales de EEUU. Como explica la Teoría de la Paz Democrática, las democracias prácticamente nunca se hacen la guerra entre sí pero sí con las dictaduras, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial la confrontación estaba servida de forma casi predestinada al dividirse ideológicamente el continente europeo. Mientras los países que quedaron en las zonas británicas y americanas fueran democracias, sus élites democráticas no tendrían que temer de EEUU o Reino Unido y sin embargo sí temerían un régimen político interno dictatorial comunista promovido por Moscú. Además la “paz democrática” induce a que no  problemas internacionales con EEUU (al ser democracia y con la que nunca entrarían en guerra) pero sí con la URSS (al ser una dictadura con la que tenían la posibilidad probable entrar en guerra). De ese modo y de forma natural, voluntaria, pacífica y democrática, se conformó la esfera de influencia americana en Europa (aunque EEUU tuvo que recurrir a métodos dictatoriales y violentos fuera de Europa para garantizar su esfera de influencia). Una vez acabada la Guerra Fría, los países del antiguo bloque del Este y la URSS al convertirse inicialmente en democracias, tenían por opción lógica y necesaria de política exterior unirse al bloque occidental, tanto por lo político que indica la paz democrática, como por mero interés económico (con la que Rusia jamás podía competir), hechos que Rusia no puede permitir si quiere seguir siendo una gran potencia con su propia esfera de influencia

En resumen, si Rusia quiere enfrentarse a una gran potencia democrática (Estados Unidos) así como también a potencias medias democráticas (Francia, Alemania, Polonia, etc) no puede ser ella una democracia (plena), de la misma manera que para imponer a ciertos países (quieran o no) una esfera de influencia, ha de recurrir a sostener gobiernos que no sean democráticos, ya que si lo fueran querrían formar parte del superior bloque económico occidental (UE) así como gozar de su protección militar (OTAN).

[Continuará]

Firma invitada: Guillermo Pulido

Recientemente mi lectura de Las revoluciones de colores de Carlos González Villa coincidió en el tiempo con una reseña que mi colega Guillermo Pulido hizo de De la dictadura a la democracia de Gene Sharp. Su punto de vista, que ponía el contexto de las Revoluciones de Colores no en el fin de la Guerra Fría sino en los Acuerdos de Helsinki de 1975, me pareció sumamente interesante. Ambos coincidimos en que se sabía muy poco del apoyo y formación dado por Estados Unidos, vía instituciones y ONGs, a la sociedad civil de países ex-comunistas con las consecuencias que mencioné en mi reseña de Las revoluciones de colores de Carlos González Villa. Animé a Guillermo, politólogo y bloguero, a que pusiera por escrito su reflexión porque me pareció digna de ser compartida y continuar con la incorporación de firmas invitadas a este blog. En los próximos días publicaré por entregas “Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial”.